viernes, mayo 25, 2012

The Warriors


The Warriors


Por Lisandro Iván Rodríguez


Género
Hablaremos de un gran clásico del cine americano: The Warriors (1979), una película en la que en todo momento lo que vemos es una persecución nocturna, lo cual da un matiz de cine negro. Aún más con el “no saber que sigue después” se siente el cine de suspenso. Podría considerársele como una película de acción o, de aventuras, inclusive como un western urbano, aunque realmente se trata de un road picture. La película tiene en verdad un ritmo veloz.

Cyrus y Los Riffs
Una pandilla, The Warriors (Guerreros) de Coney Island N.Y. asisten a la reunión más grande de pandillas en el Bronx, aunque para ello cruzaron toda la ciudad de lado a lado. Es una reunión con un centenar de pandillas, listos para escuchar la propuesta de unificación de las pandillas que Cyrus tiene que decir.
Los Riffs, que para ser la pandilla más grande de N.Y. deberían tener otro aspecto, no como un grupo de monjes Shoulin, defienden sus ideales mediante las sagradas artes marciales. La gran reunión comienza, se desarrolla en un lugar adecuado acústicamente, cónico; un millar de hombres uniformados en grupos de ilustres prendas esperan con singular atención la aparición de Cyrus. Se siente el respeto de la tregua, todos están realmente interesados en escuchar la propuesta de este hombre. The Warriors se internan entre una mixta  muchedumbre de pandillas en busca de un buen lugar para ver el espectáculo, los mimos, unos pachuchos con sombreros de paja, los eliminadores eléctricos, “tenemos a los Sarracenos sentados con los Muchachos de la calle Jones, tenemos a los Alunados con los guardabosques de Van Courtland”, etc. La multitud se encuentra en silencio, custodiados, vigilados; tapizados de seda naranja, los Gramercy Riffs, que alineados como policías en un concierto de Rock protegen a su líder y predicador urbano quien finalmente se manifiesta, aparece una especie de Amadeus puertorriqueño, con una bata oscura y moteada.
Cyrus
Cyrus, que con actitud pretenciosa, además de que resulta difícil creer que es él “el presidente de la pandilla más grande de N.Y.”, predicando la fusión de las pandillas, promete toda Nueva York, completa, como el nuevo territorio. Es el turno de las pandillas para dominar la ciudad, el público se nota entusiasmado, Cyrus trata de hacer conciencia a la muchedumbre, al grado de enseñarles a contar. Las pandillas juntas superan en triple a todo el equipo policiaco de la ciudad aunque sólo haya una condición para lograr ese objetivo fugaz, “una pandilla podría controlar la ciudad, ¡una pandilla!”, la colorida multitud responde positivamente a los alaridos distorsionados de aquel líder nato que es ovacionado.
Los ojos de Cyrus demuestran un gran placer como respuesta a la aceptación de sus palabras, es un momento que define su vida para siempre. De pronto vemos que patrullas  de policía se acercan sigilosamente al lugar, Fox (Thomas Waites) un miembro de The Warriors, al parecer uno de los más precavidos, aunque al mismo tiempo el mas inepto, se aleja del grupo para observar mejor el evento; un revolver avanza de mano en mano entre la multitud  hasta llegar a las garras de Luther (David Patrick Nelly)  jefe de los “Rouges” un pequeño rubio de cabello largo, de facciones finas, de boca y nariz rojas por el frió, quien dispara sin dudar en contra de Cyrus. Luther, el villano de la película, no es uno de esos que causan temor, es más bien un villano molesto, de sangre pesada, un pesado absoluto, el que no paga las cosas de la tienda llevándoselas a gritos, un loco total, sin sentido común o percepción del bien y el mal.

Persecución de noche
Acercándonos al cine negro y las persecuciones nocturnas, encontramos el punto de conflicto en una sola cosa, The Warriors son perseguidos por un crimen que no cometieron, un asesinato. En este momento la trama es similar a una conspiración, a un cine de detectives y mafiosos, el complot se hace notar en la ciudad, una ciudad viva, la verdeara selva de concreto se manifiesta por si sola; tenemos un vocero en la cabina roja, que dictamina por radio las acciones a seguir de los personajes, quien está contra quien y por qué. Es el ojo que todo lo ve y todo lo sabe, con sus límites bien establecidos dando paso al drama o conflicto. El público conoce el peligro que corre el personaje, pero él no.

Terror y suspenso
El miedo en un film siempre ha colapsado nuestras emociones cuando nos encontramos en calidad de espectadores. Clásicamente en el cine, es debido a monstruos, extraterrestres, cuentos de ultratumba, hasta el mismo Jesús Nazareno y cosas o fenómenos que no conocemos, concibiendo el suspenso como la esencia de ese terror o miedo. Constantemente hablando de suspenso se predice escuchar el nombre del gran cineasta inglés, Alfred Hitchcock, pues grande es su aporte al cine de suspenso. Si una cosa se puede demostrar en las películas de Hitchcock, es que el suspenso proviene de la calidad con que se miren las cosas (como planos bien organizados en una secuencia y tomas muy cerradas a objetos o personas que demuestren una emoción en pantalla sin tener que mocionarla sonoramente), pero de aun más importancia, que de ninguna manera sea predecible, pues el interés, la emoción, la atención y la adrenalina que se libera en las salas consiste en “no saber que sigue después”.
Incursiona también, como se ha mencionado anteriormente, en el clásico “inculpado por un crimen que no cometió”, lo que refuerza aun más esa línea emotiva que nos permite seguir interesados en el film. El miedo en el cine tiene varias formas de expresarse, como las que se han mencionado anteriormente, pero en este caso el miedo provendrá de la absoluta realidad en una atmósfera totalmente urbana, moderna, nocturna, de vertientes infinitas, en la que destaca el sentimiento a un enfrentamiento o batalla, además de lo que implica ser perseguidos. Así la versión del cineasta Walter Hill con The Warriors.
Hill se adentra en el clasicismo del esquema hollywoodense, como el que siempre estemos del lado de los buenos y tenga un happy end, que no tienen importancia de todas maneras pues lo que nos interesa es la travesía de los personajes y, qué papel desempeñan en la travesía.

