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© L I B R É L U L A L U N Á T I C A
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por Bernardo Valadéz
El término Contracultura abre un sinfín de
suspicacias, y suele poner incomodas a muchas personas, sobre todo a las que
trabajan del lado del sistema, debido a la naturaleza de ir en contra de la
cultura institucional es soslayada a la menor oportunidad. A los voceros del
poder se les ponen los pelos de punta cuando se menciona que algo es
contracultural y de inmediato suelen detractarlo. Y es que la contracultura no
existiría sin detractores, es una situación que en lo personal me ha tocado
vivir en bastantes ocasiones; la
contracultura ha muerto, la contracultura nunca existió, la contracultura es solo marketing, es el
juego de unos cuantos desadaptados que tarde o temprano se les pasará, dicen;
éstas voces alienadas ya sea por costumbre, comodidad o conveniencia, son las
que abundan en las esferas de poder. Este sistema, y al referirme al sistema me
refiero al gran capital, a la academia y al gobierno, es el que la ha querido
convertir en un fetiche, la ha encasillado como en una cosa pasajera, en algo
que pasó hace muchos años y ya no volverá, y a que quienes la ejercen, como
elementos enfermos y nocivos para la sociedad ya que no son productivos al mainstream, incluso me he topado con
opiniones de personas que están a cargo de dependencias culturales del gobierno,
que su concepto de contracultura es “el desmadre y el performance de pelados”,
que si no se hace eso entonces no es contracultura y que es muy pretencioso
ponerle encuentro de contracultura a un evento como éste. La idea de que solo
la cultura oficial es la que tiene un valor real para la sociedad predomina en
esta burocracia, esa cultura cuyas políticas se confeccionan desde el
escritorio y que presume de tomar las mejores decisiones sobre lo que una
sociedad requiere para su bienestar, ¡Welcome to burocracia cultural!
Así, ante el avasallador avance del mercado que no
deja nada fuera de su alcance, la contra se ha visto forzada a estar en
constante movimiento, buscando nuevas formas de recrearse y de recrear la cultura
institucional, el valor que ella tiene para darle vida a las disciplinas
artísticas es sólo un ejemplo de lo necesaria que ésta es; leí un artículo en
la revista Generación no. 79 escrito por Avelina Lésper sobre el arte
contemporáneo en NY y encontré con sorpresa que ahora la contra consiste en
hacer arte hiperrealista ya que ante la invasión de artistas “contemporáneos” y
“conceptuales” que hacen instalaciones con una taza de baño –por dar un
ejemplo, y lo exponen como anunciando la verdad absoluta del arte- han llenado
los espacios de exhibición y han agotado la fórmula de las instalaciones como
el arte contestatario y que representó la punta en la carrera de las artes
visuales hace unos años y que ahora ha sido absorbido por el arte corporativo y
mercantil, debido a esto, las galerías de arte se han abocado a exhibir este
tipo de obras cancelando espacios para quienes pintan y dibujan con otra formas
de ver el mundo, ante esto han surgido como una respuesta, ya que la
contracultura siempre inicia como una respuesta o reacción, una serie de
galerías que exponen arte hiperrealista, toda una escena underground que se contrapone
a los valores del arte contemporáneo y que trata de sacar esa idea del arte
como sólo un placebo que tanto han apoyado las instituciones oficiales. Así es
que el arte hiperrealista que no es nuevo pero que se ha reinventado, ha
surgido de una esencia contracultural al oponerse al status quo que predomina en
la escena de NY, demostrar que se es un virtuoso con el pincel o el lápiz y no
conformarse con los rayones del arte oficial es ahora ser revolucionario, las
instalaciones como arte ya fueron absorbidas por el sistema y han perdido el
encanto que alguna vez las hizo vanguardia.
