domingo, marzo 04, 2012

El Director cinematográfico más cruel


por Luis Alberto Figueroa Pagés


LUIS BUÑUEL: (1900-1983)…Hombre que murió hace veinticinco años y no deja de estar en todos los análisis hechos al Séptimo Arte, por los que lo vimos vestir sus galas y no cesa en la memoria de las nuevas personalidades que lo buscan en su obra artística.
Director de cine español, hijo de un indiano que se enriqueció en Cuba. Una de las figuras más geniales que ha dado la historia del arte universal, es autor de una serie de películas muy personales en las que se hace patente la influencia del movimiento surrealista y de la tradición del más crudo realismo español. Ferviente amigo de Federico García Lorca, Rafael Alberti y Salvador Dalí, con los que se introduce en el movimiento de la vanguardia artística de su época.
Después de  hacer  de las suyas a través de la  poesía y el ensayo determinó asentarse en las aguas del cine, donde dijo reconocer el mundo capaz de llenar todas las bolsas de sus aspiraciones creativas.
En la primera escena de su primera película: Un perro andaluz (1929), el cineasta, muy joven, fuma serenamente un cigarrillo y  saca filo a una navaja .Observa el cielo nocturno. Una nube pasajera bisecta la luna. Buñuel (actor), con los dedos  separa los parpados de una mujer que  mira como la miramos. Buñuel  acerca la navaja al ojo abierto y lo rasga de un solo tajo. La visión se derrama. El universo se llena de imágenes que corren el mundo a través  de un cineasta que se resiste a perecer en  la memoria de todos los  cinéfilos que redundan  el  visionaje de sus obras, la  mas honesta y clara de las representaciones de un gran artista en su perenne estancia sobre la tierra.
Buñuel buscaba escapar de lo trillado y dicho, de lo sobado, del lugar común en el orden intelectual y en la esfera emocional, convencido, con razón de que el cine necesitaba, al igual que las otras artes, mirar al hombre y a su circunstancia natural y social con una pupila afilada, atenta a descubrir el trazo prístino en lo visto antes y percibir aristas y matices  pasados por alto, espantar los fantasmas del derrotismo que lastraban  la utilización de un lenguaje nuevo, dado a la interpretación mas completa de la vida moderna...  Sus sorprendentes dotes de observador de los seres humanos, desde una perspectiva casi entomológica, a veces despiadada  pero siempre inteligente, dan a su cine un aire personal que impregna sus primeras y últimas realizaciones, realizadas en España, Francia o México. Es importante  dedicar un momento de meditación póstuma  hacia   un artista que se opuso, estoicamente, a la comercialización del alma humana y del Cine, que  nos ha provisto de una obra ejemplar,  en su  condición creadora.
Tal parece que estas características ya lo trajeron al mundo cinematográfico, lleno de los pesares  por la  persecución y la incomprensión, no fue bien recibido en los  más importantes  círculos  del cine a nivel mundial. ¡Que doloroso lo han percibido los cinéfilos y críticos de la contemporaneidad que no pudieron conocer  sus criterios al respecto, en su propia voz! Sólo su obra final (las memorias) nos lo recuerdan a plenitud: “Mi último suspiro”
Buñuel concibió la pantalla como un tapiz mágico, transformador, al alcance exitoso de la vida como la queremos hacer y vivir. La cámara cinematográfica como una navaja que ejerce la mirada hacia  el ser y su mundo.
La unidad del cine de  Luís Buñuel  nace de la contradicción entre la manera de ver y las cosas vistas. Sus primeras películas proponen provocaciones que, más que repetir, desarrolla a diversos niveles. Psicología, erótica o social con respuestas a un drama  interpretado  en una lucha de visiones opuestas: la mirada insatisfecha, condenada, peligrosa, contra la mirada confortable , conformista consagrada; los ojos del mundo total,  contaminado, anhelante, revolucionario, contra la ceguera del orden establecido.. Esa lucha tiene lugar a lo largo de un camino similar a la aventura quijotesca, dispuesto a situarse a la intemperie.
Los personajes de Buñuel son en su totalidad contradictorios en sus  obsesiones y soledades, paranoicos, masoquistas, fetichistas y místicos como Nazarin o Viridiana pero que poseen una forma común de percepción,  a través  del erotismo o de la fraternidad, a través del crimen o de la perversión, perciben un mundo  mas allá de sus  propias pieles, y esta  percepción les obliga a actuar, conectarse con ese mundo que quisieran transformar para realizar sus deseos.