The Warriors
Comenzamos con una relajante música que insinúa lo incógnito, una noche común en presencia de la “rueda maravillosa” (una rueda de la fortuna), plantada a la salida y/o entrada de la estación de Coney Island del metro de Nueva York, territorio de “The Warriors” (los guerreros); 9 hombres con chalecos de piel café, una pandilla no muy extravagante, mixta en sentidos raciales, siempre serios en la calle y sólo juegan si se comprueba estar seguros. Son una pandilla pequeña, pero muy bien organizada por Cleon, el “jefe guerrero”, un hombre más oscuro que la noche, con un velo atado en la cabeza, que le anuncia a la pandilla que “todos dicen que Cyrus es el elegido, le di mi palabra de que los guerreros respetarían la tregua”  quien además, mantiene el equilibrio entre los diversos comportamientos de cada uno de los integrantes. A la muerte de Cleon, Swan (Michael Beck), el prototipo de pandillero perfecto para quien sea que lo mire, es quien tiene que dirigir a la pandilla, aunque Ajax (James Remar) tiene un inconveniente, el sólo quiere divertirse, y le divertiría ser el “jefe guerrero”. Ajax es el personaje que impone conflicto en la travesía de la pandilla; y del otro lado Rimbrendt, Cochise, Cowboy, Snow y Vermin que son fieles seguidores de Swan, por ser disciplinados pandilleros y de diversas habilidades.
Los lugares donde se desarrollan las acciones, siempre son tenebrosos, oscuros, pero puramente urbanos, la presencia del graffiti delata el nivel de vandalismo territorial de la ciudad, el metal oxidado describe una ciudad en decadencia, y el pandillismo predice una nueva Era.

Las pandillas
Comúnmente se dice que un pandillero no es otra cosa sino vago, pero lo que se puede apreciar a lo largo de la película, es que el pertenecer a una pandilla tiene que ver con honor, además de ser también un dogma, pues son también una organización, son pandillas disciplinadas que afrontan un modo de vivir.
Las peleas entre pandillas son muy reales debido a buenas coreografías, pero al nivel de la trama resalta el puño limpio, una que otra arma se ve involucrada: bats, palos, tubos, cadenas etc., lo que realza el realismo del film. Como es el caso de los Furies, unos fanáticos del baseball, con caras pintadas y que sus problemas son solucionados por un buen “homerun” al estomago de su oponente.
La debilidad por las mieles siempre es un factor importante en un road picture  pues es un fuerte punto de conflicto, aunque de menor índole que los de la trama principal. Las Lisies, una pandilla femenina, que como las arañas deja atrapados a sus oponentes en una tela de hormonas en las que se ven sofocados para ser devorados después por cañones de pistolas y los filos de las navajas. La mujer primordial, la que destaca de entre todas las demás por su tenacidad, el caso de Mercy (Deborah Van Valkenburgh), que primero les pone el pie, para amarrarlos cómodamente con la confianza ganada por sus actos, para llegar a ser la primera dama del Jefe guerrero y quedarse con los Warriors para siempre.
El inicio de la película es muy reanimante, lo que consolida que puedas escuchar el sermón de Cyrus, esta música rica en sintetizadores (los primeros en su época), permite apreciar así, un desfile de modas que podría suceder en el mismo Milán actualmente, la moda 70’s – 80’s, que no es muy distante a la que tenemos hoy en día se hace notar en angostos pasillos del metro neoyorkino. Toda una gama de moda pandillera se reúne, todos con el mismo sentido preparándose para el evento, pareciera también una fiesta de gala, nadie se esconde, sino todo lo contrario, existen fuertes razones para resaltar (bajo unas cuantas condiciones). “9 hombres sin armas”; 9 hombres negros con traje de pachucos de morados deslumbrantes y sombreros con plumas, 9 mimos con las caras pintadas, suéteres rojinegros  y sombreros de copa, 9 chamarras de camuflaje militar se internan en las instalaciones del metro, 9 pantalones de mezclilla y camisas negras asustan a una señora que perdió la noción del tiempo para hacer uso de un tren, 9 soldados de Hong Kong con sombreros muy peculiares esperan su vagón, 9 “eliminadores eléctricos” de chamarras amarillas caminan en el pasillo.
The Warriors, se presentan entrando a un vagón del metro, se dirigen al mismo tiempo que todas las pandillas de N.Y. a la gran reunión pacifista de Cyrus en el Bronx, “magia, mucha magia”; aunque, The Warriors tienen una desventaja, ellos tienen que atravesar la ciudad de lado a lado para llegar al Bronx. El afro apunta con el dedo un gran recorrido. Un ritmo acelerado llevado por la música reanimante y cortes rápidos como concretos nos permite apreciar la magnitud del acontecimiento, tanto que diversas pandillas van juntas en el metro olvidando las diferencias, la situación en ese momento pasa a otra índole, pues hasta las mismas pandilla pagan las entradas al metro, y, en ese lugar, en esos tiempos y a esa hora es algo sencillamente insólito, algo grande esta por suceder.
The Warriors, es una película ya olvidada por muchos, y por otros ni siquiera vista, es un ultra clásico del cine americano, la película no es muy distante de lo que se ve hoy en día, es de esas películas que uno no se tiene que perder, es, de culto.

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