Viaje
místico a Tapalpa
Manuel Noctis
Cuando me hicieron la invitación para ir a conocer el
maravilloso y enigmático pueblo de Tapalpa, en la sierra de Jalisco, nunca me
imaginé que en el camino sucederían
tantas situaciónes extraordinarias, “señales intrapersonales” como le denominamos
aquella noche. El viaje inició “mal”. Después de una larga noche festejando a
uno de mis hermanos por su cumpleaños, el despertador marcaba las 7 am, pero,
me fue difícil despertar y no supe cómo pero me volví a quedar dormido. Era un día
sábado 16 de diciembre (2006) y tenía que salir –supuestamente- antes de las
10:30 am para llegar a buena hora a Guadalajara. Pero cuando nuevamente pude despertar
me di cuenta que ya eran las 10 y como pude me bañé, semiarreglé la maleta y
salí rumbo a la Central de Autobuses en Morelia. Abordé el autobús de las 11:45
am y me fui.
Llegué
alrededor de las 3 pm, pero no fue sino hasta las 5 que por fin pude
encontrarme con Carolina, una de las personas con quien emprendimos ese viaje
–y quien no me creía que realmente iría-. Muy confiados nos fuimos hacia la “otra”
Central (la vieja), el último camión que iba hacia Tapalpa salía a las 6 pm.
Entre tráfico, cosas que llevar y descuidos llegamos cinco minutos después y el
camión ya había salido. ¡No manches! Mencionó
Caro. Entre disgustos y lamentaciones decidimos marchar de regreso hacia una
especie de centro botanero en el centro de la ciudad, para comer algo ya que
había salido desde Morelia sin probar alimento alguno. Nos instalamos; botana y
chelas llenaron la pequeña mesa.
Ya
estando ahí aprovechamos para platicar sobre proyectos, nuestras respectivas
vidas artístico-culturosas –contarles cómo nos conocimos, durante uno de los
eventos de La Otr@ Fil, meses antes en el bar Barra de Tómas sería cuestión de
otra crónica-, sobre las prominencias de la revista Clarimonda y
presentaciones, hasta que un amigo de Caro se presentó muy emocionado
invitándonos a un rave, con la premisa
de festejar el fin de año y pues ¡Chido,
vamos no! pues ya hace rato que ansiaba ir a uno, les absolví,. Llegamos al
lugar –a unos cuantos kilómetros del rancho Los Potrillos-, sólo había una
cabina con un Dj y música de todos los géneros, nada de música característica
de un rave. Además de muchos fresitas bien vestidos y relamidos. Nos mirábamos continuamente
como diciendo ¡Qué pedo! ¿Y el rave? Lo interesante fue que también había una
enorme hielera como de 3 x 2 mts. Llena totalmente de chelas, de las cuales
podíamos disponer a nuestro antojo.
Cuando
decidimos marcharnos, aprovechando que eran gratis, me clavé dos chelas en las
bolsas delanteras de mi pantalón, dos en las de atrás y otras dos en las manos,
¡Pues es gratis no?, mencioné y mis
amigos rieron, agregando ¡No manches
Noctis, te pasas! Subimos a la camioneta y nos dirigimos a una taquería
dizque muy famosa en un lugar de cuyo nombre no quiero recordar. Llegamos y ya
no había nada, entonces comenzamos a sospechar, indirectamente, sobre mi
presencia-malasuerte, pero no hicimos suficiente alarde.
Ya
nos íbamos del lugar y se me ocurrió ir al baño (esos malditos baños que no me
abandonan), así que regresé a la taquería y como disimulando le pregunté al
señor que atendía si tenía tacos ¡No
güerito, ya no hay! Me dijo “güeeeeriiitooo” –en ese entonces me re-encabronaba
que me dijeran así-. ¿Puedo pasar a su
baño? Le pregunté. ¡Si güerito,
pásele! De nuevo me dijo así, me molesté un poco y, entre güerito y güerito
me metí al baño. Mientras fluían mis deshechos fecales me percaté que ahí, en
el baño, tenían las rejas con refrescos y recordando que uno de los amigos
traía una botella de “Reyes” –me tenía que acoplar a su ambiente-, que me clavo
dos Pepsis dentro de mi pantalón y me salí como si nada, dándole las gracias al
señor taquero que tan amablemente me había dicho ¡güerito! Me subí a la
camioneta, saqué los refrescos y una vez más todos al unísono: ¡No manches Noctis, lacra! Lo que pasó
después no importa mucho, pues sólo nos dedicamos a tomar “Reyes”, platicar muy
poco, ahogar un Hammster en chela –por un descuido juguetón del dueño- e ir a dormir como a las 3 de la mañana para,
ahora sí, salir temprano hacia Tapalpa.
Eran
las 10:30 am cuando desperté con esa
amarga sensación a crudo, como dicen los de Panteón Rococó. ¡Chin güey, ya es bien tarde! Les dije y
se levantaron todos. Para la cruda iríamos por unos licuados ¡Bien cabrones! Dijo Caro, ¡De esos que te dan pa’ arriba! Y ahí
vamos, domingo 17 de diciembre a las 12 del medio día y cuál fue nuestra
sorpresa que ya no había famosos licuados, ¡Pinche
Noctis salado! Me dijeron –ahora sí- atrevidamente los presentes. ¿Quéeee? ¡Yo no tengo la culpa de que a las
12 del día quieran encontrar unos pinches licuados, yo por eso les dije que
unos tacos de barbacoa o algo así! Mencioné. Y pues ni modo, yogurts,
yakult’s y jugos compramos en la tienda, ahora sí nos fuimos rumbo a la
central, donde por fortuna encontramos camión de salida muy pronto. Ya despuesito
la bronca fue que me dijeron que el camión hacía 3 horas de camino, yo dije ¡No manches, es como regresar a Morelia! Pero
bueno, ya íbamos.
