LA REINA DE LA ANARCUMBIA ES
CULTURAL
Rígel Solís Rodríguez
Fastidian los
debrayes acerca de lo que es low-art y high-art y las discusiones relativas a
la baja o alta cultura o el arte popular contra el académico. Por otro lado,
estoy de acuerdo en clasificar las obras en géneros y subgéneros, con los
apellidos que sean requeridos con el único fin de ordenarlas y evitar que la
gente pierda su tiempo buscando pechuga de pollo en el departamento de
electrodomésticos o lavadoras en el de frutas y verduras.
Igualmente creo
que en la Cultura cabe mucho, y el hecho de catalogar sus diversas
manifestaciones puede ayudarnos a un mejor entendimiento y a no buscar el disco "La Descarada" de Amandititita en la sección de música académica barroca, donde
seguramente hallaremos los de Bach y Händel. Por tanto, saber que Amandititita,
la reina de la anarcumbia, hace música cumbia pop con temática urbana y
lenguaje irreverente no la condena ni la califica, solamente la sitúa dentro
del infinito cosmos cultural.
Y como yo cuando
digo una cosa digo otra, la neta, la hija de la leyenda del rock urbano,
Rockdrigo González, me gusta tanto que chance hasta me casaba con ella, bueno,
con ella y con esa chava buenota que pasa junto a mí desparramando exquisitez
como pavo real sin siquiera voltearme a ver, vaya, como Güera Televisa. La
diferencia es que de la primera se puede decir que es naca, chaparra y fea pero
también inteligente, talentosa y sincera, mientras que de la segunda solamente
que está muy buena.
Como dice la
primera rola del disco La Descarada, la gente bonita, “educada” por las
televisoras nacionales, pensará que a la intérprete y compositora le hacen
falta silicones, un metro de altura y un cuerpo de escultura para que digan que
su música es cultura. La verdad es que el álbum es un auténtico trancazo para
mover el bote con ritmo sabrosón y letras cotidianas pero inteligentes.
Luego de pintar su
raya con las güeras televisa y con todas aquellas con pose de divas, la reina
cultural, que no escultural, pone a gritar Odio a mi jefe a todos los que
tienen esas inclinaciones afectivas hacia su patrón laboral, explotador y
mamón. La cumbia no cesa y, mientras la pista de baile es pulida con cachondos
zapateos, la chinga recae en las necias empalagosas bajanovios en el pleito femenino
por los galanes, un disco que al fin y al cabo habla de amor y desamor.
Después, la
canción Paso de ti trae el ritmo de sus bocas que ni con litros de aguardiente
se volverán a besar pues, ella a él, ya no lo traga. Al bloque de canciones
cursis llega el track número cinco, La ex, dirigida a las gatas en celo del
pasado amoroso del novio en turno: aunque hagas marionetas como el circo de
solei no van a volver, como los Beatles no van a volver, porque tu novio ya no
es.
Continúa la
historia del que estudió en Bellas Artes pero el único ballet que le da de
comer es el Valet Parking a ritmo de quebrándose, quebrándose. Y como en los
bailes populares se anuncia a la Descarada y ella irrumpe con desfachatez para
burlarse de los “artistas” mierderos del mainstream, riéndose en su cara sin
importarle el qué dirán, prefiriendo agradar a los animales que a los
“intelectuales”.
A las canciones
cortas pero contundentes se suma A chingá te vas, verdadero anti-himno de
borrachos que disfrutan pistear con sus amigos guarros, apestosos y
pedorrientos, y esto a ritmo de banda con toques gitanos venidos de quién sabe
dónde. El ritmo troca entonces de una cumbia pop a una cumbia electro mediante
beats cardíacos que acompañan la lírica que deja claro que los fatuos no la amedrentan
con su alharaca pues ésta proviene de un Cerebro de caca, y no se les ocurre
más que decirle naca porque ellos tienen… un cerebro de caca.
Para cerrar
literalmente con broche de oro el electro y el pop se agarran de las manos y se
visten de cursilería para dejar de lado la cumbia y poner a brincar a la
audiencia con Tu bling bling, que no es otra cosa que el supuesto sonido que
emite el brillo de una joya y que hace referencia al deslumbramiento por el ser
amado que destella belleza. Este final hace pensar que, en el amor, la onda es
buscar un rey o reina que no tenga cerebro de caca, que sea cultural, pero que
no está de más que también sea escultural. Así, Amandititita tiene dos de tres.
* * *
Rígel Solís Rodríguez. (Mérida, Yucatán) Estudió Ingeniería
Industrial en el Tecnológico de Mérida, profesión que no ejerce. En cambio, es
reconocido como escritor oportunista, sin oficio ni formación. Ha publicado
crónica, opinión y reseña cultural sin la menor relevancia. Cuentos de sexo, drogas y rock and roll…
es su primer libro de narrativa “en serio”



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