Destapando la cloaca
Alex Barrios
Alex Barrios
Dentro del bagaje literario
que pulula a nuestro alrededor es inevitable encontrar a aquellos escritores
que pasan su existencia tratando de decir(les) a sus lectores como deben llevar
a cabo su vida, de cómo deben de actuar ante las distintas circunstancias que
escenifican nuestra película personal. Ahora me llegan a la memoria personajes
tan carismáticos dentro del populo porque en algún momento se les ocurrió
hacerla de detectives para tratar de descubrir quien se robó el queso, o
aquellos que incluso han querido ir más allá descifrando cómo se puede volar
sobre el pantano; dos ejemplos tan puritanos, de escritores tan nefastamente
convencidos de que son la neta, y no solo ellos, sino que incluso aparecen
también otros que creen que han descubierto el rollo del meollo porque
descifran códigos, como el de Da Vinci.
De estos casos hay muchos,
tantos que incluso los encontramos embarrados en los grandes centros
comerciales, pero a fin de cuentas que chingados importa, por mi que ellos se
rasquen el trasero con las ganancias que les reditúan sus publicaciones
baratas, y digo que a fin de cuentas que importa, si en el caso contrario
tenemos a los otros (y no los de la película), los que interactúan
literariamente de una manera diferente, los que no te dicen qué o cómo, sino
los que te proponen y te dan alternativas para que tú decidas que jodidos hacer
de tu vida y de tus lecturas –principalmente-. Habría que decir en este sentido
que la distinción no se enmaraña en la eterna discusión de lo comercial vs. lo
independiente, al contrario, la distinción es meramente de contenido, de
propuesta, de temática, de fórmulas y de interacción entre escritor y lector,
porque no dejemos de lado que también este tipo de determinantes provienen de
los lectores, porque ellos de alguna manera terminan obteniendo la última
palabra.
En este contexto y para
reafirmar todo el entredicho palabras arriba, ya lo había mencionado de alguna
forma Guillermo Fadanelli en su texto “Vagancia”: Hay lectores que buscan
extraer de los libros enseñanzas para la vida, pero precisa que hay escritores
que no escriben para este tipo de lectores (Revista Moho, no.27) y en este
punto es donde entra el caso de Manuel Noctis; joven escritor originario de la
ciudad de Morelia, Michoacán, con su librillo titulado What is the fucking problem? Una coedición de autor con la
Tortillería Editorial. El libro está conformado por 13 relatos breves que se
transportan por los senderos de la degradación social; desde tiramierdas a los
personajes públicos más desfachatados, hasta las más absurdas ocurrencias suscitadas
desde el común perfecto de la ociosidad. Aquí el autor es contundente al
mencionar que los relatos no son más que una gama de tripeos y debrayes, nada
excepcional para ese tipo de lectores que les menciono líneas arriba (caso
contrario a los lectores que andan arriba con unas líneas).
Los textos de Manuel Noctis
tienen vida, oscilan frente a nosotros, nos dan la vuelta, nos dan un zape y
cuando tratamos de voltear para ver qué ha pasado ya alguien le disparó a otro
frente a nosotros. Los tripeos son de barrio, los debrayes provienen de las
comisuras urbanas. Todos juntos con su toque de ironía hacen de este libro un
conjunto de situaciones imperfectas (como las que nos suceden a tod@s), a fin
de cuentas ¿cuál es el jodido problema de que escriba lo que yo escribo? Se
pregunta el autor, considerando que no todo tiene que ser lineal, que no
siempre se tiene que utilizar la misma fórmula, que las estructuras pueden ser
moldeables y sobre todo, porque nuestro lenguaje es tan vasto que por ello se
juega con él mismo. Aquí hay pues alternativas, hay cachonderías, hay drogas,
hay sexo, hay alcohol, hay cumbias y todo huele a tierra, miados y asfalto.
What is the fucking problem? Manuel Noctis. Tortillería Editorial (2010).
Se consigue al mail: manuelnoctis@gmail.com


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