El inmortal paisano
Jonathan Ávila Guzmán
Hace algunos días, tres para ser exacto, se recordó el
natalicio de uno de los más grandes escritores que le ha dado México a la
sociedad internacional. Jalisciense de nacimiento y regionalista de corazón,
Juan Rulfo se consagró como uno de los más grandes escritores cuando presenta
su magistral novela Pedro Paramo.
¿Cómo no recordar aquellas palabras con las que abre el
autor a tan mística novela? En un principio se nos muestra la vida mísera de un
hijo abandonado y de una madre soltera que, en su lecho de muerte, empuja a su
hijo en una aventura mortífera, y mortífera no porque fuese a morir, sino
porque en el sentido literario, la historia nos adentra a un mundo
fantasmagórico que a la vez nos recuerda esa delgada línea que existe entre la
cultura de la muerte y la sociedad “viva”.
Lo más curioso de este gran escritor, no es su alta
cantidad de libros, sabemos con gran amplitud que la cantidad es superada por
la calidad. Con solo tres trabajos escritos, Rulfo lleva la palabra escrita a
las mentes perdidas de una sociedad que ya no se sabe si está en la vida o en
la muerte. Por una parte, amante del cine, Rulfo crea El gallo de oro, un guión cinematográfico que después de hacerse
perdido, distintas editoriales se disputan la originalidad de sus textos.
En la “pequeña” narrativa,
nos encontramos con el famoso libro de cuentos de El llano en llamas, una obra sumamente placentera para quienes aun
recordamos y añoramos el ruralismo o regionalismo de nuestro pasado. Rulfo
muestra el retrato histórico de un México que aun sigue vivo, aun cuando el
progreso haya llegado a las sociedades, México aun concentra su regionalismo
rural como una joya y a la vez como un tope.
Mitómano por naturaleza, el
autor se pierde entre las historias que pueden ser mentira, pero que el hace
realidad gracias a su gran dote narrativo. Sin negar sus raíces y anhelos de la
infancia, Rulfo siempre expresó el gusto por tener un nombre pequeño, de ahí
que solo firmara sus obras como Juan Rulfo y no como Juan Nepomuceno Carlos
Pérez Rulfo Vizcaíno.
Debo admitir que Juan Rulfo
tiene una influencia muy grande en mi narrativa, esa pasión ruralista y amor a
la tierra es algo que al mexicano le sobra, pero como tapatío, no puedo negar
mi parentesco ideológico como este maestro de la palabra, aunque no detengo en
su canon, si me sirvo de imitar algunos de sus estilos, no al grado de llegar
al plagio.
Ya después presumo mi
narrativa y mi mediocre palabra escrita, eso de mediocre es pa’ darme
publicidad, por ahora me quedo recordando a Rulfo, y festejando que me encontré
El gallo de oro en una librería en la
que nunca imaginé que podía encontrarlo, hasta la próxima.



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