LOS OTROS COLOMBIANOS
Karín Mijangos
Además de
los tradicionales dulces que navegan por nuestras costas caribeñas, nos llega
de Locombia una lluvia de música fresca, carnosa y densa, como la flor que le
da fama. Durante el intercambio de discos, coincidieron en la colección de La
Quilla algunos de los jóvenes artistas que están produciendo interesantes paisajes,
de estos, presentamos un menú a catar.
Pernett nos trae
una canasta de productos galácticos curados en un cuarto oscuro. Los frutos
están saturados de los aromas del dub y el arrullo mojado de la madera de las
barcas; con ellos, el músico y vocal guía nuestro sobrevuelo por la orinoquía.
Con la fruta madura de este artista, el oyente degusta el ruido que está vibrando
en los antros subterráneos de Cali, estas propiedades son para conocedores.
Por su
parte Choc Quib Town ha llegado más cerca
nuestro, pues en meses pasados dio un concierto en la feria del libro de
Guadalajara. La banda engarza su hip-hop a las raíces de los integrantes, originarios
del Chocó, en el Pacífico colombiano. La región comparte con las costas de
Oaxaca y Guerrero, el mismo tipo sudor y el destino marginal de las comunidades
afrodescendientes en los países hispanoparlantes.
Sin
inmutarse, esta banda fusila con humor la realidad del barrio; esgrimen el
orgullo negro, su sabor, su fisonomía, su telegrafía gutural. Todo sucumbe a la
cálida empatía de los humos del reggae, cumbia, dance hall y otros sabores
caribeños.
¿Qué está
haciendo la banda mexicana en este sentido? ¿Alguien sabe? Por favor, es
urgente que nos cuente.
En la
misma sintonía del hibridismo, Sidestepper
nos suelta un fluido con toques electrónicos y voces que están destinadas a
narrar historias de amor, esperanza y diversión. Con ya dos discos en las
caderas de las pistas de baile, los beats que la tropa nos regala son la
respuesta suramericana al exponencial género del soundsystem. Engendran un
platillo inconfundiblemente colombiano, narcotizante, con sonidos de la neblina
en el cafetal y el aroma lúbrico de ranas en el agua. Cabe mencionar que en la
ensalada afrocolombiana hay una pizca importante de la canasta de Pernett.
Esta
mixtura preparada por un chef inglés, es uno de los mestizajes que la comunidad
melómana celebra.
Comenzando
a buscar tierra, deja su placa un cártel que bajo el nombre de Dub Killer Combo nos aporta una de las más
ricas bebidas, elaboradas a base de la destilada lucha contra Babylon,
acompañada de cinco vocales.
Bajos
profundos, percusiones zurciendo las cavernas del cerebro lleno de luciérnagas
y aves que huyen. A lo largo de la atmósfera armada, zigzagueantes profetas de
esta secta siembran la nota. Un ser extraño nos dirá la manera en que a partir
de ese momento, escucharemos a las próximas bandas de esta familia de fusiones.
“Root boy”
ameniza la cacería de víctimas del sistema, sus esquirlas calientes se
perciben: es imposible no bailar. Hasta el más europeo se sacude sin comprender
cómo sucede…; para quien sabe menear el cuerpo, es la banda sonora que anuncia
el orgasmo.
“Lions in
the jungle” nos deja cansados, expiados; al finalizar la ceremonia religiosa
habremos sacado un poco de la basura del sistema a base de los sonidos manufacturados
por el animal humano. Estaremos agradecidos, sonrientes…, recargados. Listos
para surfear la caída con los ojos finos.
Bomba Estéreo pone el rolo-bit
de la cumbia sicodélica para la floración nocturna, nos sirven la violencia y
la crueldad de la oscuridad citadina sazonada a las brasas, en la enervante
selva del electrocumbé.
Hemos
llegado a la fiesta de excesos: mucho sexo, olas de aguardiente, voltaje
peligroso en las bocinas, flujos de energía a más de 30ºC en las tinieblas de una
palapa, la humedad atmosférica al 98%, visibilidad: cero. El sentido más
importante desde ahora serán las oquedades de la piel. Cada milímetro deberá
ser estimulado, ¿qué esperas para quitarte la ropa?
La
sexualidad de su vocalista, su pasionalidad e inmediatez nos obligan al
hartazgo. Conviene dejarte arrastrar a la sima; el color de las sirenas, en
todo momento azuzará al fuego de alerta. La suplicante voz de la bailarina pide
no la dejarla sucumbir…, hazle caso, ella conoce la puerta marcada, sigue las
instrucciones para obtener su apetito. Si no estás dispuesto a acatar, estarás
perdiendo el tiempo.
Sin duda
será una de las veces en donde podrías desayunar en la cama de alguien que hoy no
conoces. Es muy seguro que el amanecer te vea.
Tienes
que ser consciente: llorarás de cansancio.
¿Dónde
buscar los sonidos de la selva, sino en uno de los puntos de gran biodiversidad
en Gaia?
Un ex
amigo me dijo que Sizzla era como escuchar a Bob Marley después de que éste se
metiera un perico. Sizzla tiene que oír lo que está pasando en Colombia: Los
músicos y melómanos estamos cosechando flores exóticas muy hermosas, abonadas con
la complejidad sonora de productos nativos: Alta toxicidad de raíces viejas con
receta joven, para desentumir los oídos nebulosos de los que aún duermen el
sueño americano.
¿Qué
esperas para googlearlos?
* * *
Karín
Mijangos.
Nació en el DF (1976) por accidente y vive en Mérida desde los cuatro
años. Participa en colectivos multidisciplinarios culturales y autogestivos. Es
integrante del Colectivo Alterarte (www.alterarte.com.mx) y La Quilla (www.laquilla.blogspot.com).
Escribe y pinta por pura diversión. No ha ganado ningún premio pero sí muchas
felicitaciones y algo de dinero para sobrevivir. Algo de su obra se ha
publicado en revistas de dudosa calidad y en dos libros colectivos de
escritores baratos.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deja tu comentario aquí