domingo, junio 17, 2012

EL IZCUINTLE: Somos todos una panda de holgazanes sinvergüenzas



Somos todos una panda de holgazanes sinvergüenzas
  
Luis Enrique Anguiano Torres


Días extraños es una de esas buenas películas hollywoodenses consideradas como “películas hollywoodenses que son buenas”, escrita por James Cameron y dirigida por quien desde el ‘91 es su ex esposa, Kathryn Bigelow. La película sigue más o menos la fórmula del desadaptado en el que nadie cree y que tiene que arreglar un asunto grave. O sea, la típica película hollywoodense del detective despedido y despechado pero con buenos sentimientos aunque tenga el corazón roto.
La película es de ciencia ficción. Más o menos. Bueno, es lo que se llama “ciencia ficción suave” que se contrapone a la “dura” en la que caben películas y libros como Terminator (también de Cameron) 2001:Odisea espacial o Matrix. En las obras de ciencia ficción suave la tecnología no juega un papel muy importante que digamos. Lo vemos en Días extraños: se desarrolla en las últimas horas del año de 1999 y ya existen unos neuroimplantes que graban todo lo que la persona percibe. Existen traficantes de “recuerdos” y un boyante mercado negro de gente que quiere vivir la experiencia de sentirse alguien más por un rato.
A los neuroimplantes les llaman squids y a las grabaciones tapes: calamares y cintas (aunque en realidad son microdiscos) respectivamente. Esas cosas son la droga definitiva. Probablemente se han puesto a pensar en la siguiente oración: la función última de las drogas es alterar la percepción de la realidad. “Vaya, gran cosa” han de decir “¿Acaso naciste ayer? ¿Y todavía te pagan por escribir?” han de rematar. Pues ni nací ayer y tampoco me pagan, sino que semejante tautología es la base de porqué los calamares son la droga definitiva: no alteran la realidad sino que la reemplazan sin prácticamente efectos colaterales. ¿Qué más quieres güey? No hay cruda, llega a todo tu cuerpo, es rápida y no andas por la calle con los ojos todos vidriosos.
Las drogas te llevan a una realidad no ordinaria, como le llamara Castaneda a andar pacheco, colocado, trincado… Tú le pones nombre. Y las consumimos porque somos lo suficientemente cobardes o no tenemos los superpoderes necesarios para alterar nuestra realidad de la manera deseada. Pero las drogas no es la única cosa que tienen ese efecto (no por nada Marx dijo aquello de la religión como opio del pueblo, excúsenme los religiosos lectores).
Los libros de autoayuda son un excelente ejemplo. No he leído muchos, debo confesar que Carlos Cuauhtémoc Sánchez me espantó al segundo libro y quizás por eso puede parecer garrafal la siguiente oración: es más fácil pagar a alguien para que nos eche porras a que nosotros desempeñemos un buen papel en el partido. “Acarreo” psicológico, vaya. Ya la semana pasada les comentaba que existe esa idea errónea de que la literatura seria es bien difícil. Pues, es lo mismo. Los libros de autoayuda y otros mamarrachos literarios (sea un buen padre en 7 pasos, entendiendo a la pareja, hazme viuda por favor, etpinchecétera) proliferan por la misma noción de que para leer algo decente necesitas tener el cerebro bien iluminado. O que después de leer ese libro vas a encender una luz cerebral.
Ahora, aunque usted no lo crea, entre esos millones de libros hay alguno que otro que puede ser útil. Por ejemplo, uno de Joshua Foer que instruye en un par de técnicas básicas para mejorar la memoria. Pero ese no es el propósito del libro sino más bien la carnada con la que te lo venden (lo encontré gratis, ha! Ha! Toma esa, capitalismo) porque el relato principal es sobre el Campeonato de Memoria de los EU de A y divulgar lo que hasta ahora se sabe de esa función cerebral tan única. Ni hablar. Un libro de divulgación que se vende como algo a caballo entre el periodismo gonzo y la autoayuda.
¿Han visto a los simios en el zoológico? Todo el día están holgazaneando y haciendo tonterías. Nosotros hacemos lo mismo porque somos simios. La razón por la que nos pagan por trabajar es porque es antinatural para nuestros deseos de primate. No, nosotros fuimos hechos para pasar las tardes con la barriga apuntando al sol y pelear entre nosotros por ver quién se queda con las hembras. Nos ponen a trabajar y nos meten en esta vida de 7 a 11 y luego nos preguntamos por qué existe la drogadicción.
Es porque somos holgazanes y nos cuesta mucho trabajo transformar la realidad y hacerla un lugar en el que sí nos de gusto vivir. Bueno, podemos decir que lo intentamos, pero no lo intentamos todo el tiempo. También la mente se cansa, también de repente queremos ver gatitos tocando el piano. A veces nos gusta cerrar los ojos y pensar en qué pasaría si uno –o nuestro novio– fuera Batman. Tampoco es real estar haciéndola de tos todo el tiempo y andar de la greña con la vida siempre.
Hay que ser realistas y marcar una diferencia: una cosa es drogarse y cerrar los ojos a lo que son las cosas y otra es cerrar los ojos y soñar un poco. Hay cosas que nos ayudan a eso, a soñar: el cine, la música, las artes, el teatro, la mota, los hongos, el alcohol… ¡Esos primates no saben de lo que se pierden!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario aquí