domingo, febrero 10, 2013

EL IZCUINTLE: ¿Qué chingados es lo que sabemos?



¿Qué chingados es lo que sabemos?

Luis Enrique Anguiano Torres


Hacer una tesis es un proceso largo. Enfadoso, si uno lo quiere ver así: es como hacer una cobija mediante puros parches y tratar de que quede de un color uniforme. Nada menos, el otro día platicaba con mi asesor sobre esta situación del solipsismo (la idea de que sólo la mente existe y no hay nada más allá de ella) y trajo a colación una película que alguna vez había sido proyectada en algún lugar de mi alma mater: “What the #$*! do we know?” o “What the BLEEP do we know?” mejor conocida por acá como “¿Y tú qué sabes?” cuando en verdad se debería llamar “¿Qué chingados es lo que sabemos?”. No recordaba el tema –de hecho no recuerdo haberla visto– y resonaba en mi cabeza las palabras “cuántica” y “dimensiones”. Me dediqué a echarle un ojo.
Pues, comenzando por que es una película difícil de catalogar: no es un documental ni es una película normal, es algo entre las dos con elementos de animación en 3D bastante cutres. Hay varias, muchísimas cosas qué señalarle a la película y a los contenidos que muestra. Mis sospechas comenzaron a aflorar en las primeras escenas y para el final de las dos horas y cacho ya se habían disipado y asentado en un juicio de valor que no temo en replicar aquí: “Qué chingados…” es una película de pseudodivulgación que muestra premisas científicas más o menos correctas con un discurso metafísico-trascendental bien metido en la tradición new age.
El primer tropiezo –y uno de los que más me llamó la atención– se dio al ver una secuencia en la que la protagonista camina por un túnel del metro y se encuentra con una exposición sobre los “cristales formados en agua contenida por botellas etiquetadas con palabras clave” o algo así. El viejo pseudoargumento de la memoria del agua que tanto les gusta a los homeópatas. Un personaje explica las ideas de Masaru Emoto que la formación del hielo depende de la “armonía” que transmita una palabra escrita en la etiqueta de cada botella, así, los hielitos formados a partir de palabras como “amor” o “amistad” tienen formas geométricas en tanto que la oración “te odio” es la causante de un copo mal formado.
Esta cosa de que el universo es moral de un tiempo a la fecha me molesta particularmente. Este “experimento” de la llamada “consciencia” del agua cae en varias falacias de diferentes tipos. Por ejemplo, el hecho de que el Sr. Emoto sepa de qué botellas viene cada cristal es una falacia metodológica conocida como “la pizca de cerezas” o, literalmente, “agarrar lo que le conviene”. Ésta es una práctica muy criticada dentro de la investigación, precisamente por eso: por ser antipedagógica y anti-epistemológica. El mismo ejemplo de los cristales de hielo: en los frascos no se formó sólo un copo; se formaron un chingo y puedo apostar mi brazo derecho a que aparecieron un chingo de formas bien distintas entre sí. Para que el resultado hubiera sido creíble, todos los cristales en cada frasco debieron haber tenido la misma forma.
Por otro lado, está el silogismo de que “somos agua y el pensamiento la moldea, por lo tanto, el pensamiento nos moldea físicamente ya que somos 90% agua” y les voy a decir porqué: el Sr. Emoto no pondera ni por un pinche segundo que conceptos como “amistad” o “amor” son resultado de un consenso social y que no existen fuera de la mente humana ¡Cielos! Hay mentes humanas en las que ni siquiera existen tales conceptos. Ahora, esta cuestión de atribuirles cosas como la amistad, el beneficio, el amor o el odio es una “transferencia” moral equivalente a pensar que los tornados son un castigo de alguien u originado por alguna conducta inapropiada. O cosas como que el león es un animal noble y los lobos son malvados. Se llama simbolismo, señores, y por mucho que la gente crea que es así no lo convierte en realidad.
Ahí les va un buscapiés: ¿ustedes creen que toda el agua que se bebe es completamente nueva? No. Chequen: hay una cantidad limitada de agua bebible en el planeta que ha sido reciclada una y otra vez gracias a los ciclos. Toda el agua que existe ha estado en contacto con, al menos, un ser vivo. El agua no es virgen estará limpia, pero no es nueva. Si el agua tuviera consciencia o memoria como dicen los homeópatas, entonces ésta recordaría todos los lugares en los que ha estado, replicaría sus propiedades y eso, mis amigochos, no es un pensamiento muy alegre que digamos.
¿O qué? ¿Creen que Bambi, Mufasa, Simba o los ositos de la coca-cola no orinan, tragan y defecan? ¿Qué creen que orinan los venaditos en el bosque y los ositos polares entre la nieve? ¡Pues eso! Miados, pipí, chis, del uno. Miados que en algún momento terminarán regresando a las nubes y precipitándose nuevamente en las montañas y valles donde los mantos freáticos se encargarán de formar nuevamente arroyos y ríos. Lo mismo pasa con todos los líquidos en el mundo: se reciclan.
La película hace referencia (y se brinca, como con una pértiga) a otros problemas dentro de la ciencia, uno de ellos es el problema del observador o las escalas físicas de análisis. En conclusión, si son atentos a los contenidos que aparecen en el film, verán que la pregunta que le da el título “¿Qué chingados es lo que sabemos?” puede ser respondida con un lacónico pero merecido “¡Ustedes, ni madres!”

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