miércoles, julio 11, 2012

LOS IRREVERSIBLES: Mantus Religiosa



Mantus religiosa

Mina & Yodo


Cuando Mantus, el chico insomne de cuarto semestre de prepa rebasaba las cuatro tazas de café en una sola noche, significaba que era una ocasión especial. Especial como lo puede ser el inicio de un paraíso artificial o el final de otro ciclo de tortura mental.
Esa tarde no le importo perder Física, ya que el maestro era tan huevon que nunca pasaba asistencia, en Inglés hicieron un examen de evaluación por lo que la clase terminó temprano y por eso estaba tan de buen humor que no le importó escuchar las pendejas de todos los días al motorocker mientras se comían una torta de queso amarillo. Las dos horas de Matemáticas fueron eternas. La maestra no les reprochaba el escándalo a sus alumnos mientras Mantus, sentado, esperaba el final.
Dos cigarros y procurar no mirar a los lados para evitar frenar la llegada a la salida con algún conocido para después abordar el Ruta Cien.
Cena, televisión y minutos después la ciudad cierra los ojos para ignorar la madrugada.
4:23 a.m.
Dejando la sexta taza de café en la mesa, Mantus se desprendió del sillón como una costra de una herida fresca para merodear por las calles de una ciudad deshabitada.
Neza mostraba su lado oculto a esa sombra desterrada del paraíso del sueño que fumaba los cigarros sin acabar que encontraba y de vez en cuando atentaba contra las pequeñas capillas religiosas
El territorio era conocido: oscuridad, soledad, nicotina.
Después de haber pasado la Av. Sor Juana no le cupo duda de que alguien lo seguía.
Demasiado tarde para reaccionar. Al voltear para confirmar lo obvio un puño se estrello en su rostro sacando volando el railegh que se encontraba en su boca. Tambaleo un poco sin perder completamente el equilibrio para descubrir que (con todo y corona de espinas) Jesucristo se acercaba peligrosamente listo para otro ataque. Esta vez fueron dos golpes más directo al cuerpo.

"El asado de Jesucristo" _ Daniel Aguilar Ruvalcaba

Mantus no sabía muy bien que hacer y menos por qué el “mártir” le gritaba cosas en un idioma extraño, parecía molesto. Ante la impresión, optó por juntar líquido y mucosidad en su boca para arrojarlo directo al ojo de Cristo, quien hizo una mueca de odio traduciéndose en un fuerte empujón contra la pared cercana con la participación de varios golpes más que buscaban destrozarle el alma a un Mantus ya lastimado.
Parecía esperar una respuesta a sus gritos pero lo único que consiguió fue otro proyectil líquido (ahora con un ingrediente rojizo) que quedo escurriendo de la barba del agresor.
Mantus supo que vendría otra tunda pero decidió no esperarla haciendo que una descarga de euforia le hiciera sacar la navaja escondida y enterrar su filo una y otra y otras tantas veces en el mismo Jesucristo.
Era extraño. Se suponía que “el hijo de dios” había muerto hace mucho tiempo pero su cuerpo inmutable escurriendo en el concreto demostraba lo contrario.
Juntando las pocas fuerzas que le quedaban, Mantus corrió directo a su casa para entrar en su habitación y guardar silencio.
Pensó lo perfecto que seria en ese momento una ducha caliente, cigarros y dormir…
Faltaba poco para que amanezca.
Cuando despertó, escuchó gritar a gente en la calle.

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