Nunca digas “nunca” (a una película
hollywoodense)
Luis Enrique Anguiano Torres
Todos
hemos visto películas hollywoodenses por dos razones principalmente: hasta acá
no llega “Bollywood” –la producción cinematográfica del país de Gandhi que,
según se rumora, arroja al año entre 250 y 300 películas de calidad Almada/
Reynoso/ El Santo – y la otra, es que esa onda del “cine donde no hay balazos
ni muchachas” simplemente no vende y por eso no la vemos en los aparadores.
Todos
consumimos Hollywood. Hay películas que son consideradas como cine en serio y
que salieron de los ancilares valles de California occidental. Sí, me refiero a
cosas como Taxi Driver o El Padrino. Inclusive Robocop (la uno, nada más) y
Terminator (la uno y la dos) que son obras de culto, verdaderas piedras
angulares de la cultura popular. Tan así son las difusas fronteras entre la
salida del metro Balderas y la Cineteca Nacional.
En
fin, tan malo es ver una película sólo por verla –como tantas que pasan en la
tele con ese propósito– como es aferrarse al no siempre estable bote del
purismo y decir que todo lo demás es una porquería. No, de verdad. No todo
Hollywood es una patraña vendeboletos vuelacoches besa-rubias y no todo el
“cine de autor” es bueno. Para ponerles un ejemplo: prefiero a Cronenberg que a
Lynch y creo que eso no me hace peor persona o intelectualmente inferior. Ultimadamente,
fuck that. (Recuerda esas palabras) Hombres
de negro 3 me pareció una mejor obra que Le vie rêvée des anges y no porque no
sepa lo que es la vida difícil sino porque Hombres de negro 3 tiene un
excelente guión, los personajes tienen carisma, las actuaciones están que ni
mandadas a hacer y en general hace justicia a ese bodrio hollywoodesco a más no
poder que fue la segunda parte. El problema con Hombres de negro es que, aunque
es un broche de oro al profundizar en los personajes, carece de un reflejo o
visión general de la sociedad en que vivimos.
Por
otro lado, tenía por ahí pendiente una película protagonizada por Bruce Willis
que tampoco hizo mucho eco en la crítica y parece que pasó sin pena ni gloria.
Vaya, ni siquiera en su alfombra roja hubo tanta
gente y es una película que francamente no llegaría al Óscar bajo ningún
parámetro. Bueno, quizás si Jesucristo tuviera por ahí un papel secundario de
caza-androides entonces estaría nominado a algo (Y el premio al mejor mesías
haciendo un cameo es para…) Los efectos estuvieron creíbles en la medida de lo
posible; hubo uno que otro secundario que sí parecía androide pero propongo que
de ahora en adelante aparezca “Bruce Willis como Bruce Willis” en los créditos
de todas las películas en las que participe. Es de mis actores favoritos por lo
mismo de que simplemente es él y ya. Ni siquiera actúa, sólo sale y pone su
carota de “Mis huevos, pendejo” y ya.
La
película sería bastante olvidable de no ser por dos que tres cosas que aparecen
subrepticiamente en la trama.
La
primera y más evidente es que la raza humana es una plaga de holgazanes. Ya
hablé de eso hace un par de entregas al hablar de las drogas pero lo recuperaré
por un momento: si tienes los medios para evadir la realidad, los vas a usar
porque será más placentero que salir a enfrentar tus problemas y el que sale a
agarrar al toro por los cuernos suele ser visto como un inadaptado. Para los
que no la han visto, Surrogates es una película donde todo mundo tiene un avatar androide con el que anda por el
mundo, es como Facebook, pero en lugar de un muro tienes a Terminator sin
pistolas.
La
segunda es que no existen las revoluciones que salgan directamente del pueblo.
El líder de cualquier rebelión será un desadaptado de la clase hacia la que se
están rebelando (los padres de la independencia mexicana eran criollos, por si
no sabían).
La
tercera y poco menos evidente es que la humanidad seguirá teniendo los mismos
vicios sin importar la etapa histórica o la cantidad de plástico que haya en su
cuerpo. Somos vanidosos, si tuviéramos a nuestra merced un androide que se
pareciera a nosotros de seguro le removeríamos todos los defectos que nos
conocemos. Da risa ver una reunión de androides que comparten una droga
electrónica, luego un salón de belleza donde se hace ajustes mecánicos para
androides. No importa la manera en que nos presentemos, la humanidad posee
vicios inmanentes a su condición y quizás después de todo, eso es lo que nos
hace ser humanos. Tres reflejos de la sociedad humana en general perfectamente
plasmados en una película que pudo dar para más.
Ahora
¿Se han puesto a pensar lo existencialistas que son las películas de Pixar? A
eso exactamente me estoy refiriendo: tienes gorras, vasos, playeras, etiquetas,
mochilas y fundas para celular con la imagen de un juguete con problemas para
entender su condición. Qué postmoderno. Imagina que le presumes a tu mejor
amigo tu playera con la cara de Woody impresa en ella ¿Visualizas la reacción
de tu amigo? Bien, ahora imagina que le presumes la misma playera pero con la
cara de Sartre ¿Visualizas la reacción de tu amigo? Bueno, pues es hora de
decir fuck that y ponerte la playera
con la que te sientas más cómodo.



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