Como
a las 2 horas de trayecto se escuchó un ruido extraño y el camión se detuvo,
creímos que se le había ponchado una llanta y me dice Caroline ¡Noctis, llegando te vamos a bañar en el río
para que te purifiques! (Jajaja) la inevitable risa. Por “suerte”, sólo se
le había tronado el regulador de velocidad que traen en las llantas.
Continuamos el camino. En Tapalpa nos instalamos en unas cabañas a las afueras
del pueblo, realmente cerca del centro de la población. La vista era beautiful-nice, con sus paisajes muy
coloridos, agradables y disfrutables, aunque con mucho viento frío.
Compramos
aguas, refresco, papas y emprendimos camino hacia las famosas Piedrotas que se
encuentran postradas a unos kilómetros del pueblo, enormes piedras que como se dice
por ahí ¿Quién pudo llevarlas hasta ese lugar? ¡Quién sabe, pero ahí están!
Realmente es sorprendente mirar a tu alrededor y encontrarte a estos “gigantes”
de piedra. La historia de cómo llegamos ahí la resumo: hacía mucho sol, mi
amiga decía que llegaríamos caminando, a unos cuantos minutos yo ya quería
pedir un taxi (jaja, pero no se lo dije, además no había por esos rumbos) y de
pronto apareció un buen hombre en su combi, muy jipi él, quien se dirigía al
rumbo y nos echó un aventón.
Nos
instalamos para botanear y echar la chelita, mientras platicábamos algunas
cosas se nos fue acercando una manada de vacas con sus críos, al principio no
le tomé importancia pero llegó un momento en que era imponente la manera que
nos miraban; nosotros sentados en el piso y ellas que se acercaban cada vez
más, hasta el punto en que nos rodearon, nos veían fijamente. Yo no aguante
tanta fijación, creí que nos atacarían o algo así, fue algo desconcertante, por
primera vez un animal de esta índole me había intimidado tanto, ¡Le corremos? Mencioné, ¡Aguanta Noctis! Me contestó Caro. ¡No manches cabrón, esa vaca está enorme!
Y comenzó a reírse pero de mí. Las vacas sólo nos observaban fijamente, sin
mayor complicación; a mí me pareció una eternidad el acecho vacuno.
Hasta
la fecha no he podido entender por qué me provocaron tanta intimidación, cuando
de niño en el rancho de mi abuelo pasaba la mayor parte de mi tiempo observando
sus animales. Ese momento fue como si me estuvieran revelando algo a lo que yo
no estaba preparado, algo que con lo que toda la tarde me estuvieron
atormentando, con eso de ¡Le corremos, le
corremos! De regreso agarramos otro aventón hacia el pueblo,
inevitablemente Caro me dijo: ¡Ya ves
Noctis, tú eres el mal pedo, tú traes la mala suerte! Aún desconcertado
reía, pensando en todo lo sucedido hasta el momento y por primera vez me la
estaba creyendo.
Una
vez bañados, cambiados y perfumados, salimos al centro de Tapalpa. Ya estaba
oscuro y el camino empedrado nos hacía tropezar a cada rato. Cuando íbamos
entrando al centro me di cuenta que ese pueblo era realmente como me decían: un
lugar mágico, lleno de misticismo, donde se han filmado infinidad de películas
como… El Arracadas, con Chente Fernández; un pueblo muy parecido a lo que es
Pátzcuaro o Erongarícuaro aquí en Michoacán (guardando todas las proporciones
entre uno y otros). Quedé maravillado con Tapalpa, además del apreciable cielo
estrellado, con esa sensación de poder alcanzar las estrellas (eso me sonó a
una canción) y tocarlas de tan poca distancia que denotaba este pueblo ubicado
en la sierra de Jalisco.
Después
de cenar, reconocer un poco el pueblo y comprar unas chelas, más chelas,
regresamos a las cabañas. Ahí platicamos ya más tranquilos. La charla era muy
amena, la noche muy cálida, hasta que a Caro se le ocurrió entrar al baño y al
momento de prender la luz… que se apaga todo. ¡No mames, un corto! Caro volteó a verme y le dije ¡Yo no fui! Soltamos la risa
inmediatamente. ¡Ya ves pinche Noctis,
todo nos ha pasado desde que llegaste! ¡Tú traes la mala suerte! Estuvo comiquísimo
(José Agustín pater-noster de la nostre counterculture, dixit). Entonces me
tocó ir a conseguir unas velas con los demás acompañantes, y así pasamos la
noche, con luz a medias, muchas risas, pocas cervezas, una de “Reyes” sin tomar
(no había refresco) y fucking música de Robbie Williams, porque no había más en
el celular.
A
la mañana siguiente sólo fuimos a comer algo al centro y regresamos a
Guadalajara. Terminé saliendo como a las 7 de la tarde rumbo a Morelia. En el
trayecto comencé a sentir un poco de melancolía, era algo raro, estaba extasiado
y se sentía una especie de bajón. Comencé a comprender muchas cosas, pensando
que desde un principio el no levantarme temprano y llegar tarde a Guanatos, que
nos dejara el autobús a Tapalpa en primera instancia, ir a un rave y no hallar
nada parecido, no encontrar tacos buenísimos, tampoco encontrar licuados famosísimos,
que se nos anduviera ponchando una llanta, el acecho de las vacas locas, que se
nos fuera la luz en la cabaña, etc. etc. etc. me hicieron pensar que entonces
realmente se había tratado de un viaje místico a Tapalpa, lugar que aguarda mis
entrañas, pues ese baño en la cabaña no se me fue vivo (chiste local).


No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deja tu comentario aquí