jueves, agosto 23, 2012

Rafa Flores: entre los ligamentos del sueño y el deseo




Por Alejandro Delgado


Mirando algunas fotografías de Peter Biziou, las pinturas de Rafael Flores llegaron a mi memoria como mensajes de recados que algunos enamorados olvidados abandonan por ahí. Y es que existe una tradición del desnudo mexicano difícil de localizar, en medio de un mundo poblado de cuerpos anunciándose al lado de automóviles, perfumes y demás productos de lavandería cerebral. Pero el Tótem y los Tabús siguen ahí tras millones de hojaldras que se publican pretendiendo el desnudo como novedad, siendo que el desnudo original fue históricamente más arropado por los pudores religiosos que por textiles de verdad. Dicen, sin embargo, que el ropaje sustituyó al pelambre simio en un intercambio evolutivo que todavía intenta defensa y protección de las inclemencias medio ambientales. No por ello nos seguimos cobijando intentando desvanecer nuestra desnudes. Entre todo esto hay muchas variantes de cómo asumir e intentar perpetuar el gesto y las expresiones del cuerpo, desde los arcanos dibujos lineales rupestres hasta los más sofistas imagos digitalizados, la cinematografía y el video.
Algún renacentista, amante de lo ajeno (el modelo desnudo ajenos es), recomendara a sus discípulos que no era posible pintar el desnudo en su realidad sin antes desnudar el alma del que pretende pintarlo. Da Vinci, ofreció magistralmente otra forma de desnudes ahondando en el contenido psicológico del cuerpo de la modelo, pronto sus contemporáneos aprendieron la lección explorando las posibles posiciones del cuerpo, emulando sus movimientos. Desde entonces hasta la contemporaneidad la realización de desnudos por medios pictóricos o de mecánicas visuales se ha convertido en un campo de degustación por excelencia, donde las escuelas y tendencias no han podido anclar sus deducciones, siempre tendientes a perpetuar establecimientos (que Francis Bacon, prácticamente descarna y derrama en sus cuerpos vestidos de una ambigua e intransigente desnudes).
De la Croix lamentaba y preveía la futura prevalencia de la fotografía en el oficio del retrato y el desnudo, que más tarde Man Ray desmitificó en sus fotografías pictogramas, que marcaron el inicio del pictorisismo fotográfico. El medio cobra importancia cuando no se le confiere un valor como fin. Edward Muybridge somete el desnudo al análisis de la decomposición del movimiento (de hecho sus estudios fotográficos seriales constituyeron conceptualmente la más tarde inventada cinematografía), y es a partir del estudio de la gradualidad del movimiento del cuerpo cuando el desnudo cobra su factura en la permanencia: el desnudo pictórico se erige en el Tótem Tabú del dominio y habilidad técnico psicológico que se construye en muchas sesiones de tiempo pero cuya eternización se capta en solo instante. Los fotógrafos aprendieron de los pintores que el medio debía tomar el necesario tiempo para realmente desnudar un cuerpo.
Contrario a Peter Biziou, quien irrumpe las sinuosidades del desnudo con objetos, cuya forma y color contrastan con la forma y la piel del los cuerpos, Rafael Flores integra las piedras y los caracoles al desnudo a manera de planetas o satélites que lo orbitan. En cierta forma Rafa se transmigra en un Rabelais pintando, lo que pueden parecer motivos decorantes, exabruptos romances que se distinguen por adicionarse al cuerpo para enaltecer su desnudes. El dominio de la forma anatómica se hace esencial entonces, no deja lugar a la duda cutánea ni subcutánea, el desnudo en la técnica de Rafa es el Séptimo Sello del deseo ilusorio, que es, o el portón de acceso al deseo real o un testimonio del sueño del deseo. Pero todo buen arte tiene su contradictoria cualidad, puede ser a la vez visión de la posibilidad o decidirse en decoración. Finalmente es el observador quien confiere o determina la finalidad de lo que observa, lo que me hace entender menos la obstinación de los “teóricos” por convencernos de una “naturaleza” semiótica predeterminada, ni siquiera por el autor, sino por una supuesta “reflexión crítica” de la obra, que en verdad siempre está escapando a asideros de toda clase. El desnudo sigue siendo una praxis inasible, como la fantasía, la ilusión y el sueño.
El fotógrafo de Adrian Lyne (Peter Biziou, Nueve y Media Semanas), remarca el desnudo de la Bassinger con la inclusión de yemas y claras de huevos, que asocian la piel con la densidad, plasticidad y elasticidad del nonato aviar.
La calidad viscosa de los elementos introduce una novedad de movilidad que se antoja extraña al cuadro, la melambrea es también un reto de la imaginación ante la rigidez o flacidez cutánea del desnudo, pero también un elemento de ligamento suavizador del contexto visual. Sensualidad gastronomista, diría alguno. La mirada juega entre situarse asiéndose al desnudo o al pelambre, sitúa al deseo en la indecisión y la entrega, como entre el sueño y el despertar. Francis Bacon, deforma los cuerpos como si estuvieran cambiándose entre estado sólido y viscoso, cuerpos que bien pudieran estar siendo embarrados en el contexto del hábitat o éste escurriendo ansias y desesperación al cuerpo. Rafael deposita los elementos ajenos al deseante cuerpo, al deseo que parece inmóvil pero inmerso en su propia angustia de placer. Tal vez la afrenta de Rafa es una oculta pulsión táctil, un deseo irrefrenable de la caricia por encima de la posesión, lo impostergable del tacto ante la relatividad de la penetración. Cosa, asunto de asociaciones, soñando la lógica de lo que es humo fuego fue.
Los desnudos en los cuadros de Rafael Flores son de artesanía pura con incrustaciones que provienen de los huertos vivos, de las arenas caprichosas del tiempo, de los sonidos elípticos de las conchas y de los caracoles donde el tiempo siempre encuentra su propia perdición. Más que menos, eso son, los desnudos meta somáticos del Rafa Flores, recados para la imaginación y el tacto del observador hundido en sus sueños por enamorar, atado a sus recuerdos por seducir.

*Todas las imágenes fueron tomadas del muro de facebook de Rafael Flores (Derechos Reservados del autor).

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