domingo, marzo 03, 2013

EL IZCUINTLE; Usar ropa es todo un derecho, no una obligación.



Usar ropa es todo un derecho, no una obligación

Luis Enrique Anguiano Torres


Un día de estos, no sé cómo ni bajo qué circunstancias, pero quiero terminar reivindicando a la vestimenta como un privilegio renunciable, un derecho que es perpetuado a raíz de la historia de Adán y Eva.
El mito de la primer pareja tiene una pequeña maroma lógica que hay que resaltar antes de proseguir: fue después de comer el fruto del Árbol de la Ciencia que Don Ada y Doña Vita se dieron cuenta que no traían nada y se avergonzaron. Eso quiere decir que, uno, vivían en la total ignorancia permitida por el mismísimo creador del universo y, dos, que el desnudo es malo en sí mismo. Nada más lejos de la realidad. Como dijera Nietzsche, no existen fenómenos morales sino interpretaciones morales de los fenómenos.
¿Qué quiere decir esto? Que andar desnudo no tiene absolutamente nada de malo sino la manera en que la desnudez se percibe. Por ejemplo, algunas de las reglas de las playas nudistas van en el sentido de prohibir el erotismo o el sexo y respetar la privacidad de los demás (aunque anden con las pelotas al aire) no tomándoles fotos sin su consentimiento y no aprovechar la playa como lugar dónde elegir un buen ligue.
Viéndolo así, una playa nudista posee estándares de comportamiento más rígidos que una playa normal. Lo mismo podría aplicarse para una convivencia a diario basada en el desnudo, para eso habría que considerar que nadie es perfecto y que nuestro cuerpo es el reflejo de nuestros modos de vida: maltratados, chuecos, bien conservados, etc.
Y es que ese es el chiste del desnudo ¿Saben? Yo me limito a disfrutar, en la medida de lo posible, la falta de ropa. No ando enseñándome a gente que no desea verme así y respeto cuando otras personas están en la misma circunstancia. Es raro, pero también es muy cómodo y, tampoco lo negaré, hay un pequeño, muy pequeño grado de perversión cuando muestras tu desnudez a una persona no desnuda con la que no habrá intercambio sexual (algún pariente, amigo, amiga, etc.) Me ha pasado y lo he hecho pasar. Vale la pena; hacer todo lo que haces de forma cotidiana adquiere una nueva dimensión cuando lo haces sin ropa.
Castellers del Poble-Sec. (Desnudos Calendario Bandarra 2012)
Ojo: cocinar con aceite y andar desnudo no se llevan precisamente bien.
Volviendo al punto inicial; estar desnudo no es absolutamente malo. Todos lo hacemos. Todos, debajo de la ropa, estamos desnudos y no sé si usamos vestimenta por piedad o por costumbre pero el acto de la desnudez necesariamente está vinculado a un giro de mentalidad de la misma manera que los tatuajes, las modificaciones corporales o el fisicoculturismo. Todos ellos son una manera de celebrar al cuerpo, una noción de un “yo” físico. El inseparable compañero.
Todos tenemos formas diferentes. La ropa tiene, entre otras tantas, la función de hacer menos diferentes a las personas aunque, irónicamente, nos sirva también para marcar tal diferencia. Vaya, nos parece que los punks se ven todos iguales: sin ropa entre ellos resultan muy distintos y, en una observación detallada, ni siquiera son tan iguales porque aún entre ellos es necesario cierto ritmo de diferenciación.
Ni siquiera las pinches cebras son iguales (ya me había tardado en usar una grosería).
Cabe preguntarnos, entonces, si la ropa cumple con algunas de las funciones que se supone debería tener. Me agrada que haya cosas como el “Paseo ciclista al desnudo” o “En el metro en calzones” porque es como un jalón de orejas a la sociedad misma. Utilizar una de las cosas más naturales en el mundo, el cuerpo humano, como elemento transgresor, reivindicador. El cuerpo natural del ciudadano a pie contra el cuerpo mercantilizado ¿Qué perdimos en el camino que hace que ya no sean celebrados ese par de kilos de más a los que se refería el baboso de Arjona?
¿Recuerdan los desnudos de los clásicos? El cuerpo humano que ahí aparece es muy distinto, los de antes eran verdaderas Evas y sus respectivos Adanes. De hecho, son los desnudos que más me gustan: los que muestran a las mujeres con sus caderas y su vientre en una faceta bien maternal, senos pequeños y alejados de la ambición de ser 34G. Mención honorífica a Boris Vallejo y sus semidesnudos de atletas.
Todos tenemos historias personales y mostrar las cicatrices y los defectos físicos no es una costumbre extendida en el mundo actual. Pareciera que estamos obligados a aceptar sólo una manera de belleza que es la del cuerpo inmaculado, terso, humectado, tonificado, uniforme en color y coherente en su composición. Un cuerpo así es algo atípico ¿Por qué rendirle pleitesía a algo que, desde ya, nace ajeno a la realidad que vivimos?
No tengo un cuerpo envidiable, tampoco soy alguien desagradable a la vista. Me acepto mayormente y, como todos, tengo cosas que me gustaría fueran distintas. Curiosamente, me siento más incómodo sobre mis piernas, mi panza, mi torso o lo mal hecho que estoy cuando me pongo una playera que cuando estoy en compañía de alguien y no traigo nada encima. Ya dije: quiero terminar reivindicando a la vestimenta como un privilegio renunciable.
Se me ocurre rentar una casa para todo aquel que quiera llegar y liberarse de sus prendas. “Nudistas casi anónimos” se llamará. Interesados, favor de contactarme.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario aquí