Luis Arturo Arteaga Mtz.
[DF, 1986]

“La célebre cantante Celia Cruz dijo: «La salsa es música cubana con otro nombre: es mambo, cha-cha-chá, rumba, son... todos los ritmos cubanos bajo un solo nombre».”
¿Que toda la música tropical es salsa? ¡Error! Más bien es un género musical con hondas raíces y que merece una desambiguación en los términos, ya que es muy frecuente escuchar dicha concepción. Hablar de la música salsa es hablar de historia, y para hacerlo tenemos que remontarnos a la época colonial en nuestra América Latina, cuando oleadas de conquistadores europeos trajeron puñados de africanos con la finalidad de tener mano de obra gratis y lograr la explotación de la tierra y sus frutos. El inicio de ello tuvo lugar en la actual Cuba, a la que Colón llamó “Juana” en honor a la hija de los reyes católicos, hacia el año de 1492.
En el país caribeño habitaban diversos pueblos aborígenes como los Taínos y Siboneyes. Dichos pueblos tenían carácter tranquilo y nada bélico, lo que provocó su casi total desaparición; con ello los reyes de España autorizaron la exportación de africanos a la isla, al continente.
Con los africanos no sólo se importaron mano de obra esclava, sino nuevas costumbres, visiones de mundo, cosmogonías. La música africana, utilizada especialmente para acompañar las danzas rituales propias de su religión, en este caso Yoruba, fue importante dentro del choque cultural. Los yoruba provenían de la región africana que actualmente abarcan Nigeria y Níger, en el occidente de aquella tierra. Esa música yoruba se basa en el ritmo de clave, con el que los instrumentos que le acompañan forman un polirritmo, o sea varios ritmos alrededor del ritmo central, sin perder la intención musical. Las claves más comunes utilizadas en ese entonces, y en la actualidad, son las del son, la rumba y la samba. De acuerdo a los cronistas de la época, en el occidente de Cuba se desarrolló una música más europeizada, ya que hubo el sincretismo entre los ritmos e instrumentos africanos con los propios de los europeos, como el uso de la estructuración orquestal; ello posteriormente permitió la creación y acercamientos al jazz en los Estados Unidos.
Cabe destacar que la influencia africana en la música de la America Latina abarca desde el son, la rumba, el cha cha chá, el calipso, ello en el caribe, el jazz, blues, soul en Norteamérica, el tango y la samba en Sudamérica, y la cumbia en la zona baja de Centroamérica, y los que posteriormente se derivaron de ellos y aun perduran hasta nuestros días, como la bossa nova o el reggae.
Ahora bien, en esa música africana destacaba el uso de diversos tambores tales como bongoes, tumbadoras, congas, el yembé, el batá, cencerros, además de las claves, que son dos bastones de madera maciza de no más de veinte centímetros de largo por dos y medio centímetros de ancho; el ritmo dado por éstos se dá al golpearlos uno contra el otro y así se logra el ritmo base de la música yoruba. Ésta ultima como ya se dijo estaba, y aun en nuestros días, enfocada para utilizarse en las ceremonias y rituales yoruba, los cuales son en honor y para pedirle a los Orishas, deidades africanas que al llegar a América se sincretizaron con deidades cristianas. Ejemplo de ello es Yemayá, la cual equivale a la Virgen de Regla, muy adorada entre los marinos, o Changó, equivalente a Santa Bárbara y Obatalá, quién equivale a la Virgen de las Mercedes, santa patrona de Barcelona, España.
Al incursionar los instrumentos europeos, tales como la trompeta, el trombón, la flauta transversal, los timbales, que en las civilizaciones antiguas europeas también eran de uso religioso, la guitarra, entre otros, con los africanos, prácticamente fueron inseparables hasta la actualidad. Incluso la estructura musical se ha mantenido casi intacta hasta hoy, ya que se hilvanaban versos seguidos por coros, los cuales muchas veces sólo eran el nombre de la deidad, y los versos peticiones o simples palabras de adoración a la misma, o sea los famosos pregones, éstos a su vez “cantados” por un líder religioso. Hoy en día la estructura es básicamente versos que posteriormente llevan al montuno, que es donde el cantante improvisa entre los coros, posteriormente hay puentes de improvisación de los instrumentos, algo muy del jazz, y el final.
