por Luis
Alberto Figueroa Pagés
LUIS BUÑUEL: (1900-1983)…Hombre
que murió hace veinticinco años y no deja de estar en todos los análisis hechos
al Séptimo Arte, por los que lo vimos vestir sus galas y no cesa en la memoria
de las nuevas personalidades que lo buscan en su obra artística.
Director de cine
español, hijo de un indiano que se enriqueció en Cuba. Una de las figuras más
geniales que ha dado la historia del arte universal, es autor de una serie de
películas muy personales en las que se hace patente la influencia del
movimiento surrealista y de la tradición del más crudo realismo español.
Ferviente amigo de Federico García Lorca, Rafael Alberti y Salvador Dalí, con
los que se introduce en el movimiento de la vanguardia artística de su época.
Después de hacer
de las suyas a través de la poesía
y el ensayo determinó asentarse en las aguas del cine, donde dijo reconocer el
mundo capaz de llenar todas las bolsas de sus aspiraciones creativas.
En la primera escena
de su primera película: Un perro andaluz (1929), el cineasta, muy joven, fuma
serenamente un cigarrillo y saca filo a
una navaja .Observa el cielo nocturno. Una nube pasajera bisecta la luna.
Buñuel (actor), con los dedos separa los
parpados de una mujer que mira como la
miramos. Buñuel acerca la navaja al ojo
abierto y lo rasga de un solo tajo. La visión se derrama. El universo se llena
de imágenes que corren el mundo a través de un cineasta que se resiste a perecer en la memoria de todos los cinéfilos que redundan el
visionaje de sus obras, la mas
honesta y clara de las representaciones de un gran artista en su perenne
estancia sobre la tierra.
Buñuel buscaba
escapar de lo trillado y dicho, de lo sobado, del lugar común en el orden
intelectual y en la esfera emocional, convencido, con razón de que el cine
necesitaba, al igual que las otras artes, mirar al hombre y a su circunstancia
natural y social con una pupila afilada, atenta a descubrir el trazo prístino
en lo visto antes y percibir aristas y matices
pasados por alto, espantar los fantasmas del derrotismo que lastraban la utilización de un lenguaje nuevo, dado a la
interpretación mas completa de la vida moderna... Sus sorprendentes dotes de observador de los
seres humanos, desde una perspectiva casi entomológica, a veces despiadada pero siempre inteligente, dan a su cine un
aire personal que impregna sus primeras y últimas realizaciones, realizadas en
España, Francia o México. Es importante
dedicar un momento de meditación póstuma hacia
un artista que se opuso, estoicamente, a la comercialización del alma
humana y del Cine, que nos ha provisto
de una obra ejemplar, en su condición creadora.
Tal parece que
estas características ya lo trajeron al mundo cinematográfico, lleno de los
pesares por la persecución y la incomprensión, no fue bien
recibido en los más importantes círculos
del cine a nivel mundial. ¡Que doloroso lo han percibido los cinéfilos y
críticos de la contemporaneidad que no pudieron conocer sus criterios al respecto, en su propia voz!
Sólo su obra final (las memorias) nos lo recuerdan a plenitud: “Mi último
suspiro”
Buñuel concibió la
pantalla como un tapiz mágico, transformador, al alcance exitoso de la vida
como la queremos hacer y vivir. La cámara cinematográfica como una navaja que
ejerce la mirada hacia el ser y su
mundo.
La unidad del cine
de Luís Buñuel nace de la contradicción entre la manera de
ver y las cosas vistas. Sus primeras películas proponen provocaciones que, más
que repetir, desarrolla a diversos niveles. Psicología, erótica o social con
respuestas a un drama interpretado en una lucha de visiones opuestas: la mirada
insatisfecha, condenada, peligrosa, contra la mirada confortable , conformista
consagrada; los ojos del mundo total,
contaminado, anhelante, revolucionario, contra la ceguera del orden
establecido.. Esa lucha tiene lugar a lo largo de un camino similar a la
aventura quijotesca, dispuesto a situarse a la intemperie.
Los personajes de
Buñuel son en su totalidad contradictorios en sus obsesiones y soledades, paranoicos,
masoquistas, fetichistas y místicos como Nazarin o Viridiana pero que poseen
una forma común de percepción, a través del erotismo o de la fraternidad, a través del
crimen o de la perversión, perciben un mundo
mas allá de sus propias pieles, y
esta percepción les obliga a actuar,
conectarse con ese mundo que quisieran transformar para realizar sus deseos.
En el camino, la unidad se dispersa en
opuestos. El sentido se fragmenta y la ruptura es el precio de la experiencia.
