lunes, agosto 27, 2012

EL LIBRERO: Dulces batallas que nos animan la noche, Colectivo Paracaídas



Las dulces batallas del Colectivo Paracaídas


Manuel Noctis


Una antología es una promesa de diversidad literaria a bajo precio, es un acto de fe en el conjunto y, al mismo tiempo, una esperanza de que cada texto sobreviva por sí mismo.
Joaquín Marof. Prólogo

Dulces batallas que nos animan la noche es una antología editada por los amigos del Colectivo Paracaídas (Ale Quintero, el “Flaco” Oscar Quevedo y Paco Valenzuela), quienes a su vez realizan (desde hace 6 años) el Encuentro –que ya es Nacional- de Letras Independientes en la ciudad de Morelia y, cuya antología recopila lo mejor de quienes han tenido presencia durante los primeros 5 años del Encuentro. Para comenzar a hablar del libro primero tengo que remontarme a ese primer Encuentro, que se realizó los días 24 y 25 de febrero del 2006 en un extinto lugar llamado Dan Angelo, ubicado en el centro de la ciudad de Morelia. Era un pequeño café, tan pequeño que no cabíamos todos los participantes, público y publicaciones que cada uno llevaba como muestra de trabajo. Casualmente a mí me toco presentar mi reva Clarimonda después de la mesa inaugural, con mis 20 años y todo un imberbe en esto de las presentaciones y demás (aunque todavía). Me tocó realizar la primera participación de ese Encuentro, por lo que me gané estar en las portadas de los diarios locales al día siguiente (con todo y que el Peje ese mismo día hacía acto de campaña a unas cuantas cuadras del lugar) ya ven que los reporteros sólo toman fotos al principio y se van, no les importa lo demás.
En ese primer Encuentro se congregó en su mayoría a los exponentes literarios locales; los viejos, los jóvenes y los impúberes como yo. Y con unas poquísimas presentaciones de personas de fuera que cayeron de manera espontánea. Acciones complementadas con cosas de diseño, música y teatro. Se trataba de un resquicio distinto a lo que la ciudad rosadaypuritana en sí ofertaba –y sigue ofertando- depauperadamente y consecutivamente en cuanto a las letras se refiere. Después de ese Encuentro me ha tocado participar en cada uno de los consecutivos hasta la fecha, ya sea con mi revista, libros, animador o, incluso una ocasión con una charla sobre literatura y contracultura, donde el invitado fue acá míster Mauricio Bares (escritor chilango, autor del libro Ya no quiero ser mexicano (Nitro/Press, 2010) entre otros), ahí le regalé una botella de mezcal michoacano (de Oponguio) que se bebió esa misma tarde y ya por la noche, en la clausura, no lo volvimos a ver jamás.
Comento todo esto porque conozco a estos cuates Paracaidistas desde cuando asistían al Taller de creación literaria Tomás Rico Cano en la Casa de la Cultura de Morelia, cuando después editaron la efímera revista Polvo (para que el tiempo no la mate… y sí la mató) y porque he vislumbrado su trabajo y labor al frente de este Encuentro, porque he sido testigo de sus lágrimas derramadas en la mesa de algún bar, ya sea con cervezas, whisky, tequila, charanda o mezcal en mano ante la ausencia de los capitales económicos, los desaires de las Instituciones y los reclamos baratos incluso de colegas locales. Porque han hecho de este Encuentro un espacio divergente, que ha tenido como sedes Escuelas, Universidades y Museos, al igual y en el mismo plano que Restaurantes, Hostales, Bares y Cantinas, lo cual le ha significado una consistencia dentro de la oferta de Encuentros a nivel nacional. (Ahora todos quieren venir a Morelia a presentar sus obras y a chupar efusivamente). Pero porque también he visto su atinos y aciertos, su variedad y circulación de exponentes, con cada vez más caras gordas y pesos pesados (bueno, así es la obesidad) y con variaciones singulares y plurales tanto de exponentes locales y nacionales.
Así ha sido el Encuentro de Letras Independientes en Morelia, con diatribas y encantos, tertulias amenas y borracheras extremas, relaciones de complacencia y de inconsistencia, escritores desmemoriados y beatos ajenos al vicio, y todo ello se aglomera en esta Antología. Todo ello se bifurca en secciones para la narrativa y la poesía. Donde 40 engendros de la literatura hacen acto de presencia con escrituras singulares, allanadas cada una al campo de desarrollo en el que se encuentra proscrito. Como ya lo menciona Joaquín Marof en el prólogo: los escritores locales se inflaman de sus propias batallas para ofrecerlos –los textos- en sacrificio a sus invitados. Los nacionales patean el balón como si en cada jugada fueran a lograr una poética del movimiento.
La antología se divide, como lo mencioné un poco antes, entre poesía y narrativa, donde la primera nos muestra autores como Carlos Martínez Rentería, Gustavo Ogarrio, Omar Arriaga, Susana Iglesias, Ernesto Hernández Doblas, Rojo Córdoba o Gaspar Aguilera y, la segunda nos trae a Guillermo Samperio, JM Servín, Mauricio Bares, Raúl Mejía, Ramón Lara Gómez, Rafa Saavedra, Edgar Omar Avilés, Bibiana Camacho, solo por mencionar unos cuantos. Los cuales enarbolan una variedad de géneros, de temas, de tesituras, de melodías, disparidades y connotaciones extra-territoriales. Quizá algunos faltan, tampoco pueden estar todos, pero los que están, hacen distingo de lo que realmente proyecta el Encuentro de Letras Independientes de Morelia. Es así como esta antología se convierte en un testimonio, en un registro de un lapso, si bien corto, muy significativo, porque así lo han querido sus editores, porque así lo vislumbraron desde su edición, para dejar un “traspié” en el camino como huella de su existencia, como símbolo de un trabajo desinteresado que ya permea en uno de los estados de mayor afluencia delictiva y violenta. Lo cual ha venido a significar un pequeño resquicio para quienes vivimos en ese lugar, aunque a final de cuentas son estas, las dulces batallas de la vida, las que nos terminan animando la noche frente a una copa de vino… ¡Salud!

Se consigue en las Librerías Hidalgo (en Morelia) y también solicitándola al mail: colectivoparacaidas@gmail.com

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario aquí