 En el camino, la unidad se dispersa en opuestos. El sentido se fragmenta y la ruptura es el precio de la experiencia. La paradoja de la poesía  es que  su alimento es esa ruptura y su función construir una nueva unidad a partir de la síntesis de la originalidad perdida y de la experiencia concreta. Prodiga en instantes de poesía asociativa, la dialéctica de Buñuel es inseparable de la visión central del surrealismo: reunir los opuestos, y en él esa reunión tiene lugar, se hace visible y concreta  para los sentidos aunque fuera de los sentidos. La reunión tiene lugar fuera  de si mismo y se convierte en una manera personal de  percibir lo real. El cine de Buñuel es siempre fiel a su conflicto de origen en una decisión de conectarse con el mundo o de rehusar ese vínculo.
El director tiene una mirada cinematográfica que parte de la presencia de los objetos mas banales. Buñuel utiliza comúnmente planos medios y generales estáticos que recogen  sin comentarios una proliferación desordenada, amontonada. La cámara  inmóvil retrata una vida  que fluye con vulgaridad, sin distinción, aunque con autonomía. Interviene así, una técnica propia y precisa, fresca e innovadora; con una velocidad que no posee otro cineasta, ese movimiento  iguala, enseguida conquista y  finalmente  supera el ritmo paralelo de la realidad. El acercamiento, el “travelling” o el corte son convulsivos  precisamente  en función de la neutralidad ambiente. Y el objeto, el rostro, el pie o el gesto seleccionado  entre  el abundante e inmóvil  desorden, adquieren  un relieve insoportable  y se revelan  en una conexión  anteriormente impensable con la totalidad, sin detenerse a celebrar el momento lírico. Así vuelve a sumergirnos  de inmediato en el mundo ya creado a su propia concepción, no  solo cinematográficamente, están revertidos todos los recursos de la creatividad artística en su obra..
La cámara se ahoga en lo cotidiano como un acto de fe en lo maravilloso. Las   hormigas recorren una mano cotidiana. La leche se derrama sobre los muslos. La sangre sobre unas medias negras. Un par de botines crean el contexto del deseo. Una vaca amanece en la cama de la heroína como un pronóstico de inminente matriarcado. Con los trajes femeninos que  encuentra entre los restos del naufragio, Robinsón sublima la soledad  en el transvestismo. Una campana  entre los dedos de un coreano, transforma  el sórdido cuarto del burdel en otro lugar. Las navajas esconden crucifijos.
De esta manera, el aislamiento, el relieve y la nueva conexión de los objetos sirve para crear esas atmósferas eróticas de Buñuel, no un erotismo ramplón, sino de las iluminaciones, las tentaciones y la intranquilidad secreta. Eros aparece en sus películas  cubierto de flores, brillantinas, mangas, medias, flecos, tacones, cabelleras, corsés y peinetas. El tedio, la abulia y el puritanismo religioso del occidente protestante reabre el apetito de este sexo español; indecible, invisible, imaginable. Una secreta relación entre el placer  y el pecado “Para mí - dice Buñuel-  el placer erótico esta estrechamente ligado a la idea de la religión. Sexo sin religión es  huevo sin sal”. Nada más cercano a la conceptualización moderna del erotismo que se ha desbandado en su  patria, ya desorbitada en un mundo más  pornográfico y vulgar, que erótico.
La técnica de Buñuel es parte esencial del gran  movimiento liberador del cine en cuanto éste representa una enérgica, irrespetuosa y siempre estremecida totalización que va mas allá, o se queda mas acá, de los cánones selectivos de su momento. El cine es una selva amazónica que rodea y amenaza  los simétricos esquemas del buen gusto. Arte o no, el cine es cultura; signo, interrogante, espejo y analogía, condensación de los tiempos que le preceden, espacio real,, consagración y profanación  de l mundo. Es una forma ancha que da cabida  a todo lo  consecuente con la imaginación humana y el desenfreno del futuro. Bellocchio,  Pasolini,  Godard, Bergman, Buñuel, representan formas generosas y violentas de la aspiración totalizante frente al afán reductivista de los sistemas estéticos cerrados, impuestos por  los comercializadores del séptimo arte que lo  andan trazando aun de  límites preconcebidos en la  modernidad  devastadora.
La autentica vanguardia siempre es revolucionaria: combate la razón agotada del orden imperante  con el orden de una nueva razón, que a los ojos de la razón convencional, resulta irracional, pero que, para la razón revolucionaria, representa la apertura  hacia la totalidad vedada por los sistemas establecidos, dígase en  cada nivel social de la  explicación  humana.
