Por César Oropeza
¿Por qué el
arte habría de vincularse a la destrucción? Si en realidad el arte tiene que
ver con todo lo contrario, con la belleza, el pensamiento, la sensibilidad, la
habilidad de crear y la inventiva que nace de un proceso humano del pensamiento
positivo, de un proceso lleno de inspiración y entusiasmo para acercarlo a una
realidad física. Sobre alguna superficie o material tridimensional se forja un
material dominado con alguna técnica y la intuición. Se trabaja y materializa
con la intensión de ponerle alma, con su temática e ideas, con la esperanza de
que cuente con un lenguaje propio, sus pensamientos y conceptos, claros,
subjetivos en torno a su existencia; los que son, en la mayoría de los casos,
su motivo de vida. En realidad el arte es un valor, una referencia y suerte de
memoria, así como un vestigio de nuestro paso por el mundo.
ART
FOR DESTRUCTION es una respuesta del artista plástico ante el desinterés social
y de las instituciones culturales del país. Es una acción catártica vinculada a
los lamentables capítulos de la historia del arte, historia llena de amenazas
de muerte, con la pira encendida y siempre lista para convertir a la razón y la
belleza en cenizas negras y
sedimentos. Es la rebelión de la razón en contra de la incongruencia de la
absurda realidad en México y la falta de atención a su política cultural. Es
una posible respuesta que da pie a este documento de análisis e informe de un
proceso artístico sin el afán de ser panfletario, pero si con la convicción de
formular un cuestionamiento profundo, de despejar la incongruencia y un intento
más por despertar un cambio positivo, delimitar un área de acción, una llamada
de atención a la desolada situación del arte en México y este mundo que parece
no aprender de su pasado y orienta su interés y poder a la ignorancia. En determinado
momento lo preocupante es la significación del arte en una sociedad como
expresión humana y proyección de la conciencia colectiva e identidad. Dejado de
lado esto se encuentra lo verdaderamente revelador, un paisaje turbio para el
porvenir.
Es
posible desarrollar un proyecto artístico con los elementos mínimos, es posible
interesar al artista en proyectos vinculados a la preservación del patrimonio
cultural de su nación y obtener un compromiso total con su trabajo, pero esto
no es suficiente para el desarrollo y el progreso. Siempre se ve truncada la
creatividad y los proyectos de arte inconclusos por la falta de apoyos y
sensibilidad, por la carencia de valores y respeto al esfuerzo individual del
creador.
En
el 2008 surge la idea de hacer un mural itinerante en un ejercicio de memoria.
Abanderado por la Orden del Cister, A.C., dicho mural, rendiría reconocimiento
y gratitud hacia algunos de los músicos, escritores, artistas visuales y del
performance, creadores y promotores, pertenecientes a la cultura subterránea de
la ciudad de México. Artistas que, a lo largo de 30 años, han dedicado su
talento a la generación y apertura a las artes de los más diversos géneros en
México, con todo en contra y sin opciones de divulgación o interés público o
gubernamental. En el 2010 la obra se encomienda al artista plástico César
Oropeza quien se compromete a realizar la encomienda con el apoyo de materiales
de la Secretaria de Cultura del Distrito Federal (único recurso de apoyo al
proyecto en el 2008).
En
octubre de 2010 la obra fue develada por el primer actor Don Germán Robles en
la delegación Iztacalco en el marco del festival Octubre Negro comenzando así
su itinerantica por varios recintos de la Ciudad de México. La pieza fue
invitada para exponerse en Leipzig, Alemania, durante el 20 aniversario del
festival Wave Gotik Treffen, el más importante en su género a nivel mundial. El
festival se realizó en junio del año 2011 reuniendo a más de cincuenta mil
personas en cinco días de actividades. El mural cumplió en tiempo y forma su
participación con gran aceptación e interés de los organizadores y asistentes,
aunado a una exposición individual del autor con los estudios del trabajo mural
y cinco piezas de gran formato de su más reciente trabajo.
Tras
una exhaustiva e infructuosa gestión y solicitud de apoyo a todas las
instituciones culturales de la Ciudad de México todo se llevó a cabo con
recursos del artista. Las respuestas negativas envueltas en el absurdo y lento
juego de los oficios entre dependencias semejaron un juego de pelota ardiente.
Se repitió la historia en una sociedad que nunca ha entendido la oportunidad
que representa el arte de cimentar su identidad. El artista decide, al concluir
la exhibición en Alemania, enviar la pieza a su desmantelamiento y destrucción
al estilo Fahrenheit para evitar la penosa labor de seguir arrastrando
doscientos sesenta kilos de arte mural que no tienen albergue en su país de
origen y que implican un problema de exportación. Dio fin entonces el viaje del
mural, sin regreso al final de la jornada y con el envió al olvido de los
personajes homenajeados en él.
La
quema de obras artísticas es una práctica generalmente promovida por
autoridades gubernamentales y suele ser motivada por conflictos bélicos o por
objeciones morales, políticas o religiosas vinculadas al fanatismo ideológico.
En nuestros días el artista, como podemos observar en este caso particular, es
el que manda su pieza al fuego. ART FOR DESTRUCCION se revela ante la
indiferencia e incapacidad institucional de la preservación del patrimonio
artístico contemporáneo.
¿Por qué los
artistas tendrían que destruir su trabajo en pleno siglo XXI?
Esta acción
¿es un nuevo proceso de adaptación a nuestra realidad sin mercado e interés
público?
En realidad
¿una obra de arte deja de existir con su destrucción física?
¿Importa la
desaparición de este mural al gobierno mexicano y sus instituciones culturales?
¿ART FOR
DESTRUCTION es el futuro para más piezas de arte?
Pieza
destruida
Mural de la
Escena Obscura Mexicana
Mural en
óleo/madera 11 m. de largo por 244 cm. de altura
Autor: César
Oropeza
2010-2011
Fuera del
interés y el inventario del arte nacional


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deja tu comentario aquí