Las dulces
batallas del Colectivo Paracaídas
Manuel Noctis
Una antología es una promesa de
diversidad literaria a bajo precio, es un acto de fe en el conjunto y, al mismo
tiempo, una esperanza de que cada texto sobreviva por sí mismo.
Joaquín Marof. Prólogo
Dulces batallas que nos animan la noche es una antología editada por los
amigos del Colectivo Paracaídas (Ale Quintero, el “Flaco” Oscar Quevedo y Paco
Valenzuela), quienes a su vez realizan (desde hace 6 años) el Encuentro –que ya
es Nacional- de Letras Independientes en la ciudad de Morelia y, cuya antología
recopila lo mejor de quienes han tenido presencia durante los primeros 5 años
del Encuentro. Para comenzar a hablar del libro primero tengo que remontarme a
ese primer Encuentro, que se realizó los días 24 y 25 de febrero del 2006 en un
extinto lugar llamado Dan Angelo, ubicado en el centro de la ciudad de Morelia.
Era un pequeño café, tan pequeño que no cabíamos todos los participantes,
público y publicaciones que cada uno llevaba como muestra de trabajo.
Casualmente a mí me toco presentar mi reva Clarimonda
después de la mesa inaugural, con mis 20 años y todo un imberbe en esto de las
presentaciones y demás (aunque todavía). Me tocó realizar la primera
participación de ese Encuentro, por lo que me gané estar en las portadas de los
diarios locales al día siguiente (con todo y que el Peje ese mismo día hacía acto de campaña a unas cuantas cuadras del
lugar) ya ven que los reporteros sólo toman fotos al principio y se van, no les
importa lo demás.
En ese primer Encuentro se congregó
en su mayoría a los exponentes literarios locales; los viejos, los jóvenes y
los impúberes como yo. Y con unas poquísimas presentaciones de personas de
fuera que cayeron de manera espontánea. Acciones complementadas con cosas de
diseño, música y teatro. Se trataba de un resquicio distinto a lo que la ciudad
rosadaypuritana en sí ofertaba –y sigue ofertando- depauperadamente y
consecutivamente en cuanto a las letras se refiere. Después de ese Encuentro me
ha tocado participar en cada uno de los consecutivos hasta la fecha, ya sea con
mi revista, libros, animador o, incluso una ocasión con una charla sobre
literatura y contracultura, donde el invitado fue acá míster Mauricio Bares
(escritor chilango, autor del libro Ya no
quiero ser mexicano (Nitro/Press, 2010) entre otros), ahí le regalé una
botella de mezcal michoacano (de Oponguio) que se bebió esa misma tarde y ya
por la noche, en la clausura, no lo volvimos a ver jamás.
Comento todo esto porque conozco a
estos cuates Paracaidistas desde cuando asistían al Taller de creación
literaria Tomás Rico Cano en la Casa de la Cultura de Morelia, cuando después editaron
la efímera revista Polvo (para que el
tiempo no la mate… y sí la mató) y porque he vislumbrado su trabajo y labor al
frente de este Encuentro, porque he sido testigo de sus lágrimas derramadas en
la mesa de algún bar, ya sea con cervezas, whisky, tequila, charanda o mezcal
en mano ante la ausencia de los capitales económicos, los desaires de las
Instituciones y los reclamos baratos incluso de colegas locales. Porque han
hecho de este Encuentro un espacio divergente, que ha tenido como sedes
Escuelas, Universidades y Museos, al igual y en el mismo plano que
Restaurantes, Hostales, Bares y Cantinas, lo cual le ha significado una
consistencia dentro de la oferta de Encuentros a nivel nacional. (Ahora todos
quieren venir a Morelia a presentar sus obras y a chupar efusivamente). Pero
porque también he visto su atinos y aciertos, su variedad y circulación de
exponentes, con cada vez más caras gordas y pesos pesados (bueno, así es la
obesidad) y con variaciones singulares y plurales tanto de exponentes locales y
nacionales.
Así ha sido el Encuentro de Letras
Independientes en Morelia, con diatribas y encantos, tertulias amenas y
borracheras extremas, relaciones de complacencia y de inconsistencia,
escritores desmemoriados y beatos ajenos al vicio, y todo ello se aglomera en
esta Antología. Todo ello se bifurca en secciones para la narrativa y la poesía.
Donde 40 engendros de la literatura hacen acto de presencia con escrituras
singulares, allanadas cada una al campo de desarrollo en el que se encuentra
proscrito. Como ya lo menciona Joaquín Marof en el prólogo: los escritores locales se inflaman de sus
propias batallas para ofrecerlos –los textos- en sacrificio a sus invitados.
Los nacionales patean el balón como si en cada jugada fueran a lograr una
poética del movimiento.
La antología se divide, como lo
mencioné un poco antes, entre poesía y narrativa, donde la primera nos muestra
autores como Carlos Martínez Rentería, Gustavo Ogarrio, Omar Arriaga, Susana
Iglesias, Ernesto Hernández Doblas, Rojo Córdoba o Gaspar Aguilera y, la
segunda nos trae a Guillermo Samperio, JM Servín, Mauricio Bares, Raúl Mejía, Ramón
Lara Gómez, Rafa Saavedra, Edgar Omar Avilés, Bibiana Camacho, solo por
mencionar unos cuantos. Los cuales enarbolan una variedad de géneros, de temas,
de tesituras, de melodías, disparidades y connotaciones extra-territoriales.
Quizá algunos faltan, tampoco pueden estar todos, pero los que están, hacen
distingo de lo que realmente proyecta el Encuentro de Letras Independientes de
Morelia. Es así como esta antología se convierte en un testimonio, en un
registro de un lapso, si bien corto, muy significativo, porque así lo han
querido sus editores, porque así lo vislumbraron desde su edición, para dejar
un “traspié” en el camino como huella de su existencia, como símbolo de un
trabajo desinteresado que ya permea en uno de los estados de mayor afluencia
delictiva y violenta. Lo cual ha venido a significar un pequeño resquicio para
quienes vivimos en ese lugar, aunque a final de cuentas son estas, las dulces
batallas de la vida, las que nos terminan animando la noche frente a una copa
de vino… ¡Salud!
Se consigue en las Librerías Hidalgo (en Morelia) y también solicitándola
al mail: colectivoparacaidas@gmail.com


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