domingo, diciembre 23, 2012

EL IZCUINTLE: Les presento a los "Feebles"



Les presento a los “Feebles”

Luis Enrique Anguiano Torres


Peter Jackson antes de dedicarse a adaptar novelas épicas hacía películas bastante repulsivas. Pero no porque fuera un mal director. No. La especialidad del Jackson primigenio era el cine barato y asqueroso.
Su primer película se llamó “Bad taste” y, sí, era de bastante mal gusto. Malas actuaciones, un presupuesto irrisorio y una trama simplona. En la historia unos extraterrestres cualquieras han convertido la ciudad de Kaihoro en Nueva Zelanda en una población zombie. Un improvisadísimo “Equipo A” les hace frente.
Vómito, sangre, hulespuma, baba, cerebros por el suelo, explosiones y cuernos de chivo disparados a mansalva. No, no, no. Una reverenda porquería hecha con toda la intención de ser una marranada cinematográfica.
O eso creí, hasta que vi “Meet the feebles” del mismo Jackson.
Híjole ¿Por dónde comenzar? Sí, sí, por el principio, ya sé. Bueno, empiezo por el principio: se escucha una voz en off diciendo “Ladies and gentlemen…” se levanta un telón y comienza un musical en la mera tradición de Las Vegas. Una estructura giratoria en el escenario, luces y tubos de neón y una docena de marionetas mal hechas cantando con una pegajosísima tonada “We’re the feebles, we’re the feebles, not your average, ordinary people, meet the feebles…”
Lo primero que salta a la vista es lo obscura que es la película. No hay luz natural o cualquier cosa que se le parezca. Y hay una pinche lagartija con los ojos rojos y sombrero de mariachi entre las marionetas que cantan. Lisérgico. Planamente lisérgico y un malviaje. También llama la atención que algunas de las “marionetas” sean gente en trajes de animal hechos de hulespuma. No es una película de títeres normales.
Pero apartar la vista no es nada fácil, de repente aparece una zanahoria gigante, se abre la parte superior y aparece un conejo llamado Harry ¿Coincidencia? No, esta película es una sátira a todas luces. Un plagio de Bugs Bunny aunque en esta película no se usan adjetivos, o sea, nada de Peggy Piggie o la Rana René, es estúpido decirle Bugs “Conejo” a alguien que sabes que es un conejo ¿no?.
Bueno, Harry el conejo le da la entrada a la coestrella; Heidi. Una hipopótamo rosa de senos muy prominentes. Otro plagio. Peggy es una cerda y ésta cabrona es un hipopótamo. O sea, pinche Jackson, goei.
La presentación sigue a cargo de Heidi y termina sin pena ni gloria hasta que una rata, junto a las tramoyas, insulta sin más a Heidi. La hipopótama vedette se dirige al múrido fumador de cigarros exigiéndole algo de respeto. Tiene unos pezones enormes y puntiagudos, sobresalen de tal manera que temes que te piquen los ojos hasta que te pones a pensar “güey, son las chichis de una pinche marioneta, no chingues” y sientes como que algo en tu cerebro se desajusta porque es algo que sabes que Peggy también tiene chichis pero a ella nunca se le ponen duros los pezones.
A lo largo de la película llueven ofensas que francamente no tienen desperdicio. La rata –luego sabrán que se llama Trevor– le dice al director, Sebastian –un zorro gay frustrado– que a Heidi “ya le caducó la licencia de diva”.
La vedette “tiene” una “relación” con Bletch, una morsa que en realidad es el empoderado de todo el grupo, pero pronto sale a flote la doble cara del cabrón de Bletch que se está tirando a una de las coristas –una gata *ba*dum*psst* de la que no recuerdo su nombre– está inmerso en la producción de porno duro y además es traficante de cocaína. ¡Ah! Y se tragó a un pez que quería estar en el show para luego vomitarlo en un campo de golf con el fin de arruinarle el tiro a un dealer del cártel contrario, el pescado se levanta a medio digerir y no termina de preguntarle si “la audición ha termina-ah-ah…” y cae, disuelto parcialmente.
“Meet the feebles” es una comedia negra. Muy, muy negra. Se vale de clichés y de ofensas voluntarias, mucha incorrección política pero a la vez mucha honestidad. Es una historia algo rocambolesca pero, si se tiene la suficiente sensibilidad es capaz uno de darse cuenta que no hay nada que ocurra en la película que no ocurra en la realidad.
O sea hace poco más de una década que tuvimos la muerte de uno de los showmans más afamados de México en un ajuste de cuentas por el narco. Con la muerte de Paco Stanley en mente pues ya “Meet the feebles” es más digerible. Mucho más digerible.
Hay una escena en la que Harry –ya saben, el conejo– está encamado porque le han diagnosticado “la grande”, o sea, una pinche enfermedad de transmisión sexual bien cabrona (si no entienden el chiste, no es mi culpa). “La grande” es como el SIDA pero haciendo que a Harry le salgan llagas cafés y le queden 10 o 12 “¿meses?” “no, horas de vida” –ba,dum,psst– y mientras piensa en lo estúpido que ha sido, acaricia un crucifijo y le pide a su salvador que lo cure.
Su “salvador” es una rana clavada en el crucifijo. René. René es el salvador del plagio de Bugs Bunny ahora afectado por una ETS que le tiene con las horas contadas mientras una mosca-paparazzi revolotea y le dice con una voz agobiante “Ahora todo el mundo lo sabe, Harry, tu historia está en la calle”.
Si son de esas personas que andan de la greña con la realidad, no se la pueden perder.

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