Continuamente, con esa técnica,  mira fuera del limite de la pantalla, hacia algo  que no esta allí, que la cámara no capta y que quizás es el mundo real de la narración elíptica de Buñuel. Aprovecha el marco convencional de la pantalla (el encuadre) para intensificar un espacio limitado sin sacrificar el espacio  total que prolonga y envuelve en todas las direcciones  y dimensiones posibles del simple punto de referencia que es la pantalla. La imagen nos remite  incesantemente a nuestra  propia mirada  libre para imaginar, extender, enriquecer  un contexto tan vasto como lo deseemos, así nos remite a una segunda película, cuya composición  corresponde a la imaginación de cada espectador.La acción de deconstruir para  llegar a construir otra valoración de  lo visualizado.
 Y  por otra  parte, sin sacrificar la totalidad, Buñuel, inmerso en ella, reordena, yuxtapone, contamina entre si  los objetos mas banales para revelar la belleza en el inesperado encuentro, sobre una mesa,  una máquina de coser y una sombrilla. Los objetos dejan de cumplir sus funciones acostumbradas para convertirse en trofeos  deslumbrantes e inalienables  del fetichista, del masoquista, del sadista y del ingenuo. Pero  va más allá, su percepción de los objetos es una crítica. Su  ataque permanente al sistema económico  burgués es parte sustancial de su educación surrealista. La comedia anarquista parodia y devela  el sentido de la economía capitalista: el objeto de los objetos no es servir, sino consumirse frenéticamente. En este sentido, Buñuel deriva  mas de la tradición cómica  que de la tradición épica del cine.. Acaso  no fue Buñuel el primer cineasta  en ocuparse críticamente de lo que hoy llamamos  y nos inunda, “la sociedad de consumo”.En La edad de oro (1930), el protagonista se atiborra de anuncios comerciales por las calles y estos le provocan el deseo sexual. Para llegar a la satisfacción  tiene que desbaratar todas las oponencias de su entorno y contra ellas arremete sin piedad hasta que logra poseer a  la muchacha, por encima de todo. Este creador vio muy pronto lo que hoy es  tan obvio en el sentido de la economía, no es conservar  la riqueza, sino tomarla y consumirla rápidamente. En  El ángel exterminador (1962) , extraordinaria tragicomedia; veinte personas asisten a una cena. Pasan las horas y nadie se despide, los que desean abandonar la casa descubren que no pueden traspasar el umbral. Atrapados por las crisis generales  y más modernas del universo, veámoslo desde hoy. Las veinte personas comienzan un banquete con cremas de almendras y terminan  tratando de comerse los unos a los otros en una escala de resentimientos  ajenos a cualquier concesión humana. Buñuel, con picardía desbordante los deja salir hacia la iglesia para que traten de limpiar sus  malas acciones  e ideas. Los mismos personajes  se  vuelven a sentir encerrados. Tal parece que esta vez el encierro será eterno. Sobre la iglesia se cierne, invisible, la nube de Saturno. El destino de la sociedad actual es consumirse consumiendo con voraces bocados de todas las cosas  hasta  llegar a un final apocalíptico.: el canibalismo a escala mundial. La metáfora buñueliana indica que es contrario a la lógica del progreso moderno, fabricar un objeto y no consumirlo, trátese de un detergente o de una bomba. Ahí está la fortaleza de Buñuel al  radicar las concepciones de su genio. Señala, claramente, que la destrucción nacerá de una abundancia limitada y por ello vulnerable y mentirosa .El error principal de la burguesía es   confundir al mundo  con su inadecuada concepción del mundo.  
Durante su carrera, Buñuel  ha sido objeto de los ataques  de una lista de censores irreconciliables, policías, clérigos, amas de casa y  gobernantes, que lo  han  acusado violentamente y a la vez prohibido  la exhibición de Viridiana en España. A ellos el director les responde: “ni el bien esta donde la sociedad lo ubica, ni el mal es el que la sociedad denuncia”.
