viernes, febrero 17, 2012

Art for destruction




















Por César Oropeza

¿Por qué el arte habría de vincularse a la destrucción? Si en realidad el arte tiene que ver con todo lo contrario, con la belleza, el pensamiento, la sensibilidad, la habilidad de crear y la inventiva que nace de un proceso humano del pensamiento positivo, de un proceso lleno de inspiración y entusiasmo para acercarlo a una realidad física. Sobre alguna superficie o material tridimensional se forja un material dominado con alguna técnica y la intuición. Se trabaja y materializa con la intensión de ponerle alma, con su temática e ideas, con la esperanza de que cuente con un lenguaje propio, sus pensamientos y conceptos, claros, subjetivos en torno a su existencia; los que son, en la mayoría de los casos, su motivo de vida. En realidad el arte es un valor, una referencia y suerte de memoria, así como un vestigio de nuestro paso por el mundo.
ART FOR DESTRUCTION es una respuesta del artista plástico ante el desinterés social y de las instituciones culturales del país. Es una acción catártica vinculada a los lamentables capítulos de la historia del arte, historia llena de amenazas de muerte, con la pira encendida y siempre lista para convertir a la razón y la belleza en cenizas negras y sedimentos. Es la rebelión de la razón en contra de la incongruencia de la absurda realidad en México y la falta de atención a su política cultural. Es una posible respuesta que da pie a este documento de análisis e informe de un proceso artístico sin el afán de ser panfletario, pero si con la convicción de formular un cuestionamiento profundo, de despejar la incongruencia y un intento más por despertar un cambio positivo, delimitar un área de acción, una llamada de atención a la desolada situación del arte en México y este mundo que parece no aprender de su pasado y orienta su interés y poder a la ignorancia. En determinado momento lo preocupante es la significación del arte en una sociedad como expresión humana y proyección de la conciencia colectiva e identidad. Dejado de lado esto se encuentra lo verdaderamente revelador, un paisaje turbio para el porvenir.
Es posible desarrollar un proyecto artístico con los elementos mínimos, es posible interesar al artista en proyectos vinculados a la preservación del patrimonio cultural de su nación y obtener un compromiso total con su trabajo, pero esto no es suficiente para el desarrollo y el progreso. Siempre se ve truncada la creatividad y los proyectos de arte inconclusos por la falta de apoyos y sensibilidad, por la carencia de valores y respeto al esfuerzo individual del creador.
En el 2008 surge la idea de hacer un mural itinerante en un ejercicio de memoria. Abanderado por la Orden del Cister, A.C., dicho mural, rendiría reconocimiento y gratitud hacia algunos de los músicos, escritores, artistas visuales y del performance, creadores y promotores, pertenecientes a la cultura subterránea de la ciudad de México. Artistas que, a lo largo de 30 años, han dedicado su talento a la generación y apertura a las artes de los más diversos géneros en México, con todo en contra y sin opciones de divulgación o interés público o gubernamental. En el 2010 la obra se encomienda al artista plástico César Oropeza quien se compromete a realizar la encomienda con el apoyo de materiales de la Secretaria de Cultura del Distrito Federal (único recurso de apoyo al proyecto en el 2008).
En octubre de 2010 la obra fue develada por el primer actor Don Germán Robles en la delegación Iztacalco en el marco del festival Octubre Negro comenzando así su itinerantica por varios recintos de la Ciudad de México. La pieza fue invitada para exponerse en Leipzig, Alemania, durante el 20 aniversario del festival Wave Gotik Treffen, el más importante en su género a nivel mundial. El festival se realizó en junio del año 2011 reuniendo a más de cincuenta mil personas en cinco días de actividades. El mural cumplió en tiempo y forma su participación con gran aceptación e interés de los organizadores y asistentes, aunado a una exposición individual del autor con los estudios del trabajo mural y cinco piezas de gran formato de su más reciente trabajo.
Tras una exhaustiva e infructuosa gestión y solicitud de apoyo a todas las instituciones culturales de la Ciudad de México todo se llevó a cabo con recursos del artista. Las respuestas negativas envueltas en el absurdo y lento juego de los oficios entre dependencias semejaron un juego de pelota ardiente. Se repitió la historia en una sociedad que nunca ha entendido la oportunidad que representa el arte de cimentar su identidad. El artista decide, al concluir la exhibición en Alemania, enviar la pieza a su desmantelamiento y destrucción al estilo Fahrenheit para evitar la penosa labor de seguir arrastrando doscientos sesenta kilos de arte mural que no tienen albergue en su país de origen y que implican un problema de exportación. Dio fin entonces el viaje del mural, sin regreso al final de la jornada y con el envió al olvido de los personajes homenajeados en él.
La quema de obras artísticas es una práctica generalmente promovida por autoridades gubernamentales y suele ser motivada por conflictos bélicos o por objeciones morales, políticas o religiosas vinculadas al fanatismo ideológico. En nuestros días el artista, como podemos observar en este caso particular, es el que manda su pieza al fuego. ART FOR DESTRUCCION se revela ante la indiferencia e incapacidad institucional de la preservación del patrimonio artístico contemporáneo.
¿Por qué los artistas tendrían que destruir su trabajo en pleno siglo XXI?
Esta acción ¿es un nuevo proceso de adaptación a nuestra realidad sin mercado e interés público?
En realidad ¿una obra de arte deja de existir con su destrucción física?
¿Importa la desaparición de este mural al gobierno mexicano y sus instituciones culturales?
¿ART FOR DESTRUCTION es el futuro para más piezas de arte?



Pieza destruida
Mural de la Escena Obscura Mexicana
Mural en óleo/madera 11 m. de largo por 244 cm. de altura
Autor: César Oropeza
2010-2011
Fuera del interés y el inventario del arte nacional 



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