domingo, junio 10, 2012

EL IZCUINTLE: Literatura de mesa de consultorio



Literatura de mesa de consultorio


Luis Enrique Anguiano Torres



Faltan 12 minutos para tu cita y acabas de dar el paso para entrar al consultorio; es uno de esos lugares que huelen a bata y a acero quirúrgico. El ortodoncista te dijo que no sería la gran cosa y tú esperas que así sea porque, francamente, tener caries a tu edad es ridículo. En lo que aparece el galeno bucal, decides hojear (y ojear) una de las revistas que están sobre la mesita. El resultado de la “lectura”, desastroso, invita a no querer ver otra revista de esas. No se trataba del boletín de “Salud bucal e infecciones pustulosas” de este mes, no. Tampoco era un reportaje sobre la gangrena. Era una revista de TV Notas, lo que se suele llamar “lectura fácil” aunque, para ser honestos, lo único digno de leer era el nombre y las medidas de la modelito en bikini que aparece en las páginas centrales.
¿Por qué? ¿Qué diablos tienen esas publicaciones que nos provocan tanta repulsa? O bueno, al menos a mí en lo personal me la provocan y bastante, tengo una idea de por qué y espero que si usted está en este mismo caso, sabrá entenderme. Al buen entendedor pocos ejemplos y debo reconocer que la pérdida de contacto es evidente desde que empecé mi huelga de no ver la programación del 2 ni del 13 desde hace algunos años. Muchas caras no me resultan familiares y no tenía idea de por qué fulano de tal se había divorciado y que ahora su ex esposa se cachondeaba en una playa privada a un morro 10 años menor que ella.
Pobre desgraciado. Su esposa, su modelito de televisión resultó ser una cabrona y su matrimonio (cumplido bajo la ley de la palabra de Dios) se vino abajo y lo tuvo que deshacer. ¿El resultado? Fulanita ahora tiene la libertad de hacer lo que se le venga en gana y tirarse a quien quiera –total, ella elige aunque los medios le tengan la moral por los suelos– y Fulanito ahora puede disfrutar de su homosexualidad sin mayores reproches.
Que a tal cantante le quitaron piedras en el riñón. Que este otro vato comparte las fotos de su viaje a los Alpes con su familia. Que sutanita trae el demonio adentro y que por eso se drogaba tanto así que le hicieron un exorcismo contando con excelentes resultados y ahora promete que nunca más tocará una línea de coca en su vida. Cosas bien ordinarias, pues, nada más que nos la venden como si le ocurriera a personas extraordinarias. Lamento desilusionarlos pero todas y cada una de las personas que aparecen en esas ediciones son perfectamente humanos; ríen, lloran, orinan, defecan, pagan y son pagados.
Cuando lees “Joan Sebastian es atacado por el cáncer de próstata” te pones a pensar en casi todo excepto que es entre los testículos y el intestino donde el güey tenía el problema. Vale, quizás ese ejemplo fue demasiado pero juro por Diosito y sus apóstoles que estaba ahí, impreso. Esa revista me estaba enterando que un fulano tenía cáncer en las profundidades de su persona y que era una buena noticia que ahora se encontrara bien de salud.
Llegados a este momento, quizás ya estemos adivinando por qué nos causa repulsión este tipo de “lectura fácil”. Así, entrecomillado porque no creo que eso deba ser lectura. En principio porque necesitan imágenes para TODO, aún la columnita de la receta para el domingo y los horóscopos tienen fotos. La editorial. Los testimonios de la gente que compró la mano sagrada de los 7 colores. Todo, todo tiene imágenes y es curioso que para leer cosas a momento tan ramplonas tengas que haber sido enganchado primero por una fotografía sugerente. El texto es supeditado a la imagen en prácticamente todo momento.
¿Ya viste que el restaurant donde cacharon a Diego Luna con sus hijos es idéntico al que una vez fuimos? ¿Ya viste el nuevo vestido de Lucerito? Ay no. Eso no es de Dios, mira, Jacqueline tan buena persona y le robaron su coche. Lectura “fácil” por no decir vana, superflua.
El problema no es aquí la manera en que se presentan semejantes datos. El problema es que algo así desea conformarse como parte de nuestra realidad. O sea, hay gente que compra esas revistas, las colecciona de seguro y se pone a platicar con alguien más sobre los contenidos de las mismas. No es una lectura muy edificante que digamos. Quizás… Quizás haya alguien, un dios o un arcángel que decidió y dijo “esas pinches publicaciones están destinadas a las mesitas centrales de los consultorios y las estéticas” y quizás nadie las compra. Quizás la revisa misma usa la estrategia peñanietesca de aparentar que tiene circulación y aceptación entre la gente. Ni siquiera el cuento ni los chistes o la caricatura que aparecen en las últimas hojas son buenos. Vaya gasto de papel y tinta.
O, quizás… No es un desperdicio. No. Es lo que se llama mal ejemplo. Alguien en alguna ocasión que se le cuestionó sobre sus hábitos de lectura (aficionado a los libros de superación personal) dijo con algo de recelo y de aire de mártir “es que es lo único que puedes leer en las madrugadas cuando vas en el metro camino al trabajo”. NO, discúlpame pero no. Eso no es un argumento para abogar por la existencia de la “lectura fácil”. Ni siquiera es un argumento, propiamente dicho. Nadie obliga a la gente a que lea cosas que prácticamente no llevan a ningún lugar. Nadie dijo que es obligación moral de algún tipo de persona en particular tener que leer basura. “Es que yo no estudié mucho y varias cosas no las entiendo” te pueden decir, pero la verdad es que hay autores que para ser leídos no exigen que tengas una carrera. No. Es una ilusión eso de que la “alta lectura” o como sea, es difícil. No sé por qué existe esa noción.
Es cierto, hay autores que son lentos como la infancia de Heidi. Otros autores que espantan con el tamaño de sus libros (quizás Joyce la tenía chiquita y el Ulises fue su manera de desquitarse con el mundo) y hay otros muchos que utilizan palabras que al principio no entendemos, pero no pasa nada si en casa tenemos un diccionario que nos saque del apuro.
Es cierto: Sartre no es de esas cosas que te encuentres por ahí, en una estética y Hesse no está entre los favoritos de los revisteros en los consultorios. Quizás me estoy volando la barda al comparar una revista de esas con una publicación ya más seria como un libro de los nuevos clásicos, pero lo mismo se puede aplicar a otras ediciones de mejores contenidos. No se puede reemplazar porque el segundo tipo de lectura, las letras serias, exigen que te pongas a pensar en la relación que guardas con el texto mientras que la TVyLiteratura se vende a sí misma como algo con lo que ya estamos relacionados pero la verdad es que no: Uy sí, claro! Las vacaciones de Jaime Camil tienen mucho que ver conmigo.
Le das vuelta a las hojas cada vez más rápido y terminas por cerrar la revista y educadamente ponerla (aunque de forma algo brusca) en el lugar donde la encontraste y del que nunca debió haberse movido. Estás contemplando las otras posibilidades de lectura cuando, afortunadamente, aparece Cheli y te dice que pases. En unos minutos, el dolor del taladro en el nervio dental hará que ni te acuerdes de Joan Sebastian y su cáncer de próstata. Dios bendiga la anestesia local.

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