Aforismos de miseria
(Fragmento)
Pterocles Arenarius
Hay personas que
padecen vidas miserables y hasta mueren miserablemente porque desconocen que
existe la poesía
William Carlos Williams
Eris, la diosa
de la miseria, observó que Poros, el hermoso dios de la abundancia, cayó
dormido, en dulce sueño, doblegado por el exceso de licor divino, luego de
abandonar el jardín donde se efectuaba el banquete de los dioses. Entonces ella
aprovechó el momento y gozó del inerte cuerpo de Poros. En la ilegítima y clandestina
cópula fue concebido Pan, el dios del amor terreno, el que, siendo hijo de la
abundancia es bienamado y sobredotado por ésta tanto como, a la vez, es presa y
víctima de la miseria. Sin embargo, mientras el amor tiene momentos sublimes de
esplendor, el odio, el lado negro del amor, es sólo miseria abominable.
Mito griego del nacimiento de Pan.
I
La miseria nos acompaña porque habitamos un cuerpo de
animal. Aunque creamos actos y objetos que nos excluirían de la animalidad,
nuestro cuerpo realiza las mismas funciones que los cuerpos de animales. Pero
la miseria humana de principio radica en creer o actuar como si fuéramos (sólo)
cuerpo, animal.
II
De la animalidad que en nosotros subsiste derivan
nuestras miserias. Y las glorias humanas emanan de la sublimación –desde los
profundos pantanos de nuestra animalidad– de los más bajos instintos que se
transfiguran en actos, sentimientos, reflexiones, bellísimos, intensos,
profundos. Pero que provienen de los tremedales de la inconsciencia para
ascender a los territorios de las dulces o violentas emociones, a los cielos
del pensamiento reflexivo, al paraíso de la poesía, iluminado por el sol de la
consciencia. Gracias a la escalinata dorada del raciocinio y sus áuricos peldaños,
las palabras.
Si no viviéramos para ascender desde la subterránea
ciénaga de los instintos hasta los éxtasis del pensamiento, quizá de nada
serviría vivir ni tuviera caso alguno.
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| Daniel Aguilar Ruvalcaba |
III
Extremo opuesto a la miseria es la libertad, por más
que con frecuencia su ejercicio nos puede conducir hasta algún estadio de la
miseria, verbigracia, el infierno de
la cárcel. Y en tanto que miseria y libertad son parcialmente antagónicas, la
antítesis de la libertad, la dependencia, siempre será una patética
manifestación de la miseria: cárcel más aborrecible que la peor de las mazmorras.
IV
La libertad, iluminada por la consciencia, es
finalmente la decisión –en ejercicio del libre albedrío en magnitud
directamente proporcional con la consciencia– para autoesclavizarse a la pasión
más bella.
V
La pasión más bella no es el dinero (el dinero se
considera un bien, pero su ausencia se vuelve un mal), pues con demasiado
dinero se accede al privilegio más vulgar, el privilegio del cerdo: comer y
cagar y en exceso será potenciado hasta el supercerdo: comer demasiado, cagar
demasiado. Una pasión vil.



Gracias por publicar aquí los aforismos de miseria. Un gran saludo, mis queridos clarimondos.
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