Buñuel, como gran artista,  no se limita a reflejar el espíritu del tiempo, lo critica, lo pone en duda, va más allá  para indicar todo lo que la razón imperante sacrifica y exilia. Cada filme suyo nos conduce a una epistemología aceptada para enfrentarnos  a lo que es incapaz de conocerse dentro de esos límites. Negación que se levanta para desafiar, es afirmación que se abre para indicar. Nacido de  la  insatisfacción con el orden agotado de una racionalidad, este arte, lejos de ser nihilista, proclama el advenimiento de una nueva razón. Buñuel dijo” el sueño de la razón produce monstruos. Si, la novedad es monstruosa a los ojos de la razón conservadora. Su cine encarna esta exigencia  de una libertad nueva dispuesta a franquear límites  que hasta entonces se consideraban  naturales. Es una vasta metáfora sobre los fracasos y triunfos  del ser contra otros. Nazarin y Viridiana, los dos personajes más  interesantes de Buñuel  son una pareja complementaria; el primero intenta copiar a Cristo y los galeotes enseguida lo apedrean: Ella (Viridiana) que quiere salvar a todos a través de la oración, es burlada, ofendida y robada por los mendigos. La santidad abstracta, fracasa, no rebasa los límites de una compasión repugnante. Viridiana no ha querido salvar a los pobres; ha querido salvar  su propia imagen, impoluta de santidad. Su fracaso  es idéntico a la incapacidad de universalizar la redención
Detrás de Buñuel, toda España, reyes y prostitutas, santos y enamorados, monstruos, locos y bufones del delirio ascienden en sus películas. Las figuras de la salud, la seguridad y el optimismo se pierden  en los laberintos de Hispanoamérica. La imitación de Cristo lleva al buen padre  Nazarin a la burla, la riña, los celos, el odio y la cárcel. Así se  convence de que su  devoción lo convierten en enemigo del orden..  Esta es una de las claves del cine buñueliano, lo  debemos ver a través del dilema  de una aventura o fenómeno contemporáneo; el temperamento religioso sin convicción religiosa y dígase  además de cuanto conserva su veracidad y actualidad. El sacerdote pierde la fe en Dios pero  gana la confianza en el hombre; Dice así” Sólo los hombres redimirán a los hombres”. Eso es lo importante, aunque lo hagan en nombre de Dios. O Contra Dios. De esta manera se cierra el círculo de la temática de Buñuel: el santo y los pecados se encuentran y se confunden. Todo el sentido de la critica, la violencia , el escándalo y el humor, consiste  en esta negación de la negación. El bien y el mar desaparecen de la comunidad. Cada afirmación de Buñuel  nos revierte a su  negación. Y cada negación  cicatriza en una nueva afirmación.
Su obra es todo eso y dice más, ajena a los modos usuales del cine de su tiempo, en una alternación del subconsciente y la conciencia, de la realidad material, inmediata, y del mundo onírico, con una fabulosa variedad de imágenes, de metáforas y símbolos, muestra de su imaginación y fantasía, de tajante ironía y de humor ácido, corrosivo y divertido con mucha  travesura técnica.
Mas allá de estas representaciones criticas de la aspiración humana, en la filmografía de Buñuel no encontraremos soluciones fáciles. En todo caso, su visión es paralela a un movimiento continuo de fusiones, ambivalencias  y transformaciones que nos conducen  a  una síntesis inquietante.
Es indiscutible que el cine en manos de Buñuel es  libertad, porque es capaz de  entregarnos su visión desarmada y responsabilizarnos, como espectadores, a buscarle el sitio a las cosas y a las ideas incluso, hacernos nuestras propias conclusiones. 
No parece ilícito entonces, preguntarnos: ¿cuál es el ánimo político del cine de Buñuel?
He aquí  la respuesta  mas acertada a  la pregunta y no casualmente esta respondida por el mismo LUIS BUÑUEL: “En la época del surrealismo, todo parecía mas claro y mas fácil. Era posible atacar sorpresivamente a la Burguesía, que estaba totalmente segura de si misma y de la bondad de sus instituciones. Ahora, todo ha cambiado. El capitalismo ha desarrollado reflejos de defensa. La maldita publicidad lo absorbe todo. Lo convierte todo en moda inocua...Sin embargo, el mundo de hoy no es mejor que el mundo de 1929. Al contrario, es peor, por la confusión y el engaño. Si, soy pesimista, pero en el buen sentido. En cualquier sociedad, el artista  tiene una misión, quizás su eficacia es limitada y seguramente  el escritor, el cineasta, el pintor o el músico no pueden cambiar al mundo. Pero si pueden mantener vivo un  margen  de disidencia continuo. El artista es el eterno inconforme. Gracias al artista, el poder no puede nunca decir que todos están de acuerdo con él…El pensamiento que me sigue guiando hoy, a los setenta y cinco años, es el mismo que me guió a los veintisiete años. Es una idea de Engels.  El artista describe las relaciones sociales autenticas  con el objeto de destruir las ideas convencionales  de esas relaciones, poner en crisis el optimismo del mundo burgués y obligar al público a dudar de la perennidad del orden establecido. El sentido final de mis películas  es ese: decir una y otra vez, por si alguien lo olvida o cree lo contrario, que no vivimos en el mejor de los mundos. No se si puedo hacer más


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