domingo, diciembre 02, 2012

EL IZCUINTLE: Al eterno regreso le falta una vuelta



Al eterno regreso le falta una vuelta

Luis Enrique Anguiano Torres


¿Han visto “Be kind rewind”? No sé cómo la hayan titulado en México; la conozco por “Rebobinados” aunque el título en el idioma original es “Rebobine por favor” y cuenta con las actuaciones del veterano Danny Glover, el rapero-actor-que-no-acaba-de-despegar Mos Def y el siempre pueril Jack Black. La dirige el genial Michel Gondry y cuenta una lenta historia sobre dos atolondrados jóvenes que religiosamente atienden un decadente videoclub y viven sus jóvenes e inmaduras vidas.
Cualquiera la pensaría como una de esas tontas películas que pretenden afanosamente su de por sí bajo presupuesto con un destacable o al menos original guión. De cierta manera lo consiguen pero alejadamente de su inicial propósito. O sea, que es relativamente buena pero no por la (más o menos) cercana meta que se propusieron sus “avispados” realizadores. Y ya chole con los felices adjetivos estilo Bob Ross.
Una de las materias que más me gustaban cuando era morro era la historia. Sí, realmente me latía la pinche historia. El alcohol y los desvelos han hecho que no recuerde mucho pero, vaya, aún recuerdo cosas. Total que llega la universidad y yo me encontré con que la historia me dejó de gustar. Así, de buenas a primeras. La pausa de la prepa y la secundaria hicieron que algo en mí cambiara y no me gustara ya tanto.
Sin embargo (¡Ay! Esa frasecita) hallé un recoveco para mi deleite historicista: la microhistoria y la historia contrafactual. Después, siguió valiéndome madres la materia y al día de hoy no me han vuelto las ganas por saber algo de la conquista o lo que sea.
Para los que no lo saben, la microhistoria y la contrafactual son el indie y el noise punk de los estudios históricos.
Todos sabemos que Morelia tiene un chingo de historia de relevancia nacional (Morelos, Hidalgo, Ocampo, Cárdenas… Paleterías “La Michoacana”) pero ¿A que no conocen la historia de don Fulgencio Carranza? Hace ya décadas en la Obrera había una botica muy famosa que despachaba medicamentos a todo el país y que un día, a pesar de tener reconocimientos de Francia y Dinamarca, cerró de buenas a primeras.
De don Fulgencio Carranza jamás se volvió a saber nada y a día de hoy el domicilio está en condiciones deplorables. Se dice que el motivo de su cierre fue que, por ser sobrino del mismísimo Venustiano Carranza, Fulgencio tenía una versión original de la constitución que escribió su tío en el que las propiedades de la nación se adjudicaban de forma inmediata a manos privadas. Los Cárdenas le amenazaron de muerte y Fulgencio tuvo que huir, constitución en mano.
¿Verdad que no se la sabían? Pues claro que no porque me lo acabo de inventar. Verán, la microhistoria se centra en los lugares pequeños y, usualmente, en agentes materiales prácticamente desconocidos (Don Fulgencio, el de la Obrera, boticario acreditado) en tanto que la contrafactual tiene que ver con las cosas que cambian con el esquema histórico que pretenden mostrar las instituciones (Su copia de la constitución decía que las propiedades nacionales son de los particulares).
 “Be kind rewind” es perrona porque resume un seminario de microhistoria. En la película hay un personaje que jamás aparece: Fats Waller, leyenda del jazz nacido hace años en el barrio donde viven los personajes.
El pendejo de Jerry (Jack Black) borra las cintas que rentan Mike (Mos Def) y Fletcher (Danny Glover) y se ponen a hacer películas con una cámara casera y prácticamente sin dinero (referencia de Gondry a sí mismo, impagable la escena en que están rodando 10 películas al mismo tiempo). Por cuestiones argumentales, terminan haciendo una película sobre Fats Waller pero hay un pinche problema: Fats nunca existió.
¿Qué hacen? Pues se la sacan de la manga. Empiezan a entrevistar gente, empiezan a documentar lugares, objetos que Fats usó. Anécdotas. Etc.
A eso me refiero con que está buena.
No es una premisa, ni una constante ni nada, pero dentro de la microhistoria se suelen encontrar pautas de reinvención y auto-invención a nivel local. O sea, que los barrios, las comunidades, los países y hasta las familias suelen inventarse su propia historia y tergiversar registros con el afán de cambiar el curso de su presente.
Eso ocurre. Frecuentemente y de manera constante. Por ejemplo, la danza de los viejitos que anda rondando el siglo de existencia y hay güeyes que dicen que es la adoración al dios del fuego o una reminiscencia de los brujos chamanes pero la verdad es que es sólo una danza que popularizaron en el afán de darle más profundidad a la historia estatal. La invención histórica es un eterno regreso y reinvención de premisas, objetos, entidades, comidas y formas de tener sexo.
Como dijera Jules Michelet “cada época sueña con la siguiente y, al hacerlo, recuerda a la anterior”. El señor no andaba nada lejos del camino. Cualquiera que haya estudiado historia se los puede confirmar. Para cada época, el futuro es una extensión de su propio presente y suele ver hacia atrás, hacia lo pasado, como aquello a lo que “aún le falta” o “no termina de acomodarse”.
Por eso digo, pensando en las mediocres actuaciones de Jack Black, que al eterno retorno le hace falta –y siempre le seguirá faltando- una vuelta.

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