La paradoja de la poesía es que su alimento es esa ruptura y su función
construir una nueva unidad a partir de la síntesis de la originalidad perdida y
de la experiencia concreta. Prodiga en instantes de poesía asociativa, la
dialéctica de Buñuel es inseparable de la visión central del surrealismo:
reunir los opuestos, y en él esa reunión tiene lugar, se hace visible y
concreta para los sentidos aunque fuera
de los sentidos. La reunión tiene lugar fuera
de si mismo y se convierte en una manera personal de percibir lo real. El cine de Buñuel es
siempre fiel a su conflicto de origen en una decisión de conectarse con el
mundo o de rehusar ese vínculo.
El director tiene
una mirada cinematográfica que parte de la presencia de los objetos mas banales.
Buñuel utiliza comúnmente planos medios y generales estáticos que recogen sin comentarios una proliferación
desordenada, amontonada. La cámara
inmóvil retrata una vida que
fluye con vulgaridad, sin distinción, aunque con autonomía. Interviene así, una
técnica propia y precisa, fresca e innovadora; con una velocidad que no posee
otro cineasta, ese movimiento iguala,
enseguida conquista y finalmente supera el ritmo paralelo de la realidad. El
acercamiento, el “travelling” o el corte son convulsivos precisamente
en función de la neutralidad ambiente. Y el objeto, el rostro, el pie o
el gesto seleccionado entre el abundante e inmóvil desorden, adquieren un relieve insoportable y se revelan
en una conexión anteriormente
impensable con la totalidad, sin detenerse a celebrar el momento lírico. Así
vuelve a sumergirnos de inmediato en el
mundo ya creado a su propia concepción, no
solo cinematográficamente, están revertidos todos los recursos de la
creatividad artística en su obra..
La cámara se ahoga
en lo cotidiano como un acto de fe en lo maravilloso. Las hormigas recorren una mano cotidiana. La
leche se derrama sobre los muslos. La sangre sobre unas medias negras. Un par
de botines crean el contexto del deseo. Una vaca amanece en la cama de la
heroína como un pronóstico de inminente matriarcado. Con los trajes femeninos
que encuentra entre los restos del
naufragio, Robinsón sublima la soledad
en el transvestismo. Una campana
entre los dedos de un coreano, transforma el sórdido cuarto del burdel en otro lugar.
Las navajas esconden crucifijos.
De esta manera, el aislamiento,
el relieve y la nueva conexión de los objetos sirve para crear esas atmósferas
eróticas de Buñuel, no un erotismo ramplón, sino de las iluminaciones, las
tentaciones y la intranquilidad secreta. Eros aparece en sus películas cubierto de flores, brillantinas, mangas, medias,
flecos, tacones, cabelleras, corsés y peinetas. El tedio, la abulia y el
puritanismo religioso del occidente protestante reabre el apetito de este sexo
español; indecible, invisible, imaginable. Una secreta relación entre el placer y el pecado “Para mí - dice Buñuel- el placer erótico esta estrechamente ligado a
la idea de la religión. Sexo sin religión es
huevo sin sal”. Nada más cercano a la conceptualización moderna del
erotismo que se ha desbandado en su
patria, ya desorbitada en un mundo más
pornográfico y vulgar, que erótico.
La técnica de
Buñuel es parte esencial del gran
movimiento liberador del cine en cuanto éste representa una enérgica,
irrespetuosa y siempre estremecida totalización que va mas allá, o se queda mas
acá, de los cánones selectivos de su momento. El cine es una selva amazónica
que rodea y amenaza los simétricos
esquemas del buen gusto. Arte o no, el cine es cultura; signo, interrogante,
espejo y analogía, condensación de los tiempos que le preceden, espacio real,,
consagración y profanación de l mundo. Es
una forma ancha que da cabida a todo
lo consecuente con la imaginación humana
y el desenfreno del futuro. Bellocchio, Pasolini, Godard, Bergman, Buñuel, representan formas
generosas y violentas de la aspiración totalizante frente al afán reductivista
de los sistemas estéticos cerrados, impuestos por los comercializadores del séptimo arte que
lo andan trazando aun de límites preconcebidos en la modernidad
devastadora.
La autentica
vanguardia siempre es revolucionaria: combate la razón agotada del orden
imperante con el orden de una nueva
razón, que a los ojos de la razón convencional, resulta irracional, pero que,
para la razón revolucionaria, representa la apertura hacia la totalidad vedada por los sistemas
establecidos, dígase en cada nivel
social de la explicación humana.
