domingo, julio 15, 2012

EL IZCUINTLE: El alma de la fiesta



El alma de la fiesta

Luis Enrique Anguiano Torres


No sabes cómo diablos es que accediste. Si fue por la insistencia de tu madre sabes que no pusiste mucha atención cuando dijo “Todos estarán ahí”. Todos. ¿Cuáles todos? ¿Todos los de tu salón o todos con los que te juntas? No, en este caso es “Todos los integrantes de la familia”. Demasiado tarde para bajarse del auto, si lo haces quizás termines con los brazos rotos por rodar en el asfalto o quizás golpees a alguien en tu fugaz trayecto. Comienzas a pensar cómo puedes salvar el rato, quizás… Quizás si le llamas a tu prima aquella, Erika… O mejor ¿Que tal si buscas el número de Fer y de Luis y les mandas un mensaje para que te recojan? Sí, Fer siempre llega bien presentable y le cae bien a tu familia porque es el chistoso, aparte Luis llegaba por las tardes a tu casa a hacer tarea y tu mamá tiene la idea de que es un pan de dios.
Llegamos y comienzas a no saber qué hacer, ves el salón de la fiesta, fijas la vista sobre los globos que están encima de la puerta y tu cara ahora parece la de un arquitecto que no está seguro de si esa pared inclinada la había planeado así inicialmente, en eso se escucha el grito de tu tía, que entre bolso, tacones y chal (pashmina, le dicen ahora) alcanza a equilibrar un “No te bajes de la banqueta” proferido hacia uno de sus hijos en edad de kínder.
Entras al salón y ahí lo ves. Todo un manjar visual: mesas metálicas arregladas con manteles largos, sillas de lámina –que son las mismas que te ponen en algunas taquerías– enfundadas en lienzo blanco y con un moño rosa-nacarado en la parte trasera. Un arreglo floral sobre la mesa y dos refrescos tamaño familiar: una coca-cola y una fresca o fanta o squirt. Una verdadera epístola sobre la sociedad mexicana: no bastando con vestir de seda a la mona, encima le ponemos dos botellotas de plástico llenas de gaseosa.
La fiesta transcurre de manera más o menos tranquila salvo por uno de tus primitos que se cayó y ahora llega, inconsolable, a que su mamá le limpie las lágrimas o le meta unas nalgadas mientras le dice “te dije que no te metieras a la jardinera” sin ponerse a pensar que esa orden tiene un nivel de conceptualización muy alto para un niño de tres años.
Ya se va la mexicana que fruta vendía, ciruela, chabacano, melón y sandia. Verbena, verbena, sigue la verbena y tus compadres te dejaron abajo, tu prima nomás no llegó a pesar de que tu tía te dijo “dijo que llegaba, nada más que pasara su amiga por ella” y tu comienzas a pensar en lo afortunada que es Erika por haber decidido que no iba. Así que, agua y ajo. Entre chácharas banales con tus tíos y una poca de interacción con un par de primos menores, sientes que la alcoholización ya te está ganando. Ya prendidas las farolas del jardín, suena tu celular y se iluminan tu sonrisa y la pantallita con un “¿dónde estás? Luis apenas se va a meter a bañar”. De repente, suena.
Ahí está, ha llegado, ya nos inundó a todos y con esas notas son afiladas las sonrisas de las tías y la mamá que te dice “ven, vamos a bailar, casi ni te has movido” tú dices “no” “ándale” que no” y suena un bajeo temible. Es la huella del alma de la fiesta, temible como el espíritu de la navidad futura o en este caso el pasado que se niega a morir, suena la voz a través de los bafles: “no rompas más, mi pobre corazón, estás pegando justo entiéndelo” Míralos, bailando tan contentos golpeando el suelo y con el puño en alto como si se tratara de un sindicato a punto de irse a la huelga, tú que te sientes tan fuera de lugar y mínimo con el 70% de los ahí presentes posees un lazo sanguíneo directo. Y ahora comienzan a bailar, Koke Muñiz en una parodia a Luciano Pavarotti bailaba exactamente igual mientras cantaba el “Hunky punky” de Tatiana, la reina de los niños, con una simulada voz de tenor.
¿Qué importa que hayan pasado 17 años? ¿Qué importa que sean música y baile “típicamente” estadounidenses? Dijera Redolés “qué importa-oh” y podríamos continuar “qué importa, que nadie pueda nombrar siquiera una banda famosa de country, que importa, que sea lo mismo que la banda pero del otro lado de la frontera” Y ahí siguen, aplauso, movimiento de muñecas, inclinación de hombros y cabeceo, no te olvides del pie adelante para que puedas rotar al momento del siguiente aplauso. Es surreal, una oda a la multiculturalidad: mexicanos usando ropa que es “moda” en New York, las mujeres con maquillaje “francés” y escuchando “música” de un grupo “country”.
Serenidad y paciencia, serenidad y paciencia Solín… Ya, ya aquellos dijeron que en unos minutos llegan, ya no tardan. Volteas a ver el improvisado sindicato de baile “Unidos por el violín” y ahora suena un acorde de guitarra, muy texana. Guerrero de mil batallas, presente en millones de fiestas desde que fue puesto en público, ahora llega la incomparable historia del indomable, el único, el valiente Payaso de Rodeo que salva la vida de un jinete cuando mal anda su suerte, es el payaso de rodeo-oh.
La canción es prácticamente ininteligible. Semejante habilidad con la lengua sólo has visto en el Hip-hop y en una o dos exparejas que para nada te vendría mal que hicieran acto de presencia en este mismo momento. Cualquier cosa menos estos remedos de vaqueros. A pesar de que han grabado varios discos y son conocidos por otras canciones como “Arriba, arriba, abajo, abajo” o los covers de Joan Sebastian, siempre deben estar presentes en todos los festejos familiares que se presten de serlo con esas dos canciones, una después de otra sin importar el orden.
Tu familia ahora baila dos brinquitos a un lado, dos brinquitos al otro, hacia atrás, ahora hacia delante y giro de 90º. Se repite. Sí, así es como se baila el country de verdad, es un baile algo monótono, por así decirlo, ya que lo chido no radica en la habilidad de los pies y las manos sino en la sincronización con el resto de los bailarines. A diferencia de la bachata, la cumbia o el sonidero que sí son bailes de verdad (y que de seguro es lo que sigue en el repertorio) el country no exige mucho de los bailarines: que tengan pies y que su oído funcione, nada más.
Tu mamá, sonriente, desde la fila de en medio te hace señas con una sonrisa así de “ven, mira, ven” pero tú, sin dejar de cruzar los brazos sólo haces un movimiento de negación con la cabeza. Justo, en ese momento, te llega un mensaje. Fer y Luis están afuera del salón y es hora de irnos que porque ya saben con quién está Erika y van para allá a seguir la fiesta por su lado.
No se necesita ser un genio para abandonar el barco, vas y te despides de tus padres de inmediato y les dices que prometes llegar bien, al cabo vas con aquellos dos. Huyes. Quédense con su baile grupal, llegará el día en que mis hijos o mis nietos me reclamen por estar bailando música de hace 17 años pero no será hoy.

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