El baile durante los rituales yoruba originalmente era alrededor y delante del santo en grupo sin formar parejas. La contradanza tiene su inclusión a partir de la “contradance” francesa, la cual fue mezclada con los bailes religiosos africanos. El baile está compuesto por cuatro movimientos: paseo, cadena, sostenido y cedazo. Los dos primeros son de carácter tranquilo, mientras que el sostenido y el cedazo son de un tiempo rápido. Con el tiempo la contradanza pierde su carácter colectivo para bailarse en pareja.
A través de los siglos la música en Cuba tuvo cambios principalmente en el uso de instrumentos, además de enfocarse, los compositores cubanos, en la música de cámara, muy europea. La música popular se mantuvo al margen, pero sin dejar de evolucionar, incluso de innovar como es el caso de la aparición en el siglo diecinueve del tresillo cubano, el cual dio el clásico sabor tropical a la música de aquellas tierras, ejemplo de aquel ritmo es el hecho por el inconfundible piano.
En el siglo veinte, durante la época de la segunda guerra mundial, ya la música popular cubana había tomado una identidad propia y característica, permitiéndole al mundo conocer el danzón, la guaracha, los boleros, las guajiras, el son mismo, montunos, guaguancós. Por ejemplo, el danzón estuvo muy de moda a mediados del siglo diecinueve, la guaracha sustituyó las jácaras, que eran canciones pintorescas que se intercalaban durante la representación de obras de distintos autores del Siglo de Oro español en Cuba, el guaguancó es un tipo de rumba que se originó a raíz de la abolición de la esclavitud en la isla en mil ochocientos ochenta y seis y representa una fusión de varios rituales profanos afro-cubanos conocidos como rumbas. Ésta últimas tienen su origen en las danzas africanas, de las cuales hay tres variedades: el ya mencionado guaguancó, la columbia y el yambú.
A partir de los años cuarenta, ya con la dictadura de Fulgencio Batista y la apertura hacia la cultura norteamericana, el jazz jugó un papel importantísimo en el desarrollo de la música cubana, ya que al influir en la misma se creó el mambo, posteriormente el cha cha chá, ambos géneros de fama mundial. Los boleros, guajiras y otros ritmos tan solo fueron utilizados y fusionados durante el apogeo del mambo y el cha cha chá; no hubo una desaparición como tal.
A la llegada de la revolución en Cuba y el ascenso al poder de Fidel Castro a partir de mil novecientos cincuenta y nueve, Cuba quedó excluida de la entrada de cualquier tipo de manifestación artística o cuestiones relacionadas a los Estados Unidos de Norteamérica. El famoso embargo de los norteamericanos hacia Cuba no impidió que escapasen ritmos como el Mozambique y el songo, los cuales son considerados especies de proto salsa; a su vez miles de caribeños, no sólo cubanos pero si muchos de ellos, escaparon a los Estados Unidos, principalmente a Nueva York y Miami. A raíz de ello Cuba dejó de ser la capital mundial de la música tropical y le cedió el lugar a esas ciudades norteamericanas.
En Nueva York, los inmigrantes puertorriqueños abandonaron ritmos como la bomba y la plena para adoptar la música afrocubana. Los inmigrantes cubanos continuaron con esa tendencia y la combinaron con el jazz estadounidense. En la ciudad de Miami también hubo gran movimiento musical, ahí especialmente fue donde los cubanos echaron raíces geográficas y musicales (hoy en día es la ciudad de los Estados Unidos con mayor numero de cubanos; actualmente hay alrededor de seiscientos cincuenta mil personas de ascendencia cubana en la ciudad).
La música cubana interpretada en Nueva York desde 1960 fue liderada por músicos como Ray Barretto y Eddie Palmieri, influenciados por ritmos cubanos importados como la pachanga y el chachacha; si bien después de la crisis de los misiles de 1962, el contacto cubano-americano decayó profundamente,[] el resultado fue el crecimiento de la influencia puertorriqueña en la música cubana desarrollada en Nueva York. El crecimiento de la salsa moderna comenzó en las calles de Nueva York a finales de los 60 y principios de los 70. Por esta época, el pop latino no tomó una fuerza importante en la música americana, al perder terreno frente al doo wop, al R&B y al rock and roll; pero hubo unos pocos ritmos jóvenes para danzas latinas tales como el soul y la fusión de mambo boogaloo, pero la música latina dejó de ser parte importante de la música popular americana.
