domingo, junio 24, 2012

EL IZCUINTLE: Dícese de nazis, vampiros y mujeres que...




Dícese de nazis, vampiros y mujeres que...

Luis Enrique Anguiano Torres


Hay un dicho por ahí. No es un dicho oficial como aquel de “a la mujer y a la mula…” o “al que buen árbol se arrima…” no. Es un dicho menos popular que dice “las mujeres son como los nazis: con el paso de los años han perdido el estilo”. Claro, no TODAS las mujeres lo han perdido pero, vaya, si pensamos en el mundo hace 70 años la diferencia es bastante clara.
Los nazis eran tipos con una imagen impecable, cara dura, chaquetones de cuero, botas, guantes, gente déspota como ellos solos. Y las mujeres tenían a Marilyn Monroe, Audrey Hepburn, Greta Garbo… Las mexicanas tenían a Dolores del Río. Y ahora de los nazis queda sólo la simbología y el despotismo que tanto los caracterizó. Su ideología está prácticamente perdida y aunque ha tenido unos leves destellos de recuperación como en Suecia y Grecia, como movimiento están dados al garete. No son ni la sombra de lo que llegaron a ser. Y sobre las mujeres… Bueno, tenemos a Britney Spears, Paris Hilton y Lindsay Lohan. En fin. Creo que ya entienden a dónde me dirijo.
Ahora, todo este sexismo no es gratuito, en absoluto. Tampoco los comentarios sobre el nazismo que tan mal ha envejecido. No, vean con atención y se darán cuenta de ese pequeño declive cultural en el que también, sin problemas, caben los vampiros. ¿Y por qué los vampiros? Fácil ¿Han notado que desde que existe el furor de Crepúsculo las historias de amor de vampiros se han puesto de moda? Hasta existen series que tocan el tema y se ha dado un notable aumento de literatura de supermercado con novelas similares a la famosísima saga de Stephenie Meyer.
De niño me encantaban los vampiros, casi tanto como el Terminator o Predator: criaturas desalmadas que devoraban la sangre de los humanos a los que veían como vil ganado del que alimentarse. Un ganado que a veces les daba un chingo de lata pero ganado al fin y al cabo. Recuerdo esa escena de Drácula seduciendo a las mujeres para acercarse a su cuello y darles un beso mortal, pero más que seducir (viéndolo con ojos de adulto) era manipular o engañar sólo con el fin de alimentarse, no de desarrollar un posible vínculo afectivo. Aún si había vampiresas en la historia, éstas eran impersonales con el vampiro-alfa al que trataban como amo y señor. Una relación familiar como los seres inhumanos que son.
Los vampiros siempre han sido metrosexuales, excepto Nosferatu y los de Tarantino. Pensemos por ejemplo en el aristócrata refinadísimo que encarnara Bela Lugosi o los modernos Niños Perdidos que con greña y aretito te podrían dar baje con la novia antes de que termines el trago que le acababas de dar a la cerveza para bajarte la impresión de ver a un vampiro rocker. Entonces, si por regla el vampiro debe ser metrosexual, es fácil entender que existan Edward Cullen y Barnabas Collins. Entiendo que el vampiro debe ser la encarnación del mal no evidente, es la metáfora del pez-sapo que vive en las profundidades del océano y que con una lucecita atrae a la presa. Entiendo que ya no vivimos en los 40’s y que vestirse como fan de los Guns n’ Roses no se usa desde hace 15 o 18 años y también entiendo que hay una falacia lógica que dice “correlación no implica causa” y reza que cuando dos fenómenos ocurren al mismo tiempo no necesariamente uno es el origen del otro, así que por muy metrosexual que pueda parecer el vampiro y por más que se trate de acoplar a los tiempos que se viven, debe ser algo que está más allá de la humanidad. Un cazador de humanos.
Vaya, cuando en mi cerebro aparece el concepto vampiro enamorado de humana (o humano, asegún) es inevitable la comparación con una hipotética escena en la que Clint Eastwood, ataviado como el hombre sin nombre, le declara su amor a una vaca. Eso le da una vuelta de tuerca a la frase “no jugar con la comida” quedando “no enamorarse de la comida”. La imagen que tenía de los vampiros como devoradores de humanos se cae a pedazos. Ni hablar de lo que en mí evoca cuando recuerdo a Edward diciendo a Bella que no la morderá hasta después de que se hayan casado.
Toleré Underworld porque el romance estaba entre un hombre lobo y una vampiresa, especies que compiten por ver quién devora y convierte a más humanos. También porque prácticamente no había sido rebajada la imagen del vampiro aristocrático e hijo de la chingada manipulador y mentiroso que habita en clanes llenos de intrigas. No quiero decir que Underworld es mejor película que Crepúsculo, no, cualquier película es mejor que Crepúsculo y si se trata de vampiros con pistolas y armas especiales para matar hombres-lobo qué mejor.
Yo agregaría a la frase inicial que tanto los nazis, como las mujeres y los vampiros han perdido la clase a lo largo de los años. También las historias de amor. Crepúsculo no es Lo que el viento se llevó, Titanic no es María Candelaria y El encanto de la bestia está a años luz de Casablanca.
Hombres de verdad, mujeres de verdad, devorahumanos de verdad contra una bola de borrachos tatuados y pelones, estrellas de dudoso talento y entidades suprahumanas con una cuidada imagen y cutis reflectante que se pasean por las playas de Sao Paulo. ¿Qué sigue? ¿Vin Diesel teniendo flashbacks de su tortuoso pasado en el remake de El bueno, el malo y el feo?

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