Continuamente, con
esa técnica, mira fuera del limite de la
pantalla, hacia algo que no esta allí,
que la cámara no capta y que quizás es el mundo real de la narración elíptica
de Buñuel. Aprovecha el marco convencional de la pantalla (el encuadre) para
intensificar un espacio limitado sin sacrificar el espacio total que prolonga y envuelve en todas las
direcciones y dimensiones posibles del
simple punto de referencia que es la pantalla. La imagen nos remite incesantemente a nuestra propia mirada
libre para imaginar, extender, enriquecer un contexto tan vasto como lo deseemos, así nos
remite a una segunda película, cuya composición
corresponde a la imaginación de cada espectador.La acción de deconstruir
para llegar a construir otra valoración
de lo visualizado.
Y por
otra parte, sin sacrificar la totalidad,
Buñuel, inmerso en ella, reordena, yuxtapone, contamina entre si los objetos mas banales para revelar la
belleza en el inesperado encuentro, sobre una mesa, una máquina de coser y una sombrilla. Los objetos
dejan de cumplir sus funciones acostumbradas para convertirse en trofeos deslumbrantes e inalienables del fetichista, del masoquista, del sadista y
del ingenuo. Pero va más allá, su
percepción de los objetos es una crítica. Su
ataque permanente al sistema económico
burgués es parte sustancial de su educación surrealista. La comedia
anarquista parodia y devela el sentido
de la economía capitalista: el objeto de los objetos no es servir, sino
consumirse frenéticamente. En este sentido, Buñuel deriva mas de la tradición cómica que de la tradición épica del cine.. Acaso no fue Buñuel el primer cineasta en ocuparse críticamente de lo que hoy
llamamos y nos inunda, “la sociedad de
consumo”.En La edad de oro (1930),
el protagonista se atiborra de anuncios comerciales por las calles y estos le
provocan el deseo sexual. Para llegar a la satisfacción tiene que desbaratar todas las oponencias de
su entorno y contra ellas arremete sin piedad hasta que logra poseer a la muchacha, por encima de todo. Este creador
vio muy pronto lo que hoy es tan obvio
en el sentido de la economía, no es conservar
la riqueza, sino tomarla y consumirla rápidamente. En El ángel exterminador (1962) , extraordinaria tragicomedia;
veinte personas asisten a una cena. Pasan las horas y nadie se despide, los que
desean abandonar la casa descubren que no pueden traspasar el umbral. Atrapados
por las crisis generales y más modernas
del universo, veámoslo desde hoy. Las veinte personas comienzan un banquete con
cremas de almendras y terminan tratando
de comerse los unos a los otros en una escala de resentimientos ajenos a cualquier concesión humana. Buñuel,
con picardía desbordante los deja salir hacia la iglesia para que traten de
limpiar sus malas acciones e ideas. Los mismos personajes se
vuelven a sentir encerrados. Tal parece que esta vez el encierro será
eterno. Sobre la iglesia se cierne, invisible, la nube de Saturno. El destino
de la sociedad actual es consumirse consumiendo con voraces bocados de todas
las cosas hasta llegar a un final apocalíptico.: el
canibalismo a escala mundial. La metáfora buñueliana indica que es contrario a
la lógica del progreso moderno, fabricar un objeto y no consumirlo, trátese de
un detergente o de una bomba. Ahí está la fortaleza de Buñuel al radicar las concepciones de su genio. Señala,
claramente, que la destrucción nacerá de una abundancia limitada y por ello
vulnerable y mentirosa .El error principal de la burguesía es confundir al mundo con su inadecuada concepción del mundo.
Durante su carrera,
Buñuel ha sido objeto de los
ataques de una lista de censores
irreconciliables, policías, clérigos, amas de casa y gobernantes, que lo han
acusado violentamente y a la vez prohibido la exhibición de Viridiana en España. A
ellos el director les responde: “ni el bien esta donde la sociedad lo ubica, ni
el mal es el que la sociedad denuncia”.
Buñuel, como gran
artista, no se limita a reflejar el espíritu
del tiempo, lo critica, lo pone en duda, va más allá para indicar todo lo que la razón imperante
sacrifica y exilia. Cada filme suyo nos conduce a una epistemología aceptada
para enfrentarnos a lo que es incapaz de
conocerse dentro de esos límites. Negación que se levanta para desafiar, es
afirmación que se abre para indicar. Nacido de
la insatisfacción con el orden
agotado de una racionalidad, este arte, lejos de ser nihilista, proclama el
advenimiento de una nueva razón. Buñuel dijo” el sueño de la razón produce monstruos.
