Hospital
Por Perro
Loco Feliz (Invitado)
Trabajo en un conocido hospital
de la ciudad de Morelia. Mi puesto en la escala jerárquica es el penúltimo,
como a dos pasos del personal de intendencia y a 200 pesos quincenales del
sueldo de las enfermeras; soy el vigilante. El
sencillo vigilante. Soy ese tipo de persona que siempre saluda con una
buena sonrisa y siempre o casi siempre tengo “la frase del día”. Sip, soy muy amable. Estar en una
posición tan “privilegiada” me hace presa fácil de la gente
presuntuosa y merecedora de todo lo bueno que le sucede en este universo pero
aun así amo el hecho de mi minúsculo papel en el hospital.
Todo ocurre desde mi pequeña
trinchera, un cubículo que por mucho mide 1.50 mt2, al lado de las
escaleras por donde todo el personal sube o pasa para llegar a su puesto. Sé la hora de entrada de todo el personal, puedo hacer sentir
incómodos a mis superiores diciéndoles cosas como “otra vez tarde, Lic”. En ocasiones puedo encontrar a una
persona que no desea ser encontrada o mentir sobre su existencia, “¿viste pasar a David?” “Se fue por
acá abajo” aunque yo sepa que no ha llegado. Puede darse otro caso y tener en
una montaña rusa de emociones al personal y, dime, ¿Concha si te pagó lo de la
tanda?
Las enfermeras y médicos me
hablan con suma claridad: Es fácil hablar mal de otro ser humano cuando
consideramos a nuestro escucha “menos” y me refiero a “menos” porque soy menos
peligroso ¿A quién puedo señalar? ¿A quién puedo afectar? Prácticamente a
nadie. Las enfermeras me platican de tal puta, los doctores de tal zorra o tal
pendejo y a todos los conozco. Descubres quién tiene una amante. Te enteras que
a fulana del primer piso todos la odian o se la han tirado entre un grupo
pequeño de médicos que son, sin querer, hermanos de leche. Les sonríes sabiendo
su oscuro secreto.
Trabajar tan cerca de la
muerte y la vida nos hace fríos y con un humor muy simplista. Lo mismo da
echarse un pedo en el elevador con un cadáver que hacerlo sin un cuerpo
presente y debe ser así como para resistir la muerte de un recién nacido y
festejar la vida de un poli terriblemente madreado. Observar que somos seres
humanos tan inhumanos como para protegernos de nosotros mismos. En ocasiones he
visto pacientes llegar e irse solos y también he visto fracturas del dedo
pequeño y mil personas visitando al paciente.
Hay un fenómeno cruel o muy
alentador que ocurre a casi la mayoría de las personas que atravesarán el túnel
de luz: pasan por un falso mejoramiento, se reponen y parecen vigorosos.
Saludan y se despiden de sus seres queridos con lucidez y minutos después fallecen.
Sucede de manera muy frecuente.
Si todos tus familiares te
visitan o si tu primo Pepe, que tenía 20 años sin verte, llega de repente, si
tu familia cercana (padres y hermanos) te dicen que todo estará bien o de plano
ver que tus parientes platican con el de la funeraria o discuten tu herencia
con el licenciado. Todas esas cosas son
señales de que ya valió riata. En cuanto veas a Pepe miéntale su madre. Si
quieres ser más trascendente muere diciendo algo inesperado, cosas como “Yo no
soy tu verdadero padre”, “Una vez mate a alguien” o “Deje un tesoro de mil
millones en…” e inmediatamente colgar los tenis es garantía de impresión.
Ningún trabajo es fácil es
verdad, pero hay algunos como el mío donde tienes que tratar con gente muy
voluble. ¿A quién le gusta tener un familiar hospitalizado? aunque sepamos que
es por el bien de la persona hospitalizada la mayoría de la gente llega, muy
alterada, muy triste, pero siempre en un estado “muy”. Después de algunos
días aprendes a desarrollar otro sentido, para identificar a la gente que te
será problemática, aquella gente que por sus
huevos pasa con comida aunque su paciente tenga cáncer de estomago o lleva
niños a ver hombres con el rostro desfigurado por quemaduras de 3er grado, de
esas donde los parpados no se pueden cerrar completamente y los labios se ven
como boca de pescado. Mierda, pero
sucede y sucede todo el tiempo.
Analizamos muy poco el bien
o mal que hacemos tomando decisiones apuradas o presionadas por una condición
que está fuera de nuestras manos. A menos de que seas tú el médico, y digo
médico porque Doctores solo los que estudiaron y obtuvieron un doctorado. Es un
error contextual que les gusta pero no es correcto.
En fin, somos seres muy
vulnerables y no lo comprendes hasta que ves a la gente con fístulas en el
recto, ves dildos metálicos en las radiografías o el clásico botellazo en la
vagina, por mencionar algunas situaciones que sí, son todas sexuales y son las
que más impactan.
Mi trabajo no es pequeño
como en un principio se expresó, solamente que las responsabilidades que guardo
son pequeñas a comparación con un neurólogo o una buena enfermera. Hasta ahora
estoy contento con el trabajo, mantengo un bajo perfil y mucha cercanía con los
pequeños empleados, que son al fin y al cabo los que mueven toda la maquinaria
pesada de cualquier institución.


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