Por Alí Torruco
“Desde que las frases circulan en los cerebros ocupados en
reflexionar, se ha procedido a una identificación total, ya que, con la ayuda
de una cópula, cada frase liga una cosa a otra; y todo estaría
visiblemente ligado si se abarcara con una sola mirada el trazado, en su
totalidad, que deja un hilo de Ariadna, conduciendo el pensamiento en su propio
laberinto.”
Georges Bataille. “El ano Solar”.
Bataille
resulta incomprensible si se aborda únicamente desde el extremo consciente, o
quizá debo escribir: reflexivo. El hecho del “preguntarse” es sólo una pieza en
la obra de este filósofo. Por supuesto, no la menos importante; sobre todo si
se toma en cuenta que este autor francés propone con su obra, y con la
totalidad de su vida, la idea del movimiento perpetuo, repetido y continuo del
Universo. Un ir y venir incesante de los pensamientos, de la naturaleza, de la
inconsciencia.
Georges
Bataille no deja nada fuera. Trata de llegar a la totalidad. Aborda temas que
parecerían no guardar relación alguna. Va desde un análisis social, en donde
las conflagraciones obreras son parte de otro ciclo asesino, que culminará con
la decapitación de la burguesía, hasta un análisis completamente serio sobre la
risa. Para él, la acumulación no tiene sentido vital, si no se vierte en el
gasto. En el exceso. Tal como los millones de espermatozoides que mueren, en
pos de la fecundación. La muerte, compañera de todos nosotros, es a la vez, lo
más horrible y la representación del orgasmo final. La entrada a la continuidad
inconsciente de la materia y la finitud de nuestros cuerpos materiales. Sin
embargo, también es un descanso de los dolores que esta vida nos depara.
Este
pensador es capaz de imaginar penes erectos en donde los biólogos observan la
capacidad para caminar erguidos. Los árboles se alzan hacia el sol y se
acuestan también, en una muerte cíclica. Nos invita a asistir a la copulación
de los eventos celestes. El cielo, nuestro planeta, las estrellas, el universo
mismo explota después de haber estado concentrado. La naturaleza se manifiesta
para él, eróticamente, de muchas formas. Los volcanes son anos arrojando las
heces y el mar no es sino el gran masturbador de la tierra. ¿Bataille deja
fuera algo? No. En definitiva, su propósito es acercarse, como dije, a la
conciencia totalitaria. Bataille no se detiene. Continúa escribiendo al borde
de la muerte. Su último ensayo “Las lágrimas de Eros”, logra realizarlo
mientras ya comienza a entrar en ese acontecimiento, del que ha escrito tanto,
y al cual teme más que a nada en el mundo. Recomienda que se observe al
entonces joven Salvador Dalí y Luis Buñuel, quiénes son dos jóvenes
prometedores aún. Recopila con ayuda de sus amigos y editores, una
impresionante cantidad de material gráfico con el que pretende describir
histórica y antropológicamente sus propuestas eróticas. Bataille rompe con las
vanguardias, pero se reconcilia con sus artífices. O lo que resulta lo mismo:
Se declara no surrealista, ni existencialista, pero se reconcilia con Breton
después de haberlo llamado “tripa vacía”. Vive la muerte de su gran amor, su
compañera de orgías. Collete Peignot. Escribe sobre el hecho de dejar a su
padre sifilítico y ciego a merced de la ocupación alemana, cuando el aún es
adolescente. La culpabilidad lo persigue. Su rebeldía ante la psiquiatría y la
explicación neurótica del mundo. Se aventura en el laberinto de Nietszche y
logra una suerte de retrato hablado del minotauro alemán. Escribe sobre él y
logra salir con vida. Su vida es un dispendio inaudito. Escribe tesis
contrarias al comunismo en revistas comunistas. Funda y ve morir varias
publicaciones. Lucha ideológicamente contra los nazis. Es repudiado por sus
contemporáneos. Incluso despreciado. Vive al margen. Sigue escribiendo y
experimentando. La angustia lo alcanza siempre. Aventura tesis desquiciantes.
La famosa editorial Gallimard publica sus obras completas. Su país lo reconoce
con la Legión
de Honor. Bataille se acerca a la muerte. Alguien podría ver un simple
bibiliotecario con problemas muy graves de dinero. Se consume. Se vierte en sus
escritos. Delira. Entra en la muerte. Como siempre. Como todo.



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