Los inicios de la salsa como tal conllevan a la mención de Fania Records, la cual impulsó de manera importante la música hecha por latinos en Nueva York. Fania fue fundada por el abogado italoamericano Jerry Massucci y el flautista puertorriqueño Johnny Pacheco, los cuales se dieron a la tarea de juntar músicos latinos, tales como Willie Colón, Hector Lavoe, Celia Cruz, Larry Harlow, Cheo Feliciano, Rubén Blades, entre otros.
La década de los años setenta fue el apogeo total de la música salsa y “la Fania” no sólo en Nueva York y los Estados Unidos como tal, sino a nivel internacional; muchos músicos y cantantes de Fania hicieron presentaciones e diversas partes de Latinoamérica, Europa, África, incluso en Japón. Durante esta época otras agrupaciones, no pertenecientes a Fania Records, fueron los puertorriqueños de “El Gran Combo”, los colombianos de “Fruko”, Oscar D´ León en Venezuela, entre otros. Fania se distinguió por ser iniciadora “comercial” de la salsa y por su sentido experimental en la realización de la misma. Es importante mencionar que fue aquí donde se pusieron las bases de la estructura más común de la salsa, la cual consiste en introducción, fase melódica, fase de ritmo o percusión llamada montuno, vuelta a la fase melódica y final.
Hacia los años ochenta la salsa sufrió grandes cambios, entre ellos la temática callejera y sobre el amor (salsa clásica o “dura”), hacia tópicos más románticos, con ello nacen la salsa romántica y la llamada salsa erótica o sensual; a partir de ello surgen disqueras como TH-Rodven y RMM, especializadas en la explotación del naciente subgénero. Estrellas dentro del mismo fueron Louie Ramírez y Noche Caliente, Frankie Ruiz y Eddie Santiago. Otro ritmo o subgénero creado a partir de la salsa en esa época fue la charanga vallenata, con marcada influencia colombiana, y teniendo como centro la ciudad de Miami y su máximo exponente en Roberto Torres (ejemplo de ello es la famosa canción “Caballo Viejo”).
En los años noventa, de nuevo en Cuba, surge otro subgénero llamado Timba, la cual tiene su origen principalmente en el son montuno, aunque ha recogido influencias de muchos otros estilos (jazz latino, funk, hip hop, música clásica, nueva trova, disco, reggaeton, éstos más actuales); se caracteriza por tener un ejercicio amplio del piano, percusión (batería y pailas) y metales (instrumentos de viento, sobre todo trompeta y trombón). Sus principales exponentes son los cubanos de “Los Van Van” y “NG la banda”. La década se vio enmarcada con voces de solistas como Luis Enrique, Marc Anthony, La India, Víctor Manuelle o Gilberto Santa Rosa, los cuales continuaron con el sentido romántico de la salsa, obviando en buena medida lo erótico. En ésta época la salsa fue desplazada un poco por la parición del merengue y la bachata.
A la entrada del nuevo siglo la salsa sigue vigente, ya sea erótica, dura, timba, o un simple coqueteo al jazz latino (por cierto éste muy famoso entre orquestas como la de Ray Barretto o la Orquesta Irakere de Chucho Valdés). Lo interesante es el desarrolló y las “mutaciones” que hasta nuestros días sigue teniendo, como el reggaeton con salsa de los últimos dos años; incluso es importante señalar la manera en que la salsa creó una forma especial para bailarse, de la cual existen grandes torneos y competencias a nivel mundial, habiendo bailarines de salsa profesionales asiáticos, africanos, incluso nórdicos y los diferentes estilos como el NY Style, L.A. Style o el estilo mexicano, conocido por su demostración en los “sonideros” callejeros oriundos de la Ciudad de México, además de los estilos propios de Cuba, Colombia, Puerto Rico, etc.
La salsa no sólo es música tropical, es la gran mezcla y más famosa de la misma, es el ejemplo vivo de cómo la música evoluciona y le da sentido e identificación a la naturaleza latinoamericana no únicamente de los caribeños, sino de todos los que habitamos este continente y hablamos español.
