viernes, febrero 10, 2012

SONITUS: Tantos años 'Sin Sentir'



Tantos años Sin sentir

Arthur Alan Gore

Sin sentir salió al mercado en 1994, un año crucial para el desarrollo del rock hecho en México.  Discos Culebra se había encargado de presentarnos los álbumes debut de bandas como Cuca, La invasión de los blátidos, y La Lupita, Pa’ servir a usted, ambos lanzados dos años antes. A eso había que sumar la época más heavy de MTV, en la que se programaban videos de grupos como Metallica y Sepultura. Finalmente, la explosión del movimiento de zapatista en Chiapas y su consecuente réplica en Ciudad Universitaria con el colectivo Serpiente sobre ruedas,  sentaron las bases para que el rock en nuestro país viviera una etapa particularmente fértil. Atrás quedó la represión post Avándaro pero aún faltaba para que el intercambio de música en Internet convirtiera del todo a la música en un mero objeto de consumo. Lo importante es que había grupos de todas las corrientes; desde el virtuosismo de Santa Sabina, la festividad de La Lupita, la oscuridad de la Castañeda y el sentido del humor de Cuca. Todos convivían en armonía, porque no existía la necesidad obsesiva por dividir que vivimos en la actualidad, en la que los hipsters, los emos y los metaleros caminan por separado, sin mezclarse.
En ese contexto, surgió una banda de rock oscuro en un país donde no estaba de moda el rock oscuro. “La primera vez que yo vi un dark fue cuando me conocí al Castor”, dice Jaime Chávez. Paulatinamente, la incursión de Gustavo Pérez en un grupo originalmente metalero que inicialmente se llamaba Azul de Medianoche comenzó a teñir de un sonido distinto, original, que abrevaba de las grandes bandas inglesas del post punk tipo Sisters of Mercy o The Mission.
Con sus defectos de grabación, los precarios avances tecnológicos con los que contó, Sin sentir se convirtió –a la distancia– en un material de culto que sin bien nunca ascendió a la categoría de masivo, sí representó una especie de pequeños hits del subterráneo, si le puede catalogar de esa forma.
Para ello, hay que reconocer que una puerta se abrió en el tiempo para que 5 músicos se reunieran para grabarlo. Musicalmente, es innegable que el trabajo de Jaime Chávez en la guitarra sumado al de Lucano González en el teclado conjuró los elementos necesarios para la creación de un sello particular. Es decir, las atmósferas de El Clan no sonaban al gótico que se hacía en Inglaterra o Estados Unidos y aunque tampoco reflejaba ningún tipo de mexicanismo, era distinto, muy propio, muy suyo. Mexicano, sin necesitar de marimbas ni trompetas para ello.
Fantasías deja en claro lo que ha de venir. El juego de figuras en las teclas anticipa la liberación de una serie de criaturas mágicas que cobrarán vida en la voz de Gustavo Pérez. El Castor es poseedor de un estilo único para cantar, que transita con facilidad y sorpresa de las catacumbas más graves hasta los agudos chillidos de un duende habitante de una dimensión paralela. El reino de los duendes es, por cierto, el primer gran clásico de Sin sentir, la canción que justificaba en vivo la realización de un performance en el que Gustavo se hacía acompañar por un títere.



Las letras son cuentos musicalizados, en la que aparecen criaturas fantásticas como Las gárgolas, dioses como Morfeo al que se alude en Despiértame y claro, Las Brujas, que representa el gran tema infaltable de El Clan, que acompaña a la agrupación incluso dos décadas más adelante.
Un aspecto a destacar es la forma en que Sin sentir habla del amor. Cariño (quisiera llegarte a odiar) representa el reclamo a la amante muerta y Recuerdos es el canto sincero de un demonio enamorado a su musa, la de la sonrisa deprimente que con su ternura hace que todos los males se vayan.
Tortura y Más allá del tiempo abordan un dolor que no tiene nada que ver con ese dolor que te hunde en la depresión, sino de un sufrimiento que brota de las entrañas mismas con toda la furia del universo. La batería de Víctor Mendoza y el bajo de Pedro Álvarez marcan ritmos puntillosos, acelerados –lejanos al cliché de que la música oscura tiene que ser lenta y parsimoniosa para ser considerada oscura– con los cual queda claro que en el corazón de El Clan de 1994 latía un corazón punk.
“Ahora son tantas las heridas que una más ya no lastima”, canta El Castor como preámbulo a una sesión de aullidos y gritos lastimeros que se hermanan con el excelente trabajo de Jaime en las seis cuerdas. Su manera de requintear tiene tanto que ver con el blues como lo demuestra Azul de medianoche.  Te dispara flechas afiladas de sonido que se encajan directo en el cerebro.
Sin sentir, la canción, es quien mejor define a la totalidad. Un tema profundo, lúgubre, al que se le pueden dar decenas de interpretaciones. Pudiera ser la confesión de una victima recién vampirizada o la confesión de un suicida a quien le hacen falta pastillas para poder mirarse de frente en el espejo.
Grabado en Estudios La Cocina, bajo la producción de Enric Rodamilans y Tony Méndez, con la mezcla de Marc Rodamilans, Sin sentir representó un momento singular de 1994, el de una banda oscura que floreció en un jardín musical donde cabían todas las propuestas. Su energía, su fuerza, pero a la vez su inocencia, su pureza y su personalidad han resistido el paso del tiempo.  El disco que mejor podría explicar cómo entendió México el dark.


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Arthur Allan Gore. (México, DF). Fue adicto al juego de uva (fermentada), ahora lo es al café. Duerme poco, escribe la mayor parte del tiempo. Cueando era niño quería ser Ray Bradbury y ahora desea ser como Hugh Hefner cuando se convierta en anciano. Columnista y reportero de la revista GóticaHa publicado la plaquette Saliva y Telaraña (2007), los libros Cuentos de hadas para no dormir (2009), Martini para suicidas (Editorial Magón), Provocaré un diluvio (Tierra Adentro) y Tormenta de sangre (2010). Manager de las Mystica Girls, conductor del programa de radio El show de la Franela y con su nombre de mortal (Arturo J. Flores) trabaja como Jefe de Redacción de la Revista Playboy.  

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