miércoles, agosto 29, 2012

LOS IRREVERSIBLES: Wrestlemania pibil



Wrestlemania pibil

Rígel Solís Rodríguez


Aquella noche de octubre yo debía de ir al Festival de Improvisación Libre, Free Jazz y Noise, más bien quería ir, de hecho iba a ir. Pero de última hora, faltando tres para la cita, mi chica puso a mi disposición un lugar en Ring Side para ver el espectáculo de la World Wrestling Entertaiment, WWE, como parte de su gira Raw World Tour en el mismísimo estadio Kukulkán, hogar del pelotero equipo Leones de Yucatán. Un snob como yo, con profundas raíces populacheras, no debía ni dudarlo por medio segundo, tenía que aceptar a la primera y lanzarme al masivo entretenimiento de los lances, llaves y contrallaves, sin embargo, le di varias vueltas al asunto antes de plantar a los músicos de vanguardia.
El festival, llamado Cha'ak'ab Paaxil (“música libre”, en maya) es un evento anual de free jazz, improvisación electroacústica y noise en Mérida, y que en esta su cuarta edición pintaba exquisito e imperdible. En mi mente se armó tremenda trifulca entre la música y el show de tipos musculosos, viejas buenotas y demás parafernalia que Darren Aronofsky, con Mickey Rourke y Marisa Tomei, pusiera en evidencia en su gustada película The Wrestler. Empecé a formular y asignar ventajas a la fucking lucha gringa: la neta, la lucha libre está en la categoría de arte, al menos la mexicana, es teatro, performance, oratoria, danza, literatura, diseño y en fin. Además un evento así en este pueblo con ganas de ser gran urbe también resultaba imperdible.
Y ahí nos tienen a mi nena y a mí en la novena fila listos para la catarsis luchística, es decir, mamarse y gritar pendejada y media a los luchadores, réferi y todo el que se pueda. Digo, si hasta en los tinacos hay niveles porqué chingado no en una sociedad clasista como la meridana y me imagino del resto del país. Porque una cosa es ir a la grada, en casa de su rechingada madre, y otra ir al ring side para ver de cerquita a los ídolos y divas del cuadrilátero. Así que ahí, entre chavas fresas, hijos de papi y demás gente bonita, estaban desde el zar de los taxis hasta el próximo gobernador de Yucatán. ¿Que cómo sé que es el próximo mandamás? Coño, no lo sé, pero eso dicen.

"Sin titulo" _ Luan Mart

O sea, este aspirante a gobernar la mítica tierra del Mayab no iba a meterse a un concierto de free jazz y otras jaladas con veinte intelectuales que lo pudieran cuestionar y cagotear. Yo sí, que soy retepretensioso y no soy hípster sólo porque me paso de feo y simpático y no tengo dinero para comprarme ropita de marca. Así que el que suspira por la silla gubernamental vio la oportunidad  para darse un baño de gentío y saludar, como un divo más, a los de cerca y los de lejos, para que vieran que es de pueblo y come kibis con repollo picado y chile habanero, marquesitas de queso de bola, toma su cerveza Montejo y dispara los chicharrones con salsa botanera y las papas a la francesa con salchicha frita.
¡Cofiiiii, saca la mota! Gritaba el borracho que se sentó en mi lugar numerado I-29. ¡Que salga la Parka! Y el niño de al lado le explicaba que esto era la W, no la Triple A. Díganme si esto no es catarsis. Las nenas vueltas locas y uno que otro machín a punto de por fin declararse gay tras la salida de John Morrison. La sabrosa Beth Phoenix dándole sus nalgadas a la Kelly Kelly estuvo de alharido. Así nos divertimos los superfluos, esto también es exquisito. Y cuando sale Alberto del Río la función apunta derecha la flecha al clímax de la noche. Te digo que es un montaje muy bien planeado y llevado a ejecución. El mexicano toma el micrófono y prende a la banda, lo amas o lo odias, con él no hay mamaditas.
Y del Río terminó de llevarse la noche junto con la mayoría de las mentadas de madre, partiéndole la suya a John Cena y perdiendo por descalificación. Esto no es lo mismo que la lucha libre mexicana ni mucho menos la local, vaya, se parece un tanto pero no es igual. Y también es verdad que a los gladiadores mexicanos de antaño les costó un huevo y la mitad del otro elevar su práctica a las intangibles e inexplicables emociones y sensaciones que sólo el arte puede producir, para que la cultura mediática megalómana del mainstream impuesto por el aparato gringo acabara convirtiéndola en un show banal que, sin embargo, disfrutamos como niños y nos permite escapar de la puta realidad atroz que nos juega el culo día con día.
Cierto que no se vio como en la televisión, vaya, como que nos estafaron un tanto, ya que no trajeron la parafernalia completa, pero también cierto que por la tele no se llega al paroxismo de la experiencia en vivo y en caliente que conduce a eso que catarsis le dicen. Y cuando íbamos buscando la salida del estadio, reconocí entre el personal de seguridad al maestro Lobo Salvaje, leyenda viva de la lucha libre yucateca. Lobo, hubieras subido y les rompías la madre, le dije al tiempo que deslizamos las palmas y chocamos los puños. Pedimos la reta pero nos tuvieron miedo, me contestó sacándome la sonrisa. Y acabé de irme con la garganta destrozada, la mente alegre y el alma borracha.

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