lunes, diciembre 31, 2007

Santa Clarimonda; la vampiresa que vio la luz.


Por Daniel Wence Partida



Sería necesario cerrar la piedra tumbal de Clarimonda con triple sello,
porque parece que ésta ni siquiera es la primera vez que ha muerto.
Théophile Gautier, "La Muerta Enamorada"




Gustavo Santiago López
O simplemente dejarla abierta, porque parece que ésta no es la primera vez que renace. Sin que suene a presunción, es preciso destacar el papel que ha jugado la muerta de Gautier en el ámbito artístico-literario de esta ciudad llena de baches.
Quisiera hacer otro recorrido, aunque fuera breve, por la vida de Clarimonda, pero ahora estoy plenamente convencido que ella, por sí misma nos puede contar su historia y, si hace un año caminaba, hoy corre, habla y hasta canta.
Ha sido para muchos espacio de expresión (y pido una disculpa por no tener otro modo de decirlo ya que, tristemente, tal cual lo dije, suena a Televisa; sin embargo aclaro que no hay nada de eso… en absoluto), si no, que me desmientan todos los que colaboraron en el número dedicado al Odio. Porque no todo es amor para la Muerta Enamorada aunque haya renacido sólo para dar felicidad. Hemos buscado juntos, de la mano de la muerte todas las caras del mundo reflejadas en una sola mujer, dándole el matiz que a cada cual aturde desde sus interminables sueños y hemos encontrado respuestas sobrias, etílicas, raquíticas, fuertes, moribundas y resucitadas. Porque ¿qué es el arte? ¿Cómo definir la literatura, o al menos intentarlo, sin tambalearnos entre la vida y la muerte? Clarimonda ha sido más que el simple medio para hablar. Ella ha dicho todo por nosotros a manera de: ‘lávate las manos, simple mortal, que yo cargaré con tu culpa’ y nos ha dejado sumergirnos en su infierno cuando más parecidos a Mefistófeles nos vemos.
Odio… odio… qué odio. Y si vamos a buscar nuestra indefinible identidad, otra vez, qué odio… odio a los Estados Unidos por la misma razón que todos los latinos los odian, odio a Bush, a la no democracia mexicana, a la mujer que me ha causado estragos, pero que recuerdo por las noches como un monumento al erotismo…
Otra vez, quién soy, Clarimonda, dime quién soy… deja que esta Noche la Luna de mis desgracias le dé rienda suelta a la amargura de mi Soledad. Déjame ser yo mismo en éste Pueblo sin soñar con las bondades de la Cultura Urbana, porque aquí lo tengo todo, incluso tu demoníaca compañía, Antología de amores muertos que llevan a la más bella Locura. Hoy tengo Miedo, mucho Miedo de que leas mis pensamientos y mis Sueños, Muerte Enamorada, no quiero ser tu víctima, no quiero perderme por tu fantasmal historia como tantos otros. Antes bien, quiero recobrar mi Identidad en el Erotismo de tus manos abiertas como una hoja en blanco que está a punto de contar una nueva historia a la que Odio y amo… por los siglos de los siglos…
Tres años, han pasado sólo tres y ya puedo decir que esta Clarimonda de papel es la reencarnación de la de carne y hueso, porque igual que aquella, ha tendido sus redes para atraparnos y para no dejarnos cuerdos nunca más después de haberla visto y de haber estado con ella a solas. Sólo que esta vez, ha nacido con otra fuerza misteriosa: anda por el mundo en plena luz y no muere, al contrario, vive y camina como la Llorona pero en busca de algo que no ha perdido, porque no somos sus hijos, somos simples víctimas que obligados por una fuerza inexplicable, plasmamos en su cuerpo palabras que la vuelven santa.

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