miércoles, julio 04, 2012

LOS IRREVERSIBLES: Teatro mágico



Teatro mágico

J. Ángel Cuevas


-Vamos al show.
-¿Cuál show?
-Un minicirco andante; en las aldeas circundantes a nuestro pueblo se anda diciendo que está muy bueno, que es emocionante, atractivo, mágico.
Cuando llegamos vimos una pequeña carpa, donde sólo cabían dos personas, más bien era una casa de campaña, pero estaba decorada como las grandes carpas. El show se daba al aíre libre, en un paraje, rodeado de grandes árboles melancólicos.
Había mucha gente, supongo que todo el pueblo estaba ahí reunido. Todos estábamos impacientes; el show aún no comenzaba, siendo que la negrura del bosque ya estaba presente como si fuese el invitado de honor.
El show comenzó, únicamente eran dos integrantes: un hombre adulto, negro, de un metro noventa de estatura, cabeza rapada, de ojos maliciosos; una niña: de diez años, morena, pelo enmarañado, ojos tristones.
Felipe Gaytán
Después supimos que el hombre era su padrastro, que ellos se habían quedado solos porque él había matado a su mamá (ella le había sido infiel): la había estrangulado dentro de la carpa mientras la pequeña dormía. Desde aquel momento sólo viajaban ellos dos dando espectáculo.
Estaba por terminar el show, la niña cogió con ambas manitas los bordes de la tela de la entrada de la carpa, el padrastro la hincó y la jaló de la cabellera. Levantó la falda, se bajó el pantalón, metió su miembro, friccionó; la niña tenía la cabeza metida dentro de la carpa, el cuerpo fuera, observada por los espectadores; ella miraba la oscuridad del dormitorio (la invitada de honor).
El hombre terminó. Tiró una carcajada, los dientes afloraron, picudos, amarillos. La niña cayó bocabajo, los ojos crispados de lágrimas, desorbitados: está muerta. La espalda del hombre suda, brilla con la luz de la fogata que estaba detrás de él, en el centro del paraje. La gente aplaude, están como locos, maravillados. Atrás de ellos, en los alrededores, está presente la sonrisa de la invitada de honor.

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