[DF, 1986]

“La célebre cantante Celia Cruz dijo: «La salsa es música cubana con otro nombre: es mambo, cha-cha-chá, rumba, son... todos los ritmos cubanos bajo un solo nombre».”
¿Que toda la música tropical es salsa? ¡Error! Más bien es un género musical con hondas raíces y que merece una desambiguación en los términos, ya que es muy frecuente escuchar dicha concepción. Hablar de la música salsa es hablar de historia, y para hacerlo tenemos que remontarnos a la época colonial en nuestra América Latina, cuando oleadas de conquistadores europeos trajeron puñados de africanos con la finalidad de tener mano de obra gratis y lograr la explotación de la tierra y sus frutos. El inicio de ello tuvo lugar en la actual Cuba, a la que Colón llamó “Juana” en honor a la hija de los reyes católicos, hacia el año de 1492.
En el país caribeño habitaban diversos pueblos aborígenes como los Taínos y Siboneyes. Dichos pueblos tenían carácter tranquilo y nada bélico, lo que provocó su casi total desaparición; con ello los reyes de España autorizaron la exportación de africanos a la isla, al continente.
Con los africanos no sólo se importaron mano de obra esclava, sino nuevas costumbres, visiones de mundo, cosmogonías. La música africana, utilizada especialmente para acompañar las danzas rituales propias de su religión, en este caso Yoruba, fue importante dentro del choque cultural. Los yoruba provenían de la región africana que actualmente abarcan Nigeria y Níger, en el occidente de aquella tierra. Esa música yoruba se basa en el ritmo de clave, con el que los instrumentos que le acompañan forman un polirritmo, o sea varios ritmos alrededor del ritmo central, sin perder la intención musical. Las claves más comunes utilizadas en ese entonces, y en la actualidad, son las del son, la rumba y la samba. De acuerdo a los cronistas de la época, en el occidente de Cuba se desarrolló una música más europeizada, ya que hubo el sincretismo entre los ritmos e instrumentos africanos con los propios de los europeos, como el uso de la estructuración orquestal; ello posteriormente permitió la creación y acercamientos al jazz en los Estados Unidos.
Cabe destacar que la influencia africana en la música de la America Latina abarca desde el son, la rumba, el cha cha chá, el calipso, ello en el caribe, el jazz, blues, soul en Norteamérica, el tango y la samba en Sudamérica, y la cumbia en la zona baja de Centroamérica, y los que posteriormente se derivaron de ellos y aun perduran hasta nuestros días, como la bossa nova o el reggae.
Ahora bien, en esa música africana destacaba el uso de diversos tambores tales como bongoes, tumbadoras, congas, el yembé, el batá, cencerros, además de las claves, que son dos bastones de madera maciza de no más de veinte centímetros de largo por dos y medio centímetros de ancho; el ritmo dado por éstos se dá al golpearlos uno contra el otro y así se logra el ritmo base de la música yoruba. Ésta ultima como ya se dijo estaba, y aun en nuestros días, enfocada para utilizarse en las ceremonias y rituales yoruba, los cuales son en honor y para pedirle a los Orishas, deidades africanas que al llegar a América se sincretizaron con deidades cristianas. Ejemplo de ello es Yemayá, la cual equivale a la Virgen de Regla, muy adorada entre los marinos, o Changó, equivalente a Santa Bárbara y Obatalá, quién equivale a la Virgen de las Mercedes, santa patrona de Barcelona, España.
Al incursionar los instrumentos europeos, tales como la trompeta, el trombón, la flauta transversal, los timbales, que en las civilizaciones antiguas europeas también eran de uso religioso, la guitarra, entre otros, con los africanos, prácticamente fueron inseparables hasta la actualidad. Incluso la estructura musical se ha mantenido casi intacta hasta hoy, ya que se hilvanaban versos seguidos por coros, los cuales muchas veces sólo eran el nombre de la deidad, y los versos peticiones o simples palabras de adoración a la misma, o sea los famosos pregones, éstos a su vez “cantados” por un líder religioso. Hoy en día la estructura es básicamente versos que posteriormente llevan al montuno, que es donde el cantante improvisa entre los coros, posteriormente hay puentes de improvisación de los instrumentos, algo muy del jazz, y el final.
