viernes, junio 08, 2012

Georges Bataille; El ano solar o La conciencia del Todo




Por Alí Torruco


“Desde que las frases circulan en los cerebros ocupados en reflexionar, se ha procedido a una identificación total, ya que, con la ayuda de una cópula, cada frase liga una cosa a otra; y todo estaría visiblemente ligado si se abarcara con una sola mirada el trazado, en su totalidad, que deja un hilo de Ariadna, conduciendo el pensamiento en su propio laberinto.”
Georges Bataille. “El ano Solar”.

Bataille resulta incomprensible si se aborda únicamente desde el extremo consciente, o quizá debo escribir: reflexivo. El hecho del “preguntarse” es sólo una pieza en la obra de este filósofo. Por supuesto, no la menos importante; sobre todo si se toma en cuenta que este autor francés propone con su obra, y con la totalidad de su vida, la idea del movimiento perpetuo, repetido y continuo del Universo. Un ir y venir incesante de los pensamientos, de la naturaleza, de la inconsciencia.
Georges Bataille no deja nada fuera. Trata de llegar a la totalidad. Aborda temas que parecerían no guardar relación alguna. Va desde un análisis social, en donde las conflagraciones obreras son parte de otro ciclo asesino, que culminará con la decapitación de la burguesía, hasta un análisis completamente serio sobre la risa. Para él, la acumulación no tiene sentido vital, si no se vierte en el gasto. En el exceso. Tal como los millones de espermatozoides que mueren, en pos de la fecundación. La muerte, compañera de todos nosotros, es a la vez, lo más horrible y la representación del orgasmo final. La entrada a la continuidad inconsciente de la materia y la finitud de nuestros cuerpos materiales. Sin embargo, también es un descanso de los dolores que esta vida nos depara.
Este pensador es capaz de imaginar penes erectos en donde los biólogos observan la capacidad para caminar erguidos. Los árboles se alzan hacia el sol y se acuestan también, en una muerte cíclica. Nos invita a asistir a la copulación de los eventos celestes. El cielo, nuestro planeta, las estrellas, el universo mismo explota después de haber estado concentrado. La naturaleza se manifiesta para él, eróticamente, de muchas formas. Los volcanes son anos arrojando las heces y el mar no es sino el gran masturbador de la tierra. ¿Bataille deja fuera algo? No. En definitiva, su propósito es acercarse, como dije, a la conciencia totalitaria. Bataille no se detiene. Continúa escribiendo al borde de la muerte. Su último ensayo “Las lágrimas de Eros”, logra realizarlo mientras ya comienza a entrar en ese acontecimiento, del que ha escrito tanto, y al cual teme más que a nada en el mundo. Recomienda que se observe al entonces joven Salvador Dalí y Luis Buñuel, quiénes son dos jóvenes prometedores aún. Recopila con ayuda de sus amigos y editores, una impresionante cantidad de material gráfico con el que pretende describir histórica y antropológicamente sus propuestas eróticas. Bataille rompe con las vanguardias, pero se reconcilia con sus artífices. O lo que resulta lo mismo: Se declara no surrealista, ni existencialista, pero se reconcilia con Breton después de haberlo llamado “tripa vacía”. Vive la muerte de su gran amor, su compañera de orgías. Collete Peignot. Escribe sobre el hecho de dejar a su padre sifilítico y ciego a merced de la ocupación alemana, cuando el aún es adolescente. La culpabilidad lo persigue. Su rebeldía ante la psiquiatría y la explicación neurótica del mundo. Se aventura en el laberinto de Nietszche y logra una suerte de retrato hablado del minotauro alemán. Escribe sobre él y logra salir con vida. Su vida es un dispendio inaudito. Escribe tesis contrarias al comunismo en revistas comunistas. Funda y ve morir varias publicaciones. Lucha ideológicamente contra los nazis. Es repudiado por sus contemporáneos. Incluso despreciado. Vive al margen. Sigue escribiendo y experimentando. La angustia lo alcanza siempre. Aventura tesis desquiciantes. La famosa editorial Gallimard publica sus obras completas. Su país lo reconoce con la Legión de Honor. Bataille se acerca a la muerte. Alguien podría ver un simple bibiliotecario con problemas muy graves de dinero. Se consume. Se vierte en sus escritos. Delira. Entra en la muerte. Como siempre. Como todo.

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