viernes, julio 20, 2012

Sportnografía



Por Fer Villávalos

Con anti dedicatoria, claro, para los deportistas de las escaleras: sobre todo.

Obscenos. Sucios. Feos sus rostros desencajados. Suben escaleras, bajan escaleras y, si paras las orejas, puedes oír sus belfos resoplando y los incontenidos pujiditos que salen de su esfuerzo pulmonar. Impecables en sus trajes estrechos que tanto oprimen cuanto diseñan su cuerpo, con sus botellas de agua en la mano, quizá hasta una toalla para quien de plano se asume profesional, y sus chamarras deportivas que dejarán sobre alguna banca, apenas sus cuerpos comiencen a hervir agua supurando por frente, axilas, espalda, cóccix, entrepiernas y, un poco menos, manos y pies. Observan de reojo a los transeúntes que, simples ciudadanos, no los alcanza su tiempo para dedicar una o ya de perdis media hora a cuidarse y de paso, hacerse de una-buena-figura, aunque, secretamente y entre ellos, saben que los demás son gente sin voluntad, sin interés por la buena salud y que desprecian los beneficios del ejercicio aeróbico tonificante, pues todos-tenemos-ocupaciones, pero hay quienes sí saben programarse.
Luego los verás acostarse, ¡no! (abajo la hueva): reclinarse sobre una plancha de frío concreto, que supongo no debe ser tan saludable para una espalda caliente de subir y bajar varias veces mas de 300 eslabones, y ya acostados (¡no!...) realizar abdominales, hacer pierna (como pedalear ¡sin bici!) y sentadillas, estiramientos, etc., o pasar directamente a los “aparatos”: máquinas mecánicas para formar máquinas estéticas. Incluso puedes ver a cortos dos metros de distancia su robusto cuerpo encogerse levantando las piernas contra el abdomen, mientras el short cuelga los faldones mostrando casi los genitales, sin inmutarse. Están haciendo ejercicio, ¡qué importa si parece obsceno!, ¿no vale la indecencia una vida saludable? Siente sus cicleros, esos brillosos pantaloncillos hasta casi la rodilla de Lycra®, ajustadísimos hasta hinchar partiendo ambas nalgas, y su top de Expandex® ellas (pechos turgentes, pezones marcados) o su playera sin mangas, ellos: vello axilar expuesto; mientras suben los trescientos escalones y en cada uno se detienen a elevar hacia atrás una pierna contrayendo desde el glúteo mayor hasta los gemelos, pasando por el bíceps femoral, el abductor y otros músculos de la pierna.
Lo peor es cuando al pasar te sonríen, orgullosos, con el sudor grotesco en su rostro y grandes rodetes en el cuello y la espalda de su playera, presumiendo sus calorías que ya se pudren atrapadas entre el tejido textil. ¿De qué se enorgullecen? ¿Pertenecer al lado cool de la sociedad? ¿Representar la estética gimnástica industrial en boga? ¿De su tiempo matutino libre que no los hace correr tras de una combi mientras jadeas intentando gritar: ¡Suben, suben!? Ha decir verdad, los veo efímeros en su reinado de bajas calorías, harta agua y prendas entalladas, cansados al mediodía –cuando la mayoría de empleados estamos en el cenit de la jornada-, frustrados en su casa viendo eméticos programas de tv o, peor, dormidos para poder recuperarse y volver en la tarde, a apestar de sudor el ocaso, con un sol triste de saber que se fue para siempre un día de nuestra existencia intentando sobrevivir y sacar para comer y muchos no la hicieron; llenos de tedio deportivo porque la oscuridad no los deja exhibir ni el frío sudar… Hacer deporte es algo necesario para este cuerpo reumático precoz y oxidado, para hacer feliz al corazón y al cerebro, pero ¿a qué horas?, ¿cómo?, con esta unidades deportivas lejísimas y estas calles sucias, pedregosas, desarboladas, con los hijos desde las siete hasta las nueve en la escuela, con el trabajo, el quehacer, la comida otra vez tarde y una pobre dieta alimentaria, la fatiga del sobrevivir, ¿cómo? Yo no lo sé.
Hay qué animarse mutuamente, acompañarse, correr como una vez hice, de la mano de una hermosa mujer unas cuantas vueltas en la pista de la única deportiva que he tenido cerca. Hacer deporte, sí, pero esa exhibición depornográfica, pornodeportiva, o, ya que el mundo es cool y gringou, esa gala de sportnografía (ofender al prójimo con el tiempo libre y el cuerpo, uta, bue-ní-si-mo, a costa de alejárnosle, verlo correr y no por salud, atrás de nosotros, embellecernos para ser mejores que todos esos gordos-refresqueros-tacotortitamaleros: no; prefiero seguir corriendo tras mi combi. (¡Suben!, ¡¡suben!!…)

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