Por Jesús Baldovinos Romero
Sí, he amado como no he a amado nadie en el mundo, con un amor insensato y violento, tan violento que me asombra que no haya hecho estallar mi corazón./
Teophile Gautier-La muerte enamorada
Teophile Gautier-La muerte enamorada
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| "Clarimonda grouchomarxista" by EseNoctis |
Clarimonda nace a contracorriente, incluso de su propia concepción. Me explico, se declara fanzine cuando nace. El fanzine se define como una publicación “de aficionado”, sin embargo, desde el primer número me parece claro que hay un objetivo y una intencionalidad clara; la estructura temática y el concepto no son de aficionados. Ahí el primer punto de referencia, irreverente con el resto como es natural, pero se incluye en ese sistema en que nace.
Otra característica del fanzine es que su periodicidad y duración es irregular, cosa que se contradice notablemente en la publicación que ahora nos ocupa, toda vez que se ha llegado al número 28 y siete años después.
Mon Magán, blogero y diseñador gráfico, escribe de manera breve pero sustancial en torno a éste género editorial: “Mientras las revistas, inmersas en el sistema, se ven condicionadas por intereses económicos y políticos, el fanzine es un acto de expresión subjetiva, personal, pero sincera, coherente y sobre todo apasionada. A todo esto tenemos que sumar su inmediatez y un alto listón de calidad, según los criterios de sus editores.” Y agrega más adelante que este es un acto meramente efímero.
En esto Clarimonda se identifica como tal, y sobre todo, como una propuesta de contracultura, si se entiende esta como una visión no oficial que se tiene del mundo y de sus cosas. En una sociedad acelerada, donde el aislamiento, los intereses unidimensionales, donde la humanidad es un slogan, y sobre todo, el pensamiento neoliberal ataca a través de sus pretensiones utilitarias y cosificantes, y la marcada inclinación a la decadencia, lo efímero y lo inmediato se toman más como elementos, como armas, como brújulas.
El joven –y todos- al no tener acceso a la participación en la cultura, que es lo mismo decir que a la construcción de su propia sociedad, opta por tomar lo que tiene a la mano, aunque no esté construida con los elementos durables/permanentes que la sociedad posee; primero porque no tiene el acceso, segundo por rebeldía natural. Sus recursos pueden ser vastos, o mínimos, pero el aire contestatario está presente en el causal de su aislamiento.
Algunos recurren al graffiti, otros más a la experimentación con sustancias, al alcohol, a la música, y a la literatura, entre otros medios y fines; la literatura, en general, favorece la comprensión, el entendimiento de lo que sucede en derredor y dentro de si mismo, además de denunciar aquello que a los ojos del que escribe es necesario denunciarlo o al menos ponerlo de manifiesto, mostrarlo, desnudar a la sociedad, esa sociedad que lo ha marginado.
Justamente, esta acción de escribir y de comprender permite que esta actitud crítica se mantenga. En parte esto explica por qué Clarimonda se mantiene vigente: el lector que busca y no cree en el sistema aunque participe de él, es decir, aquel que es un desencantado más, buscará alternativas, sobre todo porque una publicación así muestra lo que se niega por sistema, lo que negamos por ignorancia y temor –que van de la mano-.
El arte, contestatario por naturaleza, se ve sometido por sus “representantes oficiales” a un filtro, en donde no solo se deja fuera a los informales y rebeldes, sino a los propios formales, hijos rechazados de un sistema, y que al no tener una paternidad buscan hacia el desencanto y la contracultura.
Otro punto a favor es que Clarimonda nace como vampiresa, busca sacar la sangre al sistema, no ser su cortesana (como otras que caen en el descrédito por ese detalle), y esto la convierte en la única con las características propias de una revista de contracultura, al menos en el estado, sino es que a lo largo de la nación.
De hecho, en un juego de ideas, Clarimonda es una hermosa metáfora de este presente: Serapión representa lo que debe ser, lo apolíneo; Bárbara, es la sociedad sometida tanto por el ciudadano común como por el Estado; Clarimonda, la cultura, deja de ser un ente vivo para pasarse al otro lado del espejo, al de las sombras, a la contracultura, y mi querido Manuel, representante de ese ciudadano harto, es representado por Romualdo, “víctima de tan inexplicable fascinación” o de plano porque no le quedaba de otra.
Esta publicación hace ver del mismo modo en que la dulce mujer hace ver al inocente Romualdo: “Experimenté la sensación de un ciego que recupera súbitamente la vista”. Lo recuperable no es solo lo que podemos criticar puntualmente de la sociedad en que vivimos, sino recuperarnos a nosotros mismos, vernos a nosotros mismos, desnudos ante ese monstruo, y sobre todo, qué alternativas se poseen para vivir en ese contexto.
En suma, Clarimonda muestra lo que negamos, lo que se niega, lo que no se quiere ver, hasta las propias deficiencias de un grupo que tiene el poder en cuestión de cultura, de otra manera no se explicarían los intentos de acercarse a esas masas desdeñadas a través de eventos que terminan siendo burdas copias de lo que en otro lado se hace con claridad y eficiencia.
El escritor o el artista se convierte en un personaje de su propia historia, por tanto, su obra es una metáfora de su existencia y sus obsesiones.
Mientras la miraba sentía abrirse en mí puertas hasta ahora cerradas; tragaluces antes obstruidos dejaban entrever perspectivas desconocidas; la vida me parecía diferente, acababa de nacer a un nuevo orden de ideas./ Teophile Gautier-La muerte enamorada
Me parece que la idea primigenia de Noctis se ha ido puliendo con el paso del tiempo. Hay quienes aseguran que las grandes cosas no se hacen de varias ideas, sino de una sola que se va perfeccionando con el tiempo. En términos prácticos, Clarimonda, igual que el personaje literario de Gautier, entra por los ojos. Es atractiva a la vista, seduce, atrapa. En su aparente marginalidad y aparente escasez, del número uno (agosto-septiembre de 2004) dedicada a la Noche, al Circo que se ha armado en el número 28, siete años después, hay una significativa diferencia.
El crecimiento es obvio: de una paginación de 20 en fotocopia, por una sola cara, engrapada, a la actual, de 60 páginas, con una diagramación o diseño interno de revista, con un lomo y una portada a color (al menos en pdf) representa una franca mejoría. La cuestión de las colaboraciones, sean gráficas o de texto, son originales, alejándose de aquella “improvisación” en donde se recurría al internet para bajar imágenes y textos; aunque existía la colaboración original desde el primer momento, esto le hace adquirir más carácter, más peso. Así, aglutina con material fresco, a lo más representativo de la contracultura; además de que sus temas son puntuales, más ácidos en algunos casos que en otros.
El acceso a las redes sociales y a la digitalización permite el maquillaje que le hace su autor a su muerta/viva, la reunión de intereses comunes, e incluso, facilita la distribución –uno de los dolores de cabeza más graves de todo editor-escritor-, e incluso, la doble vida del personaje se manifiesta en la posibilidad de ser publicada o en escrito; pero creo que sobre todo, Clarimonda pervive, a que su caballero fiel, su director, asume la postura de decir las cosas de manera frontal –que tanta falta hace y nos hace-.


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