domingo, mayo 27, 2012

EL IZCUINTLE: Estamos aquí por el premio



Estamos aquí por el premio

Luis Enrique Anguiano Torres


Se dice que los jóvenes son el futuro del país. No es cierto, los jóvenes no son el futuro, son el presente. Basta con ver las noticias para darse cuenta de eso. Pero, el presente texto no pretende ser una apología del despertar político de las últimas semanas, tampoco pretende ser lo contrario. Ese tema me lo voy a brincar como quien se brinca una auditoría de hacienda porque hoy creo que tengo la excusa con peso suficiente –todas las excusas tienen el peso suficiente- como para hablar de un tema tan banal, tan falaz, pero también, lleno de particularidades como lo es un “festival cultural de la juventud”. Los que hayan estado por ahí a esa hora del día sabrán a qué me refiero.
No es ningún secreto que cuando se llegan los tiempos electoreros los partidos quieren ganarse el favoritismo de la gente a como dé lugar: se organizan mítines, se contratan animadores, se compran despensas que no valen ni 50 pesos la unidad para transmitir la imagen de bonanza que –seamos sinceros- el partido pretende tener porque en realidad tiene mucho más. Los “festivales culturales” (entrecomillado para que se note la intención) son de los eventos que más simpatía me provocan por la cantidad de teatro que se puede sentir en el ambiente. Todos ahí, reunidos, unos con propaganda en mano lista para repartirla pretendiendo que les interesas y ahí está uno con la patineta en mano listo para deslizarse por la rampa que pusieron pretendiendo que le interesa participar.
Todos estamos ahí por el premio, es lo que ocurre. No nos interesa quién pagó por el sonido ni quién le conseguirá las drogas al DJ. Llegada la hora, cuando el candidato aparezca sobre la tarima y el sonido baje de volumen para dar paso a una perorata que versa sobre la energía de la juventud en estos días, todos desde nuestros lugares pondremos cara de póker y pretenderemos estar interesados en sus propuestas
Aparentar, aparentar. De eso se trata y eso explica las comillas. Ellos aparentan que el gasto que hicieron en un día subsanará la falta de espacios en todo un cuatrienio o sexenio. Desde el momento en que uno pone un pie en el evento se da cuenta de la naturaleza del mismo. Ves sus caras, escuchas sus palabras y sabes que algo anda mal. Las “expresiones” urbanas están fragmentadas desde el momento que ves que no todos se llevan bien y que cada quien participa en ellas por sus muy personales motivos. Desde el chavo que no para de hablar de arte callejero y tampoco suelta la bolsa con pintura, hasta la vaca sagrada del patinaje que se las da de buenrollista pero que en cada maniobra destila un “véanme, soy el mejor”.
No faltan los despistados que andan por ahí: la familia que se quedó a ver qué ocurría y terminarán pachecos y moneados los tres sin darse cuenta en qué momento les llegó el petatazo. Está el chavo que ya por haber comprado algunas revistas y haber visto algunos videos cree que tiene los pies en el terreno y esta tarde se enfrentará al inminente rechazo de al menos un practicante habitual de la improvisación en el micrófono o la tornamesa. Los mismos organizadores, se puede decir, que estarán bastante perdidos y se notará en fallas que estarán precedidas por los términos poco y mal; pocas rampas y mal colocadas. Pocos aerosoles y mal elegidos. Pocas canciones y mal ecualizadas o mal seleccionados. Pocos micrófonos y mal conectados. Pocas propuestas y mal colocadas.
Pero ¡Ocurre algo bien simpático, chicuelos! Los organizadores del evento no saben que tienen enfrente, no una expresión genuina sino una suma de expresiones forzadas a participar en conjunto. En la naturaleza urbana no existen las interacciones que se ven en un microclima como un “festival de arte urbano”: afloran las envidias, aparecen los rencores y entre que tú eres el papá de mi sobrino y yo a ese güey no lo quiero ver en mi barrio, el candidato se desvive por ganar atención de uno de los sectores que más marginan durante el año. Ojalá y se tomaran de forma crítica sus propuestas pero, al menos en este caso, cada quien tiene su cabeza puesta en otra parte. Los organizadores cometieron un error al anunciar premiaciones, ahora el evento está saturado pero ¡No teman! Que los organizadores han tenido todo perfectamente planeado desde un principio y ahora saldrán con la maravillosa idea de que, si no traes tu pulserita de asistente, con toda la pena te tendrás que pasar a retirar aunque ya estés a mitad de tu acto y luciéndote ante un público que nunca tienes.
De repente huele a mota. El candidato hace como que no ocurre nada. El asistente pone cara de “ash” y el resto del staff comienza a cuchichear y a hacer bromas. El candidato pierde 20 puntos extra de atención que se diluye en el aire como el vapor del thinner que está oliendo el flaco aquel detrás de las bocinas. El candidato sigue en su discurso, centrado en hablar de una juventud a la que no entiende y no se ha dignado a escuchar. Una juventud a la que no se tomó la molestia de consultar y tan es así que es evidente que su política para con los jóvenes no será lo que su bocota diga sino que dará por hecho que ya sabe qué cosa nos gusta y cuáles son nuestras exigencias y que con cualquier cosa nos contentaremos.
¡Va siendo que no chucha! Ni nos contentamos con esto ni de repente eres nuestro gallo. Nosotros estamos aquí por el premio, gracias.

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