Si, la novedad es monstruosa a los ojos de la razón conservadora. Su cine
encarna esta exigencia de una libertad
nueva dispuesta a franquear límites que
hasta entonces se consideraban
naturales. Es una vasta metáfora sobre los fracasos y triunfos del ser contra otros. Nazarin y Viridiana, los dos personajes más interesantes de Buñuel son una pareja complementaria; el primero intenta
copiar a Cristo y los galeotes enseguida lo apedrean: Ella (Viridiana) que
quiere salvar a todos a través de la oración, es burlada, ofendida y robada por
los mendigos. La santidad abstracta, fracasa, no rebasa los límites de una
compasión repugnante. Viridiana no ha querido salvar a los
pobres; ha querido salvar su propia
imagen, impoluta de santidad. Su fracaso
es idéntico a la incapacidad de universalizar la redención
Detrás de Buñuel,
toda España, reyes y prostitutas, santos y enamorados, monstruos, locos y
bufones del delirio ascienden en sus películas. Las figuras de la salud, la
seguridad y el optimismo se pierden en
los laberintos de Hispanoamérica. La imitación de Cristo lleva al buen
padre Nazarin a la burla, la
riña, los celos, el odio y la cárcel. Así se
convence de que su devoción lo
convierten en enemigo del orden.. Esta
es una de las claves del cine buñueliano, lo
debemos ver a través del dilema
de una aventura o fenómeno contemporáneo; el temperamento religioso sin
convicción religiosa y dígase además de
cuanto conserva su veracidad y actualidad. El sacerdote pierde la fe en Dios
pero gana la confianza en el hombre;
Dice así” Sólo los hombres redimirán a los hombres”. Eso es lo importante,
aunque lo hagan en nombre de Dios. O Contra Dios. De esta manera se cierra el círculo
de la temática de Buñuel: el santo y los pecados se encuentran y se confunden.
Todo el sentido de la critica, la violencia , el escándalo y el humor,
consiste en esta negación de la
negación. El bien y el mar desaparecen de la comunidad. Cada afirmación de
Buñuel nos revierte a su negación. Y cada negación cicatriza en una nueva afirmación.
Su obra es todo eso
y dice más, ajena a los modos usuales del cine de su tiempo, en una alternación
del subconsciente y la conciencia, de la realidad material, inmediata, y del
mundo onírico, con una fabulosa variedad de imágenes, de metáforas y símbolos,
muestra de su imaginación y fantasía, de tajante ironía y de humor ácido,
corrosivo y divertido con mucha
travesura técnica.
Mas allá de estas
representaciones criticas de la aspiración humana, en la filmografía de Buñuel
no encontraremos soluciones fáciles. En todo caso, su visión es paralela a un
movimiento continuo de fusiones, ambivalencias
y transformaciones que nos conducen
a una síntesis inquietante.
Es indiscutible que
el cine en manos de Buñuel es libertad,
porque es capaz de entregarnos su visión
desarmada y responsabilizarnos, como espectadores, a buscarle el sitio a las
cosas y a las ideas incluso, hacernos nuestras propias conclusiones.
No parece ilícito
entonces, preguntarnos: ¿cuál es el ánimo político del cine de Buñuel?
He aquí la respuesta
mas acertada a la pregunta y no
casualmente esta respondida por el mismo LUIS BUÑUEL: “En la época del surrealismo,
todo parecía mas claro y mas fácil. Era posible atacar sorpresivamente a la Burguesía , que estaba
totalmente segura de si misma y de la bondad de sus instituciones. Ahora, todo
ha cambiado. El capitalismo ha desarrollado reflejos de defensa. La maldita
publicidad lo absorbe todo. Lo convierte todo en moda inocua...Sin embargo, el
mundo de hoy no es mejor que el mundo de 1929. Al contrario, es peor, por la
confusión y el engaño. Si, soy pesimista, pero en el buen sentido. En cualquier
sociedad, el artista tiene una misión, quizás
su eficacia es limitada y seguramente el
escritor, el cineasta, el pintor o el músico no pueden cambiar al mundo. Pero
si pueden mantener vivo un margen de disidencia continuo. El artista es el
eterno inconforme. Gracias al artista, el poder no puede nunca decir que todos están
de acuerdo con él…El pensamiento que me sigue guiando hoy, a los setenta y
cinco años, es el mismo que me guió a los veintisiete años. Es una idea de
Engels. El artista describe las
relaciones sociales autenticas con el
objeto de destruir las ideas convencionales
de esas relaciones, poner en crisis el optimismo del mundo burgués y
obligar al público a dudar de la perennidad del orden establecido. El sentido
final de mis películas es ese: decir una
y otra vez, por si alguien lo olvida o cree lo contrario, que no vivimos en el
mejor de los mundos. No se si puedo
hacer más”


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deja tu comentario aquí