domingo, junio 03, 2012

EL IZCUINTLE: Una microhistoria del último gran mimo mexicano



Una microhistoria del último gran mimo mexicano

Luis Enrique Anguiano Torres


En el principio fue la mancha; el hombre se llenó las manos de barro y las puso sobre una roca y vio que era bueno. Y la pintura nació. Y aparecieron los murales y el tiempo pasó y llegaron los cuadros. Luego vino la fotografía y luego vino el cine y luego apareció la tele. Mas el hombre vio que la tele estaba llena de basura y decidió regresar al cine y lo llenó de criaturas fantásticas e historias increíbles y se prometió andar con cuidado sus terrenos. Y aprovechó sus creaciones, se regocijó y vio que era bueno.
Y en el cine había cosas horribles, pero también había flora y fauna colorida y digna de verse. Y aparecieron rostros. Y llegaron las lágrimas y las sorpresas y sonrisas y drama y misterio. Y de entre ese espejo de la realidad y los sueños que se desea que sean la realidad aparecieron nombres de plata y oro.
Y apareció México. Y todos vieron que era bueno.
Y con México aparecieron los Arieles. Los Indios Fernández. Las Doñas. Los Figueroas. Las Dolores y las Jurados también aparecieron. Y hubo Infantes y Negretes. Y también hubo los Cantinflas.
Y vino la sátira y la comedia y llegó el costumbrismo al cine, joven, y Cantinflas, cuyo nombre verdadero así de pila bautismal como quien dice, era Mario Moreno y era un hombre muy talentoso que le trabajó mucho para llegar a donde terminó porque el era así como, pus, digamos, no era de mucho caché ¿verdad? Así como quien dice que el niño no había nacido en pesébere de plata pos no señor, él era hijo de un cartero de esos de bicicleta, uniforme y silbato y nunca olvidó sus raíces. Hasta en la de El ministro y yo menciona a su jefecito de a mentis que resulta ser igualito a su progenitor en su vida de verdad.
Cantinflas se hizo famoso así como de mucha alcurnia por su personaje del típico peladito de la ciudad, primero comenzó con una arremedadera en la forma de hablar porque parecía que hasta hablaba con faltas de ortografía y también en la de vestir que parecía que usaba los pantalones como rodilleras, pa’ que se dé una idea oiga usted Cantinflas era el referente inmediato que tenía el mundo de las subculturas del México urbano y hasta una vez se lo llevaron a joligude para que también allá hiciera películas. El no era guapo, no, para guapos estaba el Indio Fernández que era de esos feos que tanto les gustan a las chamacas, o el universal Pedro Infante ¡Chulada de señor! Mire nomás qué porte, qué gesto, si hasta parece caballero andante vestido de charro. Y qué voz. Como Jorge Negrete, el charro cantor. Esos eran los hombres que México le daba al mundo pero de repente apareció un señor chaparrito así como con influyencias de Charles Chaplin y un poquito de los hermanos Marx.
Cantinflas no tenía lo que Infante o Negrete, hombre! Nada de porte ni figura ni atractivo. Mucho menos voz aunque mal no le salía eso de la cantada, déjeme le digo, pues lo que hizo que el mundo lo viera fue que hasta sus años nadie había consagrado a un personaje con tanto carisma como él y su forma así como atrompezada de hablar y decir muchas palabras pero sin decir cosa alguna. La cantinfleada, como quien dice, o como quien no dice porque cantinflear se llega a entender como una maniobra media evasiva del lenguaje.
Y ya que estamos en eso, joven ¿Sabía usté que la rial academia de la lengua española ha definido el término cantinflear como hablar de forma disparatada e incongruente para terminar no diciendo nada? Hombre, hasta orgullo nacional de tener a un endividuo que inventó un adverbio más bien como tirándole a geranio porque la cosa con el idioma es así como, pues usté sabe, que que uno primero dice que dijo pero oiga, de modo que, pos hay que ser claros ¿no? Luego la cosa se pone así como quien dice que no se entiende o que no se quiere entender porque, a como dijo Maxemiliano el Absurdo después de esa ocasión en que y luego y este, así como el dijo y yo le digo de nuevo a usté, amistades largas y cuentas claras porque para eso tenemos boca, para pedir y ser pedidos de favores y mandados, o sea, que uno termina siendo mandadero de quien le pueda pedir cosas a uno.
Y si uno quiere, claro, tampoco hay que ser dejados ni agachones, no chato, y ya que estamos hablando de agachones y mandadero fíjese que cuando Cantinflas hacía sus películas de a gris y en sonido de chango, osease, en mono, los personajes que improvisaba eran ¿pos cómo decirlo? Así de a tiro muy típicos casi casi calcados al carbón de la vida de las vecindades y ya cuando hizo sus películas coloridas le dio por hacer personajes ya mejormente metidos en la vida del México moderno, ahí tiene usted a el Padrecito, al Señor Ministro, a su Excelencia, al Barrendero, al Patrullero 777, oiga, puro personaje finolis ya de una vida pos más actual, más con los tiempos que se vivían por allá de los años en que ya no estaban ni el Charro cantor ni Pepe el toro, hombres también muy sencillos también, sin nada de que que la fama y que que la fortuna y no, oiga, no hay derecho; uno salió del pueblo y al pueblo debía su trabajo joven, Cantinflas siempre aprovechaba sus películas para echarse su discursito sobre lo que él creía que debían ser las cosas oiga, si usted ve la de El ministro y yo chato, se va a dar cuenta que su discurso está muy vigente, así como quien dice, sin caducidad porque Mario Moreno en su verdadera vida ya fuera de las cámaras era una persona como quien dice, pues conservadora de modo que él defendía las buenas costumbres y los valores morales pero tanto y tanto se terminó metiendo a su personaje que prácticamente terminaba siendo imposible de descernir el uno del otro y terminó metiéndose a ratitos en la política haciéndola de portavoz de los pobres y los desamparados, mismos de los que se sirvió para crear su personaje y catapultar a la vida acostumbrista mexicana a la escena internacional del cine. Al César lo que es del César y a Dios que te vaya bien.
¿Cómo la ve desde ahí, chato?

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