Los grandes consorcios comerciales han penetrado en
todas las esferas y vivimos una dictadura del mercado, no hay cabida para la
discordancia de ideas, ¡todos al pensamiento único sin rechistar!, la libertad
consiste en el zapping o entre elegir
si compras coca cola o pepsi. Cuando el sistema no puede hacer callar a sus
críticos los compra o los desaparece, así han pasado ante nuestros ojos
centenares de rebeldes que de la noche a la mañana se han “calmado” y ya no
ejercen su crítica contra el estado de cosas, por eso todo lo que huela a ser
diferente incomoda, y si no logra
desaparecerlo lo convierte en una mercancía mas que se puede vender. Carlos Martínez Rentería es muy puntual al
señalar que La contracultura es más que
una expresión de la vida cotidiana, en la actitud rebelde que de ella emana
se provoca la ruptura y se crea la
vanguardia en los movimientos sociales-culturales, va mas allá de la dinámica
del poder donde todo es jerarquerizado de manera vertical y donde todo tiene
ticket de venta, por eso provoca la aparición de espacios donde las personas
son más libres para crear desde “la basura” una obra con una propuesta
contraria a la que se nos impone en la sociedad del consumo, con la contra se
busca provocar, agredir, molestar, mover la superficie para mostrar que hay
algo que no está bien y que no se tiene la menor intención de aceptarlo. Hay
miles de personas en resistencia buscando otras formas de estar y repensar el
mundo, que son muy diferentes a las que
nos imponen desde arriba. Ahí es donde está la contracultura, invisible para
muchos y tangible para otros.
Ubicar a la contracultura sólo en las décadas de
los 60’s y 70’s es el esquema que se tiene que romper, de lo que se hizo en
esos días ya han escrito y hablado mucho, aquellos movimientos lograron
reinventar la cultura que les era impuesta y cambiaron en gran medida la forma
de ver el mundo, los movimientos Hippie y
Beat se desarrollaron cuando el aparato de guerra imperial era el que
imponía las reglas en el planeta, pero desde principios de los 70’s es el mercado
neoliberal, apoyado por esa maquinaria de guerra, el que asfixia la posibilidad
de realización de millones de personas, en un mundo donde sólo unos pocos
tienen la pelota y los demás no tenemos ni siquiera una entrada a las gradas de
este estadio. Por eso la contracultura ahora es más que necesaria, sirve como una forma oblicua o indirecta de
denuncia, dice José Agustín; En esencia la contracultura representa el estado de profunda insatisfacción
ante el mundo que vivimos, y esto provoca una fuerte tendencia a que se le
reprima, es la vía de escape y cito nuevamente a José Agustín; (…) permite que una enorme cantidad de
jóvenes, sujetos a la camisa de fuerza del sistema, encuentren formas, aunque
sean superficiales y no lo suficientemente profundas, de manifestarse, para
tratar de ser un poco mas ellos mismos. La contracultura es un respiradero de
la sociedad que permite equilibrar un poco su desenvolvimiento.
En la actualidad la contracultura se encuentra dividida
en muchas formas de ver el mundo y no sólo en la visión que el sistema, a
través de sus medios masivos, ha homogeneizado. Es desde la contra donde se
están impulsando nuevas maneras de organización, convivencia y de solidaridad,
que nada o poco tienen que ver con la solidaridad del mercado global. Estas
presencias marginales señalan las carencias y necesidades de una gran cantidad
de personas que no encuentran en la cultura impuesta un espacio para ser ellos
mismos. Esto no quiere decir que sus métodos o propuestas sean mejores o los más
acertados, sino que cumplen la función de llenar un vacío que las instituciones
públicas se muestran incapaces de llenar, estas muestras de resistencia, hechas
en una amplia diversidad de formatos y con una amplia variedad de contenidos,
que a veces se hacen hasta inconscientemente, buscan cambiar las tendencias que
perjudican a una gran parte de la población y benefician a una minoría que
trata desde los espacios del poder, controlarlo todo.
El humor nos hará libres.
¿Y el futuro? Es eso que viene detrás de nosotros.
Rafa Saveedra
*Texto publicado en la edición impresa Clarimonda #24: Aciditos.
*
Bernardo Valadez. (La Paz, Baja California Sur).
Coordinador de El Grito Colectivo AC,
con quienes realizan el Encuentro de Contracultura en La Paz y editan El Grito Fanzine. También es coordinador
de El Chopito Tianguis Alternativo.


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