El baile durante los rituales yoruba originalmente era alrededor y delante del santo en grupo sin formar parejas. La contradanza tiene su inclusión a partir de la “contradance” francesa, la cual fue mezclada con los bailes religiosos africanos. El baile está compuesto por cuatro movimientos: paseo, cadena, sostenido y cedazo. Los dos primeros son de carácter tranquilo, mientras que el sostenido y el cedazo son de un tiempo rápido. Con el tiempo la contradanza pierde su carácter colectivo para bailarse en pareja.
A través de los siglos la música en Cuba tuvo cambios principalmente en el uso de instrumentos, además de enfocarse, los compositores cubanos, en la música de cámara, muy europea. La música popular se mantuvo al margen, pero sin dejar de evolucionar, incluso de innovar como es el caso de la aparición en el siglo diecinueve del tresillo cubano, el cual dio el clásico sabor tropical a la música de aquellas tierras, ejemplo de aquel ritmo es el hecho por el inconfundible piano.
En el siglo veinte, durante la época de la segunda guerra mundial, ya la música popular cubana había tomado una identidad propia y característica, permitiéndole al mundo conocer el danzón, la guaracha, los boleros, las guajiras, el son mismo, montunos, guaguancós. Por ejemplo, el danzón estuvo muy de moda a mediados del siglo diecinueve, la guaracha sustituyó las jácaras, que eran canciones pintorescas que se intercalaban durante la representación de obras de distintos autores del Siglo de Oro español en Cuba, el guaguancó es un tipo de rumba que se originó a raíz de la abolición de la esclavitud en la isla en mil ochocientos ochenta y seis y representa una fusión de varios rituales profanos afro-cubanos conocidos como rumbas. Ésta últimas tienen su origen en las danzas africanas, de las cuales hay tres variedades: el ya mencionado guaguancó, la columbia y el yambú.
A partir de los años cuarenta, ya con la dictadura de Fulgencio Batista y la apertura hacia la cultura norteamericana, el jazz jugó un papel importantísimo en el desarrollo de la música cubana, ya que al influir en la misma se creó el mambo, posteriormente el cha cha chá, ambos géneros de fama mundial. Los boleros, guajiras y otros ritmos tan solo fueron utilizados y fusionados durante el apogeo del mambo y el cha cha chá; no hubo una desaparición como tal.
A la llegada de la revolución en Cuba y el ascenso al poder de Fidel Castro a partir de mil novecientos cincuenta y nueve, Cuba quedó excluida de la entrada de cualquier tipo de manifestación artística o cuestiones relacionadas a los Estados Unidos de Norteamérica. El famoso embargo de los norteamericanos hacia Cuba no impidió que escapasen ritmos como el Mozambique y el songo, los cuales son considerados especies de proto salsa; a su vez miles de caribeños, no sólo cubanos pero si muchos de ellos, escaparon a los Estados Unidos, principalmente a Nueva York y Miami. A raíz de ello Cuba dejó de ser la capital mundial de la música tropical y le cedió el lugar a esas ciudades norteamericanas.
En Nueva York, los inmigrantes puertorriqueños abandonaron ritmos como la bomba y la plena para adoptar la música afrocubana. Los inmigrantes cubanos continuaron con esa tendencia y la combinaron con el jazz estadounidense. En la ciudad de Miami también hubo gran movimiento musical, ahí especialmente fue donde los cubanos echaron raíces geográficas y musicales (hoy en día es la ciudad de los Estados Unidos con mayor numero de cubanos; actualmente hay alrededor de seiscientos cincuenta mil personas de ascendencia cubana en la ciudad).
La música cubana interpretada en Nueva York desde 1960 fue liderada por músicos como Ray Barretto y Eddie Palmieri, influenciados por ritmos cubanos importados como la pachanga y el chachacha; si bien después de la crisis de los misiles de 1962, el contacto cubano-americano decayó profundamente,[] el resultado fue el crecimiento de la influencia puertorriqueña en la música cubana desarrollada en Nueva York. El crecimiento de la salsa moderna comenzó en las calles de Nueva York a finales de los 60 y principios de los 70. Por esta época, el pop latino no tomó una fuerza importante en la música americana, al perder terreno frente al doo wop, al R&B y al rock and roll; pero hubo unos pocos ritmos jóvenes para danzas latinas tales como el soul y la fusión de mambo boogaloo, pero la música latina dejó de ser parte importante de la música popular americana.
Los inicios de la salsa como tal conllevan a la mención de Fania Records, la cual impulsó de manera importante la música hecha por latinos en Nueva York. Fania fue fundada por el abogado italoamericano Jerry Massucci y el flautista puertorriqueño Johnny Pacheco, los cuales se dieron a la tarea de juntar músicos latinos, tales como Willie Colón, Hector Lavoe, Celia Cruz, Larry Harlow, Cheo Feliciano, Rubén Blades, entre otros.
La década de los años setenta fue el apogeo total de la música salsa y “la Fania” no sólo en Nueva York y los Estados Unidos como tal, sino a nivel internacional; muchos músicos y cantantes de Fania hicieron presentaciones e diversas partes de Latinoamérica, Europa, África, incluso en Japón. Durante esta época otras agrupaciones, no pertenecientes a Fania Records, fueron los puertorriqueños de “El Gran Combo”, los colombianos de “Fruko”, Oscar D´ León en Venezuela, entre otros. Fania se distinguió por ser iniciadora “comercial” de la salsa y por su sentido experimental en la realización de la misma. Es importante mencionar que fue aquí donde se pusieron las bases de la estructura más común de la salsa, la cual consiste en introducción, fase melódica, fase de ritmo o percusión llamada montuno, vuelta a la fase melódica y final.
Hacia los años ochenta la salsa sufrió grandes cambios, entre ellos la temática callejera y sobre el amor (salsa clásica o “dura”), hacia tópicos más románticos, con ello nacen la salsa romántica y la llamada salsa erótica o sensual; a partir de ello surgen disqueras como TH-Rodven y RMM, especializadas en la explotación del naciente subgénero. Estrellas dentro del mismo fueron Louie Ramírez y Noche Caliente, Frankie Ruiz y Eddie Santiago. Otro ritmo o subgénero creado a partir de la salsa en esa época fue la charanga vallenata, con marcada influencia colombiana, y teniendo como centro la ciudad de Miami y su máximo exponente en Roberto Torres (ejemplo de ello es la famosa canción “Caballo Viejo”).
En los años noventa, de nuevo en Cuba, surge otro subgénero llamado Timba, la cual tiene su origen principalmente en el son montuno, aunque ha recogido influencias de muchos otros estilos (jazz latino, funk, hip hop, música clásica, nueva trova, disco, reggaeton, éstos más actuales); se caracteriza por tener un ejercicio amplio del piano, percusión (batería y pailas) y metales (instrumentos de viento, sobre todo trompeta y trombón). Sus principales exponentes son los cubanos de “Los Van Van” y “NG la banda”. La década se vio enmarcada con voces de solistas como Luis Enrique, Marc Anthony, La India, Víctor Manuelle o Gilberto Santa Rosa, los cuales continuaron con el sentido romántico de la salsa, obviando en buena medida lo erótico. En ésta época la salsa fue desplazada un poco por la parición del merengue y la bachata.
A la entrada del nuevo siglo la salsa sigue vigente, ya sea erótica, dura, timba, o un simple coqueteo al jazz latino (por cierto éste muy famoso entre orquestas como la de Ray Barretto o la Orquesta Irakere de Chucho Valdés). Lo interesante es el desarrolló y las “mutaciones” que hasta nuestros días sigue teniendo, como el reggaeton con salsa de los últimos dos años; incluso es importante señalar la manera en que la salsa creó una forma especial para bailarse, de la cual existen grandes torneos y competencias a nivel mundial, habiendo bailarines de salsa profesionales asiáticos, africanos, incluso nórdicos y los diferentes estilos como el NY Style, L.A. Style o el estilo mexicano, conocido por su demostración en los “sonideros” callejeros oriundos de la Ciudad de México, además de los estilos propios de Cuba, Colombia, Puerto Rico, etc.
La salsa no sólo es música tropical, es la gran mezcla y más famosa de la misma, es el ejemplo vivo de cómo la música evoluciona y le da sentido e identificación a la naturaleza latinoamericana no únicamente de los caribeños, sino de todos los que habitamos este continente y hablamos español.
(Texto publicado en la edición no.20 de Clarimonda